La Iglesia reconoció a Franco (29)

Arzobispo Ángel Suquía

Monseñor D. Ángel Suquía
Arzobispo de Santiago

«El acontecimiento que nos reúne hoy en la basílica compostelana me recuerda a mí, y sin duda a muchos de vosotros, la última visita realizada por nuestro Jefe del Estado al Apóstol en la aún cercana fecha del pasado ocho de septiembre. Acompañado de su esposa entró en la Catedral por la puerta de la Azabacheria, atravesó el crucero con paso bastante firme, una vez en el presbiterio se postró sobre el sepulcro de Santiago y oró largo tiempo, más tiempo del que yo le había visto orar en otras circunstancias semejantes. Después de la oración subió al camarín para dar un largo y ancho abrazo al Apóstol, descendió la escalinata con dificultad, ahora apoyándose con fuerza en el brazo que yo le ofrecí. Al llegar al centro del presbiterio, me dio efusivamente las gracias con los ojos algo humedecidos y descendió del presbiterio a la nave. De pronto se inclinó brusca y profundamente hacia la derecha, como si fuera a caer, alguien creyó que había tropezado en el rizo de la alfombra, pero yo más bien pensé que había sido por la fuerte emoción del momento. Rendido por el esfuerzo de toda una vida entregada al servicio de España, nuestro Jefe de Estado ha muerto”.

Producciones Armada
Tenerife

Los empresarios de Cristo

Francisco Sánchez-Ventura y Pascual

Pentecostés - empresarios de CristoEn la coyuntura presente lo que el mundo necesita con urgencia son creadores de empresas, a los que denominamos, por llamarles de alguna manera, “los empresarios de Cristo”. Hombres debidamente formados, especializados en economía y en el difícil arte de la organización empresarial, que desinteresadamente se asocien y reúnan a impulsos de su vocación apostólica, dispuestos a centrar sus esfuerzos en la solución del problema económico de la Humanidad. Hombres capaces de crear puestos de trabajo, de dispersarse por el mundo, siguiendo la ruta del hambre, que es la más urgente, a fin de aglutinar a los necesitados en un esfuerzo de subsistencia personal. Hombres que colectivamente influyan en los gobiernos y su preparación les permita disponer de solvencia y prestigio suficiente como para recaudar fondos, conceder préstamos y poner en marcha tinglados productivos a fin de explotar la riqueza de cada región, de cada pueblo y que obtengan beneficios con su explotación que les sirva a la vez para crear una corriente dineraria con vistas a nuevas inversiones centradas todas ellas en estas tres ideas: la adecuada explotación de la riqueza de la tierra según las características y circunstancias de cada país, la multiplicación de puestos de trabajo en función a las necesidades de cada pueblo y la justa administración de los beneficios que se obtengan hacia inversiones encaminadas al pleno empleo, al destierro de la miseria y a la satisfacción de todas las necesidades inherentes a la vida del hombre, de ese hombre que nace, se desarrolla, enferma y muere.

El mundo necesita hoy día de un fundador, que encendido en afanes apostólicos recoja esta idea y se lance a crear la más grande y eficaz organización filantrópica, la que exigen los tiempos actuales: los apóstoles de Cristo, que logren lo que el progreso actual permite: eliminar el fantasma de la escasez y, en consecuencia, el hambre de la tierra, solventando así, cada día con mayor amplitud, el problema económico de la Humanidad.

Dominicas 130

El Párroco

Consagración y Crucfijo* El odio al hombre -imagen y semejanza a Dios- es diabólico. Los posthumanistas que odian al hombre están endemoniados.

* En el posthumanismo el hombre se convertirá en una cosa. Y si la cosa tira, llegará otra vez a ser un mono. Y ellas monas.

* El diablo engaña a los hombres diciéndoles que no cumplan ningún Mandamiento de la Ley de Dios. Ninguna norma.

* El hombre moderno no alcanza la felicidad porque la busca en la multiplicación de placeres. Como si solo fuera un animal irracional.

* En el posthumanismo, los humanos vamos a ser lo que nos dé la gana: un cuerpo conglomerado-máquina-fantasma. ¡Insuperables! Vamos.

* ¡Quién me resuelve este misterio! ¿Por qué en el reinado del relativismo se considera a la democracia absolutamente necesaria e irreversible?

* Santo Tomás de Aquino enseña que el hombre en cuanto más se aparta de la razón se hace semejante a las bestias que padecen el ímpetu de su sensualidad.

* Es verdad que en el mundo hay muchas personas que quieren olvidarse de Dios. Pero hay muchas más personas que sólo viven para Dios. Vivirán eternamente felices con la Santísima Trinidad y la Virgen Santísima.

“Henchid la tierra y sometedla”

Javier Gutiérrez

Jesucristo dejad que los niños se hacerquen a MíAquí en lnfoCatólica y en otros medios católicos muchas veces se “cuelan” artículos de opinión y noticias de asuntos eminentemente políticos. ¿Por qué? ¿No deberíamos los católicos dedicarnos exclusivamente a cuestiones del alma, a procurar la virtud y a informar de las obras de misericordia que se realizan en las periferias africanas y amazónicas? ¿Es que anhelamos un tiempo en que la Iglesia tenía poder sobre los gobernantes, y no podemos evitar inmiscuirnos donde ya no nos corresponde aparecer?

El asunto es que, incluso el cristiano menos interesado en temas de relación Iglesia-Estado o los derechos de Dios, la naturaleza humana, comunidades intermedias, libertad religiosa y un sinfín de cuestiones elementales en la concepción católica de la política; incluso él, si ha escuchado alguna vez eso de “henchid la tierra y sometedla”, entenderá que el trabajo por la virtud de su alma no puede no ser social. Estamos llamados, todos, más o menos interesados en política, a colaborar con Dios en la construcción de un mundo santo, esto es: en procurar no solo nuestra virtud personal sino amar al prójimo y procurar en él lo mismo que para nosotros: el bien, el sumo Bien, que es Dios.

De este modo, es un deber cristiano ocuparse del medio más elevado y amplio para la promoción de la virtud de los que le rodean. Y esto no es otra cosa que la política, que por ello mismo el Papa Pío XI llamaba “el campo de la más alta caridad, del que se puede decir que ningún otro le es superior, salvo el de la religión”. No es que los católicos de vez en cuando nos pasemos a hablar de política. ¡Es que tenemos el imperativo de trabajar en ella por amor al prójimo! De nuevo, ¿por qué? Porque la política, por medio de la ley, sí o sí, mueve al ciudadano a la virtud o al vicio.

De nuevo citemos a Juan Fernando Segovia en un texto ya hemos comentado aquí y aquí, por su magnífica exposición del asunto:

“El gobernante ha de procurar la justicia por medio de las leyes y preceptos, las penas y los premios, que deben perseguir el propósito de apartar de la maldad a los ciudadanos y moverlos a la virtud. Dicho en otros términos: las leyes humanas han de promover la justicia y, por el ejemplo de esta, mover prudentemente a los hombres a la vida virtuosa. La justicia política es causa ejemplar de la vida virtuosa, pues procura y premia la vida buena y castiga y corrige el vicio y la maldad”.

El propósito de las leyes es, pues, la justicia, y esta procura la virtud de los ciudadanos porque las leyes, siendo justas, son ejemplo para el ciudadano, que se acerca a la virtud por impulso de la ley justa. Por poner un ejemplo, aunque sea muy básico y banal, si un ciudadano tiene la mala costumbre de dejar caer su basura en la acera de la calle, una ley que prohíba y sancione esto podrá mover al ciudadano a, llegado un día, echar la basura a la papelera, incluso si no piensa en esa ley. Y en un contexto desgraciadamente real y actual, si no se condena la usura, por ejemplo, se educa al ciudadano en que mentir es lícito si con eso sacas provecho para tu bolsillo. O si se castiga con mayor severidad un accidente de tránsito que un aborto, esto es, un asesinato culposo involuntario de otro voluntario, ¿a qué virtud se puede estar estimulando al ciudadano? Ya no prefiero hablar de si no se castiga sino que hasta se premia con subsidios… Ahí son la injusticia y el vicio los que resultan causa ejemplar.

Por otro lado, es cierto que la política no es el único campo de acción para la moción del prójimo hacia la virtud, y que el papel educador de la familia es el más incisivo y profundo. Pero no por ello debemos descartar la política y, más bien, debemos dedicarnos a ella pues es el de mayor campo de acción, desde el que se puede lograr mayor bien o mayor mal. No hay que poner ejemplos ficticios para ver cómo una política nefasta, como el comunismo, pudo deconstruir las familias y formatear el pensamiento de toda una sociedad antes cristiana. 

(INFOCATÓLICA)

Nuestra Señora del Buen Consejo

Nuestra Señora del Buen Consejo

En el siglo IV de nuestra era, cuando el cristianismo había sido públicamente reconocido en el Imperio Romano, el Papa San Marco (336 d.C.) mandó construir una iglesia en una colina sobre el pueblo, no muy lejos de las ruinas del antiguo templo pagano. La iglesia, firme y fuerte pero pequeña y sencilla, fue dedicada a Nuestra Señora del Buen Consejo. A sabiendas del amor que la gente de Genazzano le tiene a las fiestas y celebraciones, el Papa declaró el 25 de abril (fecha de las antiguas fiestas paganas), como día de celebración cristiana en honor de Nuestra Señora del Buen Consejo. La Iglesia respeta las costumbres de los pueblos pero siempre busca purificarlas de todo error y elevarlas hacia Dios.

A través de los siglos, Nuestra Señora fue honrada de manera especial en la pequeña iglesia de la colina, la cual se puso a cargo de los frailes de la Orden de San Agustín en 1356. Con el tiempo, el uso y los desgarros comenzaron a afectar el anciano templo. Para el siglo XV, la iglesia se había venido desvencijando tanto que algunos temían su total colapso. Pocos, sin embargo, parecían tener interés en repararla, posiblemente porque había iglesias más nuevas y mejores en el pueblo.

Una viuda santa, Petruccia de Geneo, que amaba a la Virgen devotamente, se sintió inspirada a reconstruir la iglesia. Deseaba que la iglesia fuera más grande y más bonita, más apropiada para la Madre de Dios. Confiando en Nuestra Señora, Petruccia contrató trabajadores y constructores, compró también los materiales y vio las paredes subir. Sus vecinos la observaron por un tiempo en silencio, luego comenzaron a burlarse de ella, especialmente cuando les pedía ayuda.

Petruccia no podía comprender la actitud que sus vecinos y pensaba que su amor a Nuestra Señora los inspiraría a ofrecer ayuda. Pero los corazones no estaban para eso. Ellos sabían que construir una iglesia grande y bonita era un gran proyecto y que Petruccia tenía dinero, pero no lo suficiente. Percibían la obra como un acto de orgullo y presunción por parte de Petruccia y la criticaban. Cuando la obra tuvo que detenerse por falta de fondos, las paredes sin terminar fueron nombradas «la locura de Petruccia».

Probablemente Nuestro Señor permitió todo esto para fortalecer el amor y la confianza de Petruccia. La envidia, la falta de caridad, y los desacuerdos purifican y prueban toda obra de Dios. Ella no dejó dominar por los obstáculos; estaba determinada a hacer todo lo que pudiese para ver la iglesia completada. Sentía que Nuestra Señora había inspirado el trabajo y que Ella lo apoyaría cuando fuese su tiempo. Decía que algún día «una gran Señora vendría a tomar posesión de ella». Petruccia entonces recurrió a sacrificios y oraciones más fervorosas.

Un poco después, durante la fiesta del pueblo, el 25 de abril, día de San Marcos de 1467, muchas personas estaban congregadas en la plaza del mercado pasando un buen rato– festejando, bailando y cantando. No se sabe por qué ya no rendían honor a Nuestra Señora del Buen Consejo en ese día, como lo habían hecho sus antepasados en siglos anteriores. Probablemente a través de los siglos su devoción por Nuestra Señora se había disminuido, pero habían conservado el amor por las fiestas.

En medio de las fiestas, alguien vio una nube encopada flotando bien bajo a través del claro cielo azul. El asombro paralizó el baile y el canto. Toda la atención fue puesta en la nube que bajaba despacio y que finalmente se detuvo en un borde angosto de las paredes sin terminar de la iglesia de Petruccia. La nube se abrió gradualmente, y en su centro apareció una bellísima pintura de Nuestra Señora con el Niño Jesús. Todas las campanas del pueblo comenzaron a sonar sin la ayuda de manos humanas.

Atraídos por el inesperado y fuerte repicar de las campanas, la gente de las villas aledañas se apresuró a Genazzano para averiguar la causa. Mientras tanto, al escuchar del milagro, Petruccia, que estaba orando en casa, se apresuró a la iglesia para arrodillarse ante la pintura. Llena de alegría dijo que ella sabía que Nuestra Señora vendría a tomar posesión de su iglesia. Toda la gente se le unió en las alabanzas a Nuestra Señora.

Nadie conocía la procedencia de la pintura ni la había visto antes. Pronto una maravillosa lluvia de gracias y milagrosas curaciones comenzaron a suceder. En solo cuatro meses, 171 milagros fueron archivados. La gente comenzó a llamar a la imagen «Nuestra Señora del Paraíso» porque creían que había sido traída a Genazzano por manos de los ángeles ocultos en la nube encopada. Otros, por los numerosos milagros, la llamaban «Nuestra Señora de los Milagros».

Durante este tiempo, dos extranjeros procedentes de Scutari, Albania, llegaron a Genazzano buscando la milagrosa pintura de la Virgen. Ellos contaron su testimonio. Scutari fue la última ciudad tomada por los turcos en su invasión de Albania. Cuando comprendieron que ya no podían resistir más, le pidieron consejo a la Virgen sobre qué hacer para mantener su fe católica en aquellas circunstancias. Esa noche, ante el asombre de los dos albaneses la imagen de la Virgen se desprendió de la pared y elevándose por los cielos se comenzó a trasladar lentamente hacia el oeste. Así pudieron seguirla, cruzar el mar adriático que separa Albania de Italia, hasta que llegaron a Genazzano. Así decidieron quedarse en Genazzano para vivir cerca de su Señora, que también se había refugiado.

Cuando el Santo Padre en Roma escuchó acerca de la pintura y de sus muchos milagros, mandó a dos obispos como comisionados a examinar y estudiar los acontecimientos extraordinarios. Después de una cuidadosa investigación, el Papa y los comisionados quedaron convencidos de que la pintura era verdaderamente Nuestra Señora del Buen Consejo, que había sido venerada por siglos en el pequeño pueblo de Scutari. El espacio vacío con las dimensiones exactas donde había estado la pintura en la iglesia fue evidente para todos. La imagen- del espesor de cáscara de huevo- había sido pintada sobre el yeso de la pared. Ninguna habilidad humana podría haber tomado con éxito la pintura de la pared sin romperla. Ninguna mano humana podría haberla traído a través del mar Adriático y colocarla en el borde angosto de la iglesia sin sujetarla.

Naturalmente, la iglesia de Petruccia fue completada. Más bien, hubo tantas donaciones y fue ofrecida tanta ayuda que se convirtió en una bella basílica. La pintura fue puesta en un relicario maravilloso con un marco de oro adornado con piedras preciosas. Más tarde dos coronas de oro enviadas por el Vaticano fueron colocadas en las cabezas de la Madre y el Niño. La pintura aún está en la iglesia, «la locura de Petruccia». Los monjes Agustinos son los guardianes especiales de la iglesia y de la pintura milagrosa.

La basílica ha sido afectada por los siglos. Sufrió particularmente por la Segunda Guerra Mundial ya que para arrestar el avance de los Aliados, los alemanes no dudaron en bombardear las iglesias. En Genazzano, el santuario de Nuestra Señora no se libró. Una bomba explotó en el con toda fuerza. El altar mayor fue completamente destruido, todas las pinturas y las estatuas en las paredes alrededor se vinieron abajo, pero la milagrosa pintura de Nuestra Señora del Buen Consejo, se mantuvo perfectamente intacta, tan bella como cuando Petruccia la vio por primera vez.

Nuestra Señora tiene los ojos parcialmente bajos como si estuviera escuchando con intensidad. Su vestido verde oscuro está adornado con un borde de oro. Su manto azul oscuro cubre su cabeza y sus hombros y cubre parcialmente al Niño Jesús, quien tiene una mano alrededor del cuello de su Madre. Su mejilla toca la de ella, y su mano izquierda está sosteniendo el cuello de su vestido. El vestido rojo del Niño está adornado con un borde de oro. La expresión en ambos, Madre e Hijo es de una profunda atención. El Niño Jesús parece que está listo para susurrarle algo a Su Madre. Es una pintura sencilla pero atractiva.

En los últimos cuatro siglos innumerables peregrinaciones y muchos milagros han ocurrido en el santuario de Nuestra Señora, Madre Amorosa que es para todos un tesoro de la gracia divina. Acude a ella con tus pequeños problemas; ve a ella con tus grandes problemas; confía en su guía. Ella es verdaderamente Nuestra Señora del Buen Consejo.

Las palabras «Madre del Buen Consejo» fueron insertadas por Pío IX a las letanías de la Virgen María.