Apocalipsis - María, Arcangel y la vestia

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

En su libro profético, el Apocalipsis, San Juan dice: “Y cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, miré y oí a uno de los vivientes que decía con voz de trueno: “Ven”. Y vi un caballo blanco; el jinete tenía un arco, se le dio una corona y salió como vencedor y para vencer otra vez. Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo viviente que decía: “Ven”. Salió otro caballo, rojo, y al jinete se le dio poder para quitar la paz de la tierra y hacer que los hombres se degüellen unos a otros; se le dio también una gran espada. Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer viviente que decía: “Ven”. Y vi un caballo negro; el jinete tenía en la mano una balanza. Y oí como una voz en medio de los cuatro vivientes que decía: “Una medida de trigo, un denario; tres medidas de cebada, un denario; al aceite y al vino no los dañes”. Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto viviente que decía: “Ven”. Y vi un caballo amarillento; el jinete se llamaba Muerte, y el Abismo lo seguía. Se les dio potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, hambre, epidemias y con las fieras salvajes” (Apocalipsis 6, 1-8).

En las notas que la Conferencia Episcopal Española ha puesto, a pie de página, de la Sagrada Escritura leemos que: “El primer caballo designa a Cristo Resucitado que ha vencido por su misterio pascual y está dispuesto a seguir combatiendo contra las fuerzas negativas que invaden la historia representadas en la visión de los otros tres caballos”. Será el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.

Del segundo caballo negro, los obispos españoles dicen: “Una ración de alimentos necesarios cuesta tres veces más de lo normal. El caballo negro significa la carestía de vida, provocada por la opulencia de unos pocos sobre los demás, oprimidos, empobrecidos y muertos de hambre”. El capitalismo salvaje que decía San Juan Pablo II.

Está previsto unos mueren a espada, como nuestros mártires y los niños abortados; otros de hambre, cada año mueren millones, de epidemias estamos oyendo los que mueren; y otros mueren atacados por las fieras salvajes. Todos morimos. Nuestro cuerpo es corruptible, mortal. Nuestra alma es espiritual, inmortal. Nuestro Señor Jesucristo, resucitará todos los cuerpos al fin del mundo y los unirá a nuestras almas. Unos vivirán eternamente felices en el Cielo. Los que amaron a Dios más que a todas las cosas y al prójimo por amor de Dios. Otros irán a sufrir eternamente al infierno, los que no quisieron amar a Dios ni al prójimo. Los que mueran en pecado mortal.