Venimos, pues, a desempeñar una función de enlace. Nos proponemos mostrar a los españoles educados que el sentido de la cultura en los pueblos modernos coincide con la corriente histórica de España; que los legajos de Sevilla y Simancas y las piedras de Santiago, Burgos y Toledo no son tumbas de una España muerta, sino fuentes de vida, que el mundo, que nos había condenado. nos da ahora la razón, arrepentido, por supuesto, sin pensar en nosotros, sino incidentalmente, porque hemos descuidado la defensa de nuestro propio ser, en cuya defensa está la esencia misma del ser, según los mejores ontologistas de hoy, porque también la filosofía contemporánea viene a decirnos que hay que salir de esa suicida negación de nosotros mismos, con que hemos reducido a la trivialidad a un pueblo que vivió durante más de dos siglos en la justificada persuasión de ser la nueva Roma y el Israel cristiano.
Harto sabemos que nuestra labor tiene que ser modesta y pobre. Descuidos seculares no pueden repararse sino con el esfuerzo continuado de generaciones sucesivas. Pero lo que vamos a hacer no podemos Por menos de hacerlo. Ya no es una mera pesadilla hablar de la posibilidad del fin de España, y España es parte esencial de nuestras vidas. No somos animales que se resignen a la mera vida fisiológica, ni ángeles que vivan la eternidad fuera del tiempo y del espacio. En nuestras almas de hombres habla la voz de nuestros padres, que nos llama al porvenir por que lucharon. Y aunque nos duele España, y nos ha de dotar aún más en esta obra, todavía es mejor que nos duela ella que dolernos nosotros de no ponernos a hacer lo que debemos.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.
Don Manuel
* «Las (llamadas) vacunas, en efecto, se producen con células embrionarias extraídas de fetos abortados» (Danilo Castellano – Revista Verbo)
* Ley divina es la que Dios ha dictado por sí mismo. Hay tres clases de leyes divinas: la Ley eterna, la Ley natural y la Ley divino-positiva.
* La Ley eterna es la razón y voluntad de Dios que manda guardar y prohíbe alterar el orden establecido por Él.
* Santo Tomás enseña que la Ley eterna: «Es el plan de la divina sabiduría por el que dirige todas las acciones y movimientos de las criaturas en orden al bien común».
* Las criaturas racionales aceptan y cumplen la Ley eterna usando bien su libertad. Obedeciendo siempre a Dios.
* La Ley eterna es el fundamento de toda obligación moral del hombre y de todas las demás leyes, que en tanto serán leyes, en cuanto reflejen con fidelidad la Ley eterna.
* Ninguna ley es justa ni racional si no se ajusta a la Ley eterna: «Por mí reinan los reyes y los jueces administran la justicia. Por mí mandan los príncipes y gobiernan los soberanos de la tierra» (Prov. 8, 15-16); «toda potestad viene de Dios» (Rom. 13, 1).
* «El amor es el gran olvidado de nuestro mundo» (Santa Teresa de Calcuta).
* «Dios se hace Niño inerme para vencer la soberbia, la violencia, el afán de poseer del hombre» (Benedito XVI).
* «No hay ninguna organización en la historia de la humanidad responsable de tantas muertes como el Partido Comunista Chino» (Jorge Soley Climent).
* «Los santos son con su abundancia de vida divina los que contrarrestan el mal y promueven las grandes de reacciones contra la herejía» (Saturnino Plaza Aguilar).
* «El padre Gutiérrez no duda de tachar de «cobardes a los eclesiásticos que, atemorizador por las polémicas, renuncian a reconocer la santidad de la Reina (Isabel)» (Leyenda Negra – Vittorio Messori).
* «Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano. Gracias España, gracias Iglesia de España por tu fidelidad al Evangelio y a la esposa de Cristo. Decir España es decir María. Me urgía reconocer y agradecer ante toda la Iglesia, vuestro pasado evangelizador. Era un acto de justicia cristiana e histórica. Tengo confianza y espero mucho de la Iglesia en España. Téneis delante de una gran empresa» (San Juan Pablo II).
La Virgen del Rocío, también conocida como «Blanca Paloma» o «La Reina de las Marismas»Santuario de El Rocío en Almonte (Huelva)
La Virgen del Rocío, también conocida como «Blanca Paloma» o «La Reina de las Marismas», es una advocación mariana que se venera en el Santuario de El Rocío en Almonte (Huelva).
El Rocío, como tradicionalmente se llama al conjunto de la romería, se ha convertido en nuestros días en un fenómeno entre religioso y folclórico, pero en cualquier caso socialmente importante, que mueve a más de un millón de personas en los días de celebración en el mes de mayo o junio (según la fiesta variable de Pentecostés), como antes se indicó, y a otros cientos de miles de personas que durante todo el año acuden a la ermita a venerar a la Virgen.
Origen histórico
El primer documento histórico que existe sobre el Rocío se recoge en el Libro de la Montería, que mandó escribir el rey Alfonso XI. En el folio 294v afirma que: “En tierra de Niebla hay una tierra a la que le dicen las Rocinas, son los mejores sotos de correr cabo en iglesia que dicen Santa María de las Rocinas y cabo de otra iglesia conocida como Santa Olalla.
La primera referencia a un lugar de culto mariano en la zona data de la primera mitad del siglo XIV y se halla en el archivo de Niebla. Se trata de un pleito de término entre Almonte, Moguer y Concejo de Niebla. Le sigue un testamento de Urraca Fernández, vecina de Niebla, para la obra de Santa María de la Rocina. En orden cronológico le sigue el Libro de la montería de Alfonso XI, en que se alude a una “ermita de Santa María de las Rocinas”. En 1587 Baltasar Tercero Ruiz funda en la ermita una capellanía.
Aquella primera ermita duró hasta el terremoto de Lisboa, en 1755, que la dejó en ruina; la Virgen del Rocío fue llevada entonces a Almonte y estuvo allí durante dos años, celebrándose allí la Romería del Rocío. Las reformas de la ermita acabaron en el año 1758.
Leyenda
El Rocío, cuya historia se encuentra hoy documentada en sus aspectos más importantes, ha estado envuelta en una leyenda, como ocurre con otras muchas advocaciones, que viene recogida en la Reglas de la hermandad Matriz de 1758:
Entrado el siglo XV de la Encarnación del Verbo Eterno, un hombre que había salido a cazar o apacentaba ganado, hallándose en el término de la Villa de Almonte, en el sitio llamado de La Rocina (cuyas incultas malezas le hacían impracticables a humanas plantas y sólo accesible a las aves y silvestres fieras), advirtió en la vehemencia del ladrido de los perros, que se ocultaba en aquella selva alguna cosa que les movía a aquellas expresiones de su natural instinto. Penetró aunque a costa de no pocos trabajos, y, en medio de las espinas, halló la imagen de aquel sagrado lirio intacto de las espinas del pecado, vio entre las zarzas el simulacro de aquella Zarza Mística ilesa en medio de los ardores del original delito; miró una Imagen de la Reina de los Ángeles de estatura natural, colocada sobre el tronco de un árbol. Era de talla y su belleza peregrina. Vestíase de una túnica de lino entre blanco y verde, y era su portentosa hermosura atractivo aún para la imaginación más libertina.
Hallazgo tan precioso como no esperado, llenó al hombre de un gozo sobre toda ponderación, y, queriendo hacer a todos patente tanta dicha, a costa de sus afanes, desmontado parte de aquel cerrado bosque, sacó en sus hombros la soberana imagen a campo descubierto. Pero como fuese su intención colocar en la villa de Almonte, distante tres leguas de aquel sitio, el bello simulacro, siguiendo en sus intentos piadosos, se quedó dormido a esfuerzo de su cansancio y su fatiga. Despertó y se halló sin la sagrada imagen, penetrado de dolor, volvió al sitio donde la vio primero, y allí la encontró como antes. Vino a Almonte y refirió todo lo sucedido con la cual noticia salieron el clero y el cabildo de esta villa y hallaron la santa imagen en el lugar y modo que el hombre les había referido, notando ilesa su belleza, no obstante el largo tiempo que había estado expuesta a la inclemencia de los tiempos, lluvias, rayos de sol y tempestades.
Poseídos de la devoción y el respeto, la sacaron entre las malezas y la pusieron en la iglesia mayor de dicha villa, entre tanto que en aquella selva se le labraba templo. Hízose, en efecto, una pequeña ermita de diez varas de largo, y se construyó el altar para colocar la imagen, de tal modo que el tronco en que fue hallada le sirviese de peana. Aforándose aquel sitio con el nombre de la Virgen de Las Rocinas.