
Publicado por manuelmartinezcano | Filed under Oraciones
04 jueves Jul 2019
04 jueves Jul 2019
Posted in Para pensar
Pablo
Otro de los grandes problemas de las concepciones éticas y políticas contemporáneas es que conciben la sociedad como un agregado de individuos, cada uno de los cuales busca su propio interés -llámesele doctrina comprensiva del bien, ética de máximos, o como sea- que es excluyente del de muchos otros. Entre ellos, como advierte Cortina, podrá haber, cuando mucho, coexistencia, pero nunca verdadera comunidad de vida o, lo que es lo mismo, una vida en común. El problema de las sociedades que buscan ser fundadas en procedimientos o normas formales vacías de todo contenido material es que se olvidan de que sólo un bien común es capaz de unir voluntades y, con ello, crear concordia. Si no hay bien común, el uno siempre está, en alguna medida, enfrentado con el otro y, en el extremo, ese otro pasa a ser el infierno del uno, tal como lo previó Sartre. (José Luis Widow Lira – VERBO)
¿Cómo van a contraer matrimonio sacramental personas que no practican la religión? -Que unos bautizados no practiquen la vida cristiana no justifica que acumulen más disparates sobre los que ya arrastran. Ni se pueden dar cauces legales para que esto se legalice. Es propio de mentes torpes proclamar que hay que recoger en la vida jurídica lo que está en la calle y que hay que desdramatizar estas situaciones. En este caso también se podría legalizar los secuestros, los robos, los atracos, los crímenes, porque también están en la calle. Precisamente el sentido religioso que lleva a algunos, incluso por razones sociológicas, a pedir el matrimonio canónico, es un momento precioso para que recapaciten sobre verdades religiosas que tienen olvidadas. (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)
Con todo, correspondió a los falangistas «la reapertura de la vida intelectual madrileña con posterioridad a 1939». Revistas como Garcilaso y, sobre todo, Escorial, obra de Pedro Laín Entralgo y Dionisio Ridruejo, fueron prueba de ello. En la segunda, Mainer ve «una idea sacramental y nacionalista de la cultura», «una idea estamental y platónica de la cultura destinada a irradiar desde el olimpo sobre un hipotético pueblo en demanda de guía espiritual». (Pedro Carlos González Cuevas – RAZÓN ESPAÑOLA)
Es preciso recordar que la tendencia mayor del mundo contemporáneo es la ambición de construir un orden planetario, un sistema de poder y convivencia, tanto económico como político, que abarque el conjunto del planeta. Este proceso no es reciente ni obedece a conjuras secretas; al contrario, forma parte manifiesta del proyecto general de la modernidad al menos desde Imanuel Kant, que lo expuso en Ideas para una Historia universal en clave cosmopolita y en La paz perpetua, y que preconizaba el establecimiento de un Estado Mundial (sic) como marco “moral” para resolver los conflictos que desgarraban el viejo mundo. (José Javier Esparza – RAZÓN ESPAÑOLA)
Tiene el mandato imperativo innegables ventajas, y una de ellas es que por medio de él se pueden conocer directamente el Estado de la opinión pública, de ese concepto que tantos servicios os ha prestado, que es una frase hecha que, bien analizada, no puede ser sustentada por los liberales, ya que el sujeto de la opinión requiere dos cosas: el conocimiento de las cuestiones morales y jurídicas, que no puede tener una multitud, y al mismo tiempo una unidad de norma y de criterio, que con la libertad de todas las opiniones se destruye. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)
Al mismo tiempo cualquier cristiano serio estaría de acuerdo en afirmar que la mayoría de los países occidentales han sufrido una terrible decadencia moral en los últimos ciento cincuenta años. Esta decadencia se ha hecho más aplastante en el siglo veintiuno. Este mito del progreso que busca liberar al hombre de sus raíces históricas es tan absurdo como querer liberarlo de su naturaleza. El cardenal Burke señala al respecto: “Totalmente volcados hacia su orgullo, el hombre y la sociedad moderna han vuelto la espalda a su pasado y a su historia. «Hagamos tabla rasa del pasado», ved cómo ha sido reactivado el slogan adolescente de la Revolución y la Caída”. Como consecuencia de ello, “en los intelectuales laicos se ha enquistado una actitud de aversión hacia la verdad trascendente”. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)
Es principio de derecho: Si palam res est, repetitio injuria non est: “No hay injuria en decir lo que está a la vista de todos”. Mucho menos en decir del prójimo lo que él mismo dice a todas horas de sí. ¿Cuántos liberales, no obstante, particularmente del grupo de los mansos o templados, tienen a gran injuria que los llamen liberales o amigos del Liberalismo un adversario católico? (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)
04 jueves Jul 2019
Posted in P. Manuel Martínez Cano
Padre Manuel Martínez Cano, mCR.
El acto humano puede ser bueno o malo; interno o externo; perfecto o imperfecto; directo o indirecto…
Acto bueno o lícito es el que se ajusta a las normas de la ley moral (rezar, honrar a los padres).
Acto malo o ilícito es el que se aparta del recto orden moral (mentir, blasfemar, etc.).
Acto interno es el que se realiza únicamente con las facultades internas (imaginación, entendimiento, voluntad…), sin manifestar nada al exterior.
Acto externo es el que se realiza interviniendo también los órganos y sentidos del cuerpo (leer, comer, correr).
Acto perfecto es el realizado con pleno conocimiento y deliberación (el hombre es dueño por completo de sí mismo).
Acto imperfecto es el que se realiza con semiadvertencia o semiconsentimiento (medio dormido, medio distraído).
Llamamos influjos del acto humano a los que modifican el acto humano en el entendimiento o en la voluntad.
Los influjos más comunes son la ignorancia, el miedo, las pasiones, los hábitos y la violencia.
El influjo mayor del acto humano en el entendimiento es la ignorancia: la falta de un conocimiento que la persona debería tener.
La ignorancia puede ser vencible o invencible.
La ignorancia vencible o corregible es la que se puede superar con un esfuerzo razonable (estudiando, consultando, etc.).
Ignorancia invencible o incorregible es la que no puede ser superada por la persona que la tiene. Ya sea porque de ninguna manera se da cuenta (ignorancia absolutamente invencible) o porque ha intentado en vano salir de ella, preguntando o estudiando (ignorancia moralmente invencible).
En una persona con preparación humana y escolar, la ignorancia en materia de fe y moral es casi siempre vencible.
El influjo de la ignorancia en el acto humano es decisivo. La ignorancia invencible quita toda responsabilidad ante Dios porque se trata de una ignorancia del todo involuntaria y, por consiguiente, inculpable ante Aquél que escudriña el fondo de los corazones.
La ignorancia vencible es siempre culpable, en mayor o menor grado, según la negligencia de la persona a la hora de buscar la verdad.
El miedo es la perturbación del ánimo que influye en el acto humano ante un mal presente o futuro.
A veces el miedo se produce también cuando el mal amenaza a nuestros familiares o amigos íntimos, a quienes consideramos como otro yo.
El miedo es grave, cuando el mal que se teme es grande, inminente y difícil de evitar. Si el mal no es así, el miedo será leve.
El miedo grave disminuye la libertad, y por consiguiente la culpabilidad de la persona, pero no excusa de pecado, a menos que su intensidad haga perder el uso de la razón.
El miedo grave no es razón suficiente para cometer un acto malo, aunque por ese acto se salvara la propia vida. Es ilícito renegar de la fe por miedo a la muerte o a un castigo. Si a pesar del miedo que le atenaza, la persona realiza la acción buena, el valor moral de esa acción es mayor y obtendrá más méritos delante del Señor.
A veces el miedo grave puede excusar del cumplimiento de las leyes positivas (Mandamientos de la Santa Madre Iglesia) que manden practicar un acto bueno, si causan grave incomodidad. Sería el caso de la esposa que, para evitar un grave conflicto familiar, dejara de ir a Misa un domingo.
No olvidemos que se trata sólo de leyes positivas o meramente eclesiásticas, porque el cumplimiento de la ley divina (amar a Dios sobre todas las cosas) obliga siempre, aun a costa de la propia vida. El miedo leve no excusa de las obligaciones graves como el precepto de oír Misa, ayunar, etc.
03 miércoles Jul 2019
03 miércoles Jul 2019
Posted in Artículos - Contracorriente
José Gutiérrez Fernández-Cuervo
¿Qué sentido tiene que haya autoridades políticas? ¿No estaríamos mejor sin ellas? Santo Tomás de Aquino responde y Segovia lo resume de este modo: “Así como las inclinaciones básicas del ser humano deben someterse a la razón, que domina y dirige las demás potencias del hombre; así también la sociedad política debe someterse a la autoridad del príncipe prudente que dirija a los hombres al bien común”.
Pero esto requiere, justamente, que el gobernante sea prudente. Y la prudencia no es sino reconocer de dónde le viene al gobernante su dignidad y potestad, y actuar rectamente de acuerdo a esta verdad.
Así, el político que cree que su poder le viene otorgado por el voto y el sentir popular, se deberá al pueblo. Pero quien se debe al pueblo, siendo la masa tan humana como él, podrá manipularla y procurará quedar bien con ella y engañarla por medio del populismo, como el Primer Ministro peruano, quien para atacar a su enemigo, el Congreso, lo acusa de actuar “en contra del espíritu de la ciudadanía”. Sin embargo, quien reconoce que todo poder viene de Dios aun cuando la autoridad haya sido designada (que no conferida) por democracia, se debe al pueblo en el servicio, pero más a Dios, de quien participa por su gobierno con la autoridad divina misma. Así, buscará ser del agrado de Dios antes que de las masas y, por tanto, dado que a Dios no se le puede engañar, solo un gobernante que tenga verdaderamente presente a Dios podrá ser garantía de honestidad, pues ya no procurará el engaño y manipulación demagógica a la que estamos tan acostumbrados.
Pero esto es imposible y utópico solamente desde un espíritu religioso natural. Sin contar con la gracia, ningún gobernante puede responder debidamente y sin excepción contra la corrupción personal e institucional, ni siquiera el más piadoso de los hombres; pues hay que tener en cuenta que todo hombre y, por tanto, todo gobernante, está afectado por el pecado, con sus fuerzas debilitadas y propenso al mal y al error.
De este modo, sólo reconociendo que el poder que posee le viene de Dios y con el auxilio de la gracia sobrenatural a través de la recepción frecuente de los Sacramentos, dejará de ser una utopía lo que León XIII afirmaba en la Diuturnum illud:
“Para que la justicia sea mantenida en el ejercicio del poder, interesa sobremanera que quienes gobiernan los Estados entiendan que el poder político no ha sido dado para el provecho de un particular, y que el gobierno de la república no puede ser ejercido para utilidad de aquellos a quienes ha sido encomendado, sino para bien de los súbditos que les han sido confiados”.
No se trata, pues, de “mandar todo al tacho” ni de esperar en tal o cual líder político mundano. Se trata de poner nuestras esperanzas en Quien es la fuente de todo poder y, reconociendo nosotros Su divina majestad para con nuestro amado Perú, procurar por medio de esta conciencia la corrección moral y prudencia política de quienes designamos en el gobierno, o la nuestra para involucrarnos y no acabar embarrados, por medio de la recepción frecuente de los Sacramentos.
(REVISTA INFOCATÓLICA)