Virgen de Fátima

Señor y Podre mío: creo firmemente en tu providencia y la adoro de lo íntimo de mi corazón. Ella es la mirada sapientísimo que todo lo prepara desde la eternidad. Ella, la solicitud paternal, que envuelve en amor cuanto sucede en el tiempo. Ella tiene para el pobre, ya cortado, el pan de tu cariño; servido, el vino de tu ternura; listo, el abrigo de tu defensa y hasta el abrazo de tu perdón.

En tus brazos, Providencia amorosa de Dios, mi Padre, depongo toda ansiedad por mí y por los míos y dejo en tus monos omnipotentes y amables, la vida y sus intereses, la muerte y sus misterios, el tiempo y sus mudanzas, la eternidad y su gloria. Sé que Tú no quieres sino mi bien, que no hoces sino mi bien, porque eres DIOS y solamente DIOS. Amén.

(Monseñor Juan Manuel González)