El nacimiento de la España moderna 47

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA LEYENDA NEGRA (IX)

La verdad sobre la “encomienda”

Hace falta detenerse un momento con la pretensión de análisis histórico que, en su perspectiva aparentemente cristiana, hizo escribir a Las Casas: la encomienda era “una plaga mortal que provocaba la muerte de los indios y les impedía ser catequizados y conocer al verdadero Dios”. Se tiene demasiada tendencia a admitir esta afirmación que sostiene todo el rechazo, aparentemente cristiano, de la Conquista convertida en estructura. Ahora bien, esta afirmación, que vuelve a destacar constataciones que sólo valen parcialmente para el primer período de la Conquista, en las Antillas, es un error patente después. “Un desfase con la realidad americana” ha reconocido hasta el muy lascasista Andre Sint-Lu. Y es Las Casas, al proferirlo y al repetirlo sin cesar, quien es la injusticia. Sus propios compañeros, los dominicos de Guatemala, se lo dirán en una carta a la que él responderá con cólera en 1563: la encomienda, entonces regularizada, es positiva, profundamente útil para los indios y para la cristianización.

Veinte años antes, en 1543, los franciscanos y los dominicos de México se lo dicen a Carlos V, al oponerse firmemente a la supresión de la encomienda estipulada por las Leyes Nuevas de 1542, y reclamando incluso la perpetuidad para la encomienda: “Vuestra Majestad debe proveer cómo en breve se dé orden en el asiento perpetuo y estabilidad de los españoles en esta tierra, que mientras estabilidad no hubiere, ni estuvieren arraigados y perpetuados como naturales en ella, habrá menos provecho espiritual y temporal”.

Porque había provecho temporal, como lo ha mostrado Silvio Zavala, el gran especialista de la encomienda que escribe entre otras cosas: “La defensa de la propiedad de los indios coincidía con el interés del encomendero y éste, de buen grado, reconocía el derecho de propiedad indígena” (De Encomiendas y propiedad territorial). Más aún, muestra que la encomienda era un progreso respecto a la misma Europa: “Desde el punto de vista de la propiedad perteneciente a los vasallos, se observa en los señoríos y encomiendas de Indias una protección que mejora el derecho limitado de los labradores medievales” (ídem).

En cuanto al provecho espiritual, es evidente también. Los encomenderos tenían, a su costa, la carga estatuaria de que se enseñase la fe a los indios, y aportaban de este modo una ayuda material y moral considerable a los religiosos evangelizadores. Es lo que el obispo franciscano de México, Zumárraga, decía en la asamblea del clero de 1544: sin las encomiendas, “los indios no serán bien doctrinados” y “no se podrán sustentar muchos frayles, de que sucederá mucho detrimento en la doctrina cristiana”. En el Perú pasó lo mismo. El especialista Guillermo Lohmann Villena escribe: “Consta documentalmente con qué celo muchos encomenderos se preocuparon de contratar religiosos que doctrinasen a sus indios y, cuando esto no fue posible, asalariaron a legos para que hicieran las veces de los tonsurados” (El corregidor de indios). Asimismo, los que se han tomado la molestia de leer las cartas de los primeros evangelizadores jesuitas del Perú, habrán constatado en ellas que su evangelización parte de las encomiendas, por ejemplo de la encomienda del conquistador Valera, en Chibalta, a la que presentan como modelo de feliz república cristiana, y donde ellos reciben “mucha caridad” (Francisco Mateos, Primeros pasos en la evangelización de los indios).

En fin, los que creen que los religiosos fueron siempre mejores protectores de los indios que los encomenderos harían bien en leer, por ejemplo, las Relaciones geográficas del Yucatán. Donde se ve en 1.579 a los encomenderos muy atentos, por su propia función, a la antigua cultura y a las formas de vida de los indios, defenderlos contra el celo excesivo, y temporalmente irresponsable, de los religiosos franciscanos, que realizaron sus reducciones de reagrupamiento de indios para la evangelización, “con demasiado bárbaro rigor”, según escriben los encomenderos.

Miguicas 293

Padre Martínez m.C.R.

* «Ese enfermo, ese alcohólico, ese raterillo son hermanos y hermanas míos» (Santa Teresa de Calcuta).

* «Señor o que yo sea en Tí o quítame el ser Tu presencia del Padre sólo se decir ¡Soy tuya hija!» (Madre María Félix).

* «Lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos una vida nueva» (Romanos 6, 4).

* «Si la «Ley de memoria Histórica» era un monumento a la falacia y la mentira, la «Ley de memoria democrática», hace que aquella parezca moderada» (Juan Zaurrieta – Cristiandad).

* «Hay que averiguar la Verdad, salvarla de las alteraciones, proclamarla y honrarla, cualquiera que sea la forma que sea la forma en que se presta y la fuente de información» (Vittorio Messori).

* «Cuando me pienso aliviar de verte en el Sacramento háceme más sentimiento el no poder gozar; todo es para más pensar por no verte como quiero, y muero porque no muero» (San Juan de la Cruz).

* «Y si me gozo Señor con esperanza de verte, en vez que puedo perderte se me dobla mi dolor; viviendo en tanto pavor y esperando como espero muérome porque no muero» (San Juan de la Cruz).

El octavo día 88 – DIÁLOGO SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA, SEGÚN EL CONCILIO VATICANO II (VIII)

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

P.: Entonces, ¿esos límites puestos a la libertad no entrañan el peligro de frustrar la propia libertad?

R.: Creo que no. Al contrario. ¿Me permite un ejemplo, aunque sea un poco elemental? (Asentimiento.) Supongamos que se presenta una enfermedad (no hace falta dar ningún nombre). Hay, como es lógico, inquietud y deseo impaciente de los enfermos, o de los posibles enfermos, por poner el remedio. Ante esta situación caben las siguientes actitudes y respuestas o reacciones, por parte de los demás o, en nuestro caso, por parte del Estado o del poder público:

Primero: que no se conozca un remedio suficiente, definitivo, para tal enfermedad. En esta situación mucha gente, llevada de prejuicios o de influencias más o menos ocultas, se dedican a tantear en la sombra y a aplicarse remedios más o menos extraños. Quizá los hombres científicos descalifiquen esos supuestos remedios. ¿Cuál es la obligación del Estado, que cuida de la sanidad pública, ante la actitud de esas personas que buscan a ciegas, y quizá equivocándose el remedio para su enfermedad? Ante todo: respeto. Cada uno hace con su enfermedad y con su salud lo que estima conveniente.

Segundo: pero si el que se aplica estos remedios, más o menos supersticiosos o equivocados, invade la esfera de los demás y comienza a difundir un determinado remedio, que no solamente no es seguro, sino que es claramente nocivo (una especie de medicación venenosa), el Estado interviene para limitar o restringir esa difusión; porque tiene que defender los derechos de los demás, por lo menos de los incautos, los niños, los ignorantes.

Tercero: como no se conoce un remedio definitivo, además de los que se dejan llevar de prejuicios, de inercias más o menos tradicionales, es normal que otros hombres se dediquen a investigar con metodología más segura y científica. Obligación del Estado es respetar, promover, ayudar esa investigación, sin erigirse en juez, y remitiéndose al juicio de los técnicos o investigadores.

Queda aún una última actitud, digna de atención: si se ha hallado un remedio, el Estado puede y debe respetar la libertad de los que siguen investigando otros distintos; pero tiene igualmente la facultad, y quizá el deber, de proteger de modo especial la fabricación, distribución y recomendación del remedio comprobado, aunque sólo fuera paliativo o remedio parcial, y, mucho más, si fuera un remedio de plena eficacia.

Hay, pues, una escala de actitudes que, lejos de ser limitación de la libertad, aunque lo parezcan en alguno de sus grados, son la garantía de la libertad: siempre que se entienda por libertad -repito- no sólo respeto a la autonomía o «real gana» de cada uno, sino la ayuda a aquellos que libremente quieren buscar remedio y, si lo encuentran, utilizarlo.

Semillicas 295

Padre Cano, m.C.R.

* «Cuando contemplo el Cielo obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado» (Salmo 8, 4).

* «Dios se ha hecho pequeño. Se ha encarnado libremente para hacernos a nosotros verdaderamente libres, libres de amarlo» (Benedito XVI).

* Los aztecas asesinaron a miles y miles de jóvenes como culto a sus dioses. Los demócratas siguen asesinando a millones y millones de niños como culto al dios dinero.

* «El recorrido a lo largo de las leyes (democráticas) podría resumirse en el desprecio de las potencias del alma: memoria, inteligente y voluntad» (Frances Mª Manresa y Lamarca – Cristiandad).

* «El «informe Matic» exhibe su identidad coactiva cuando pretende pedirle al médico que coopere con matar, cuando por su profesión está llamado a lo contrario» (Roberto Esteban Duque – Infocatólica).

* «Toda esta maniobra nativa delata que la justicia ha dejado de ser el fundamento del Derecho; y que el Estado Leviatán se convierte en un creador de leyes que ya no son expresión de la racionalidad jurídica social sino actos de pura voluntad» (Juan Manuel de Prada).

DEFENSA de la HISPANIDAD 5

Ramiro de Maeztu

PRELUDIO (V)

Siempre ha tenido España buenos eruditos, demasiado conocedores de su Historia para poder creer lo que la envidia de sus enemigos propalaba. La mera prudencia dice, por otra parte, que un pueblo no puede vivir con sus glorias desconocidas y sus vergüenzas al desnudo, sin que propenda a huir de sí mismo y disolverse, como lo viene haciendo hace ya más de un siglo. Tampoco nos ha faltado aquel patriotismo instintivo que formuló desesperadamente Cánovas: «Con la Patria se está con razón y sin razón, como se está con el padre y con la madre». La historia, la prudencia y el patriotismo han dado vida al tradicionalismo español, que ha batallado estos dos siglos como ha podido, casi siempre con razón, a veces con heroísmo insuperable, pero generalmente con la convicción intranquila de su aislamiento, porque sentía que el mundo le era hostil y contrario al movimiento universal de las ideas.

 Los hombres que escribimos en Acción Española sabemos lo que se ha ocultado cuidadosamente en estos años al conocimiento de nuestro público lector, y es que el mundo ha dada otra vuelta y ahora está con nosotros. Porque sus mejores espíritus buscan en todas partes principios análogos o idénticos a los que mantuvimos en nuestros grandes siglos. Queremos traer esta buena noticia a los corazones angustiados. El mundo ha dado otra vuelta. Se puede trazar una raya en 1900. Hasta entonces eran adversos a España los más de los talentos extranjeros que de ella se ocupaban. Desde entonces nos son favorables. Los amigos del arte se maravillan de los esfuerzos que hace el mundo por entender y gozar mejor el estilo barroco, que es España. Y es que han fracasado el humanismo pagano y el naturalismo de los últimos tiempos. La cultura del mundo no puede fundarse en la espontaneidad biológica del hombre, sino en la deliberación, el orden y el esfuerzo, la elección no está en hacer lo que se quiere, sino lo que se debe. Y la física y la metafísica, las ciencias morales y las naturales nos llevan de nuevo a escuchar la palabra del Espíritu y a fundar el derecho y las instituciones sociales y políticas, como; Santo Tomás y nuestros teólogos juristas, en la objetividad del bien común. y no en la caprichosa voluntad del que más puede.