Arzobispo Ángel Suquía

Monseñor D. Ángel Suquía
Arzobispo de Santiago

“El acontecimiento que nos reúne hoy en la basílica compostelana me recuerda a mí, y sin duda a muchos de vosotros, la última visita realizada por nuestro Jefe del Estado al Apóstol en la aún cercana fecha del pasado ocho de septiembre. Acompañado de su esposa entró en la Catedral por la puerta de la Azabacheria, atravesó el crucero con paso bastante firme, una vez en el presbiterio se postró sobre el sepulcro de Santiago y oró largo tiempo, más tiempo del que yo le había visto orar en otras circunstancias semejantes. Después de la oración subió al camarín para dar un largo y ancho abrazo al Apóstol, descendió la escalinata con dificultad, ahora apoyándose con fuerza en el brazo que yo le ofrecí. Al llegar al centro del presbiterio, me dio efusivamente las gracias con los ojos algo humedecidos y descendió del presbiterio a la nave. De pronto se inclinó brusca y profundamente hacia la derecha, como si fuera a caer, alguien creyó que había tropezado en el rizo de la alfombra, pero yo más bien pensé que había sido por la fuerte emoción del momento. Rendido por el esfuerzo de toda una vida entregada al servicio de España, nuestro Jefe de Estado ha muerto”.

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