* La fe es libre si la adhesión a Dios la hacemos con nuestra libre voluntad y no movidos por una necesidad interior de la voluntad, ni por una coacción exterior.
* La fe es firme si el asentimiento a las verdades reveladas excluye toda duda o vacilación voluntaria y resiste y supera todas las tentaciones contra la fe.
* La fe es universal si aceptamos todas las verdades reveladas por Dios, tal y como la Iglesia las enseña.
* La fe es constante si el creyente da testimonio de ella y está dispuesto a sacrificar todo, hasta la propia vida, antes que negar o rechazar alguna verdad de fe.
* Ante tanta corrupción y pecados, algunos dicen: que contento estará al diablo. ¡No! el diablo siempre está triste, amargando, odiando.
* Hay gente que parece piadosa y votan a partidos políticos anticatólicos.
* “Esta presunta Edad Oscura (Edad Media) podría describirse mejor como una Edad Brillante, una época sorprendente de progreso en la ciencia, el arte, la filosofía, o la medina, y de una profundidad espiritual” (Miguel Sanmartín Fenollera).
Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del Cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿Cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.
Mossèn Manel
* Fe viva es la del creyente que cree todo cuanto Dios ha revelado, vive en gracia de Dios y hace buenas obras.
* Fe muerta es la del creyente que vive en pecado mortal.
*Para que la fe subjetiva sea auténtica, el acto de fe del creyente ha de ser: sobrenatural, libre, firme, universal y constante.
* La fe es sobrenatural si el asentimiento de nuestra mente a la Revelación divina se hace bajo el influjo de la gracia, apoyado en la autoridad de Dios, y no sólo por razonamientos racionales.
* Parar Santificarse hay que vivir en la verdad. Recordemos que la humildad es andar en la Verdad.
* “Si Méjico conoce algo de su historia es porque España hizo este trabajo” (Patricio Lons).
Desde antiguo los obispos y los abades desempeñaban cargos civiles de mucha importancia. Poco a poco, se fue introduciendo la costumbre de que, en recompensa de estos cargos, recibieran ciertos derechos de grandeza, llamados regalías; incluso los títulos de duques o príncipes.
El emperador Otón I favoreció sistemáticamente esta elevación de los obispos y abades. Así intervenía en sus nombramientos y hacía que los prelados estuvieran bajo su dependencia.
Con el paso del tiempo, Emperadores y reyes se atribuyeron el derecho de nombrar o elegir a los obispos y abades, con lo cual impedían la elección canónica auténtica. A esta elección de prelados que oficialmente consistía, desde Otón I, en la entrega simbólica del báculo y después el anillo, se le llamaba investidura laica.
La investidura laica se convirtió en un abuso secular. Emperadores y reyes ponían muchas veces al frente de las diócesis y de los monasterios a personajes políticos, sin ningún espíritu religioso.
– GREGORIO VII
La divina Providencia suscitó al Papa que acabó con la investidura laica. Al morir Alejandro II (1073) el pueblo proclamó Papa al archidiácono Hildebrando, alma de la reforma eclesiástica, que tomó el nombre de Gregorio VII (1073-1085). Con su indomable energía, su habilidad diplomática y su gran talento emprendió la reforma de la Iglesia. Inició la reforma profunda del clero, como base de todo lo demás.
Muy pronto Gregorio VII demostró su energía en el gobierno de la Iglesia. El año 1075 excomulgó a cinco consejeros reales que ejercían la simonía. Asimismo, depuso a los prelados que no cumplían sus órdenes. Muchos prelados y sacerdotes se rebelaron contra el Papa. El origen del mal estaba en que los prelados no eran dignos porque habían accedido a sus cargos por medio de la investidura laica. El Papa no se acobardó y en el sínodo cuaresmal de 1075 prohibió, bajo pena de excomunión, la investidura laica.
Enrique IV, rey de Alemania, admitió a los consejeros excomulgados por el Papa y nombró nuevos prelados por su cuenta. A éstos y otros atropellos del rey respondió el Sumo Pontífice con la excomunión, que llevaba consigo la deposición del rey. Era la primera vez que el Papa excomulgaba y deponía a un rey. Esta sentencia era la realización práctica de la superioridad del poder espiritual del Pontificado sobre el poder temporal de los príncipes.
– LA PERSECUCIÓN DE ENRIQUE IV
Enrique IV se presentó descalzo y con hábito de penitente, pidiendo misericordia, ante el castillo de Canosa donde se encontraba el Papa. Después de tres días de espera, del 25 al 28 de enero de 1077, y cediendo a los ruegos de la condesa Matilde de Tuscia y del abad Hugón, el Papa le concedió el perdón. Pero Enrique IV volvió a sus atropellos y amenazó al Papa con el nombramiento de un antipapa. En respuesta el Papa proclamó por segunda vez la excomunión y deposición del rey.
En enero de 1081 Enrique IV vuelve a ser el dueño de Alemania y se dirige a Roma para imponer allí su voluntad. Depuso por segunda vez a Gregorio VII. El Papa se refugió en el castillo de Santángelo, después en Montecasino y luego en Salermo. Allí, a fines de 1084, renovó la excomunión contra Enrique IV y el antipapa Clemente III.
Gregorio VII entregó su alma a Dios el 25 de mayo de 1085; murió exclamando: “Porque amé la justicia y odié la iniquidad, muero en el exilio”.
– FIN DE LA INVESTIDURA LAICA
El sucesor de Gregorio VII fue el abad de Monte Casio, hombre indeciso, que tomó el nombre de Víctor III. Murió al año siguiente.
En 1088 fue elegido el cardenal Otto de Ostia, antiguo abad de Cluny, decidido partidario de las reformas gregorianas. Tomó el nombre de Urbano II. Su actividad pastoral representa uno de los puntos culminantes del Papado. Elaboró leyes contra la simonía y el concubinato; se enfrentó a Enrique IV y siguió la reforma, promoviendo concilios que han sido célebres en la Historia; en el de Clermont se inició la primera Cruzada.
Urbano II murió el mes de julio del año 1099, sin tener noticia del éxito de la primera Cruzada, que tomó Jerusalén quince días antes de su muerte.
El rey Enrique V siguió la política de su padre oponiéndose a la reforma gregoriana, sobre todo en la investidura laica. El Papa Pascual II (1099-1118) renueva la prohibición más absoluta de la investidura laica, el rey encarceló a Pascual II y a varios cardenales.
LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA: SOMBRAS, PERO TAMBIÉN LUCES (VI)
Gran necesidad de una revisión completa
Gracias a Dios, la realidad auténtica de la Inquisición española se abre cada vez mejor a la luz con los más serios trabajos universitarios del norte de los Pirineos. Otra relación nuestra, esta vez de conferencias y debates, Bartolomé Bennassar, hace poco presidente de la universidad de Toulouse-Le Mirail, ha escrito, desde las primeras líneas de su Inquisición española de 1979: sobre esta inquisición «los estereotipos tienen una gran necesidad de revisión completa. Un análisis del vocabulario de la opinión acerca de la Inquisición española, llevado a cabo según los métodos cuantitativos modernos, tendría probablemente en las tasas de frecuencia más elevadas, los siguientes vocablos: “Torquemada, intolerancia, fanatismo, tortura, hoguera, etc. ¡La Inquisición española fue toda otra cosa!”.
Veamos, pues, uno tras otro, estos estereotipos y hagamos rápidamente, según permita la brevedad de una conferencia, su “revisión completa”. Hagamos aparecer, de golpe, esta “otra cosa” que fue la Inquisición española.
Para empezar, Torquemada no fue la bestia que nos presenta la “leyenda negra” de esta Inquisición, de la cual no fue, propiamente hablando, el fundador. Intervino en ella de modo normativo a partir de 1.483, cuando la fundación de la Inquisición española se remonta a 1.478, por la bula de fundación de Sixto IV Exigit sincerae devotionis. Y en 1480, después de un plazo de gracia de dos años, consagrado a una llamada pacífica a la conversión de los judaizantes, con el nombramiento de los primeros inquisidores, por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, cumpliendo la bula referida. Torquemada no figura entre estos primeros inquisidores, otros dominicos relevantes que celebraron el primer auto de fe, en Sevilla, el 6 de febrero de 1481. Si, en efecto, Torquemada fue después inquisidor general y gran legislador de la Inquisición con sus cinco Instrucciones sucesivas, éstas fueron —según juicio del profesor Saldaña, vicepresidente de la Asociación Internacional de derecho penal—, un “monumento de ciencia penal y de humanidad”. De ello el lector sin prejuicios, se convencerápor él mismo leyendo estas Instrucciones, atentas a evitar, como decían, todo “odio, enemistad u otra corrupción”. Y, entre 1495 y 1497, será la “mano omnipotente” de Torquemada —como escribe el padre Azcona— quien dirigirá la “habilitación” general o rehabilitación o perdón a los condenados por la Inquisición, devolviéndoles plenamente sus derechos civiles y religiosos. Se benefició de ella el abuelo de Santa Teresa de Ávila, judaizante condenado por “graves crímenes de herejía”, como se había sentenciado.