Franco en Directo 86

Franco Benvingut a Lleida

Ineficacia y contrasentido de la democracia inorgánica

Cada día se acusa con mayor claridad en el mundo la ineficacia y el contrasentido de la democracia inorgánica formalista, que engendra en sus mismas entrañas una permanente guerra fría dentro del propio país; que divide y enfrenta a los ciudadanos de una misma comunidad; que inevitablemente alimenta los gérmenes que más tarde o más temprano desencadenan la lucha de clases; que enciende la unidad nacional al disgregar en facciones beligerantes unas partes de la Nación contra las otras; que mecánica y fatalmente provocan con ritmo periódico la colisión entre las organizaciones que se dicen cauces y mecanismos de representación pública; que en lugar de constituir un sistema de frenos morales y de auxiliares colaboradores del Gobierno, alimentan la posibilidad de socavar impunemente el principio de autoridad y el orden social.

(31-XII-1959: Mensaje de fin de año).

Chispicas 277

San Isidro Labrador en oración

Padre Martínez Cano, m.C.R.

* Satanás odia a la Iglesia Católica, fundada por Cristo. Envenena a sus secuaces con el mismo odio. Persiguen y perseguirán siempre a la Iglesia. Cristo vencerá.

* Creen que van a imponer el Estado de poder absoluto, como «síntesis» de sus ideologías diabólicas. Reinará el Corazón de Jesús y el Corazón de María Santísima.

* «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al Cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al Cielo, volverá como la habéis visto marcharse al Cielo» (Hechos 1, 11).

* La mujer no tiene que envidiar al hombre. El hombre no tiene que envidiar a la mujer. Tienen que admirarse mutuamente, para contemplar la obra más perfecta que Dios a creado en la tierra.

* Santa Teresa del Niño Jesús dejó escrito: «Siento la vocación de guerrero». Seguro que continuamente nos está bombardeando con sus rosas desde el Cielo. Las gracias actuales que consigue para nosotros.

* La Iglesia Católica se hizo de respetar por los pueblos bárbaros que invadieron Europa. Los bárbaros de hoy están dentro de la Iglesia y quieren destruirla. No lo conseguirán. Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera.

* «Saber lo que ocurrió tiene trascendencia pastoral. El amor a la Verdad esencial para la Iglesia, y la paz y unidad de la Iglesia actual, en orden a su misión evangelizadora, exigen el conocimiento fiel de su propia verdad histórica» (Obispo José Guerra Campos).

* San Juan Pablo II declaraba en su carta apostólica Ordinatio Sacerdotatis del 22 de Mayo de 1994 lo siguiente: «La Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia». 

 

ORACIÓN

Virgen de Fátima

Señor y Podre mío: creo firmemente en tu providencia y la adoro de lo íntimo de mi corazón. Ella es la mirada sapientísimo que todo lo prepara desde la eternidad. Ella, la solicitud paternal, que envuelve en amor cuanto sucede en el tiempo. Ella tiene para el pobre, ya cortado, el pan de tu cariño; servido, el vino de tu ternura; listo, el abrigo de tu defensa y hasta el abrazo de tu perdón.

En tus brazos, Providencia amorosa de Dios, mi Padre, depongo toda ansiedad por mí y por los míos y dejo en tus monos omnipotentes y amables, la vida y sus intereses, la muerte y sus misterios, el tiempo y sus mudanzas, la eternidad y su gloria. Sé que Tú no quieres sino mi bien, que no hoces sino mi bien, porque eres DIOS y solamente DIOS. Amén.

(Monseñor Juan Manuel González)

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Apocalipsis - María, Arcangel y la vestia

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

En su libro profético, el Apocalipsis, San Juan dice: «Y cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, miré y oí a uno de los vivientes que decía con voz de trueno: “Ven”. Y vi un caballo blanco; el jinete tenía un arco, se le dio una corona y salió como vencedor y para vencer otra vez. Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo viviente que decía: “Ven”. Salió otro caballo, rojo, y al jinete se le dio poder para quitar la paz de la tierra y hacer que los hombres se degüellen unos a otros; se le dio también una gran espada. Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer viviente que decía: “Ven”. Y vi un caballo negro; el jinete tenía en la mano una balanza. Y oí como una voz en medio de los cuatro vivientes que decía: “Una medida de trigo, un denario; tres medidas de cebada, un denario; al aceite y al vino no los dañes”. Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto viviente que decía: “Ven”. Y vi un caballo amarillento; el jinete se llamaba Muerte, y el Abismo lo seguía. Se les dio potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, hambre, epidemias y con las fieras salvajes» (Apocalipsis 6, 1-8).

En las notas que la Conferencia Episcopal Española ha puesto, a pie de página, de la Sagrada Escritura leemos que: «El primer caballo designa a Cristo Resucitado que ha vencido por su misterio pascual y está dispuesto a seguir combatiendo contra las fuerzas negativas que invaden la historia representadas en la visión de los otros tres caballos». Será el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.

Del segundo caballo negro, los obispos españoles dicen: «Una ración de alimentos necesarios cuesta tres veces más de lo normal. El caballo negro significa la carestía de vida, provocada por la opulencia de unos pocos sobre los demás, oprimidos, empobrecidos y muertos de hambre». El capitalismo salvaje que decía San Juan Pablo II.

Está previsto unos mueren a espada, como nuestros mártires y los niños abortados; otros de hambre, cada año mueren millones, de epidemias estamos oyendo los que mueren; y otros mueren atacados por las fieras salvajes. Todos morimos. Nuestro cuerpo es corruptible, mortal. Nuestra alma es espiritual, inmortal. Nuestro Señor Jesucristo, resucitará todos los cuerpos al fin del mundo y los unirá a nuestras almas. Unos vivirán eternamente felices en el Cielo. Los que amaron a Dios más que a todas las cosas y al prójimo por amor de Dios. Otros irán a sufrir eternamente al infierno, los que no quisieron amar a Dios ni al prójimo. Los que mueran en pecado mortal.