El Consiliario
* Desde que Cristo dijo: «Yo soy la Verdad». La verdad ha sido atacada por todos los frentes. Nosotros seguimos. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Reina! ¡Viva la Hispanidad Católica!
* El liberalismo tiene su inicio en el Paraíso Celestial. Es el non serviam de Lucifer, Satanás. Siguió en el paraíso terrenal «seréis como dioses». En estos tiempos el liberalismo es la democracia moderna, la del aborto.
* Han terminado las clases. Un niño de nueve años camina en dirección contraria a la salida del colegio. Su madre es profesora y tiene tres hermanos en el colegio. Me contesta: «no es que voy a despedirme de Jesús. Y entró en la capilla.
* Sí, sabemos la historia interna del Concilio Vaticano II. Una prueba más de que la Iglesia está protegida por el Espíritu Santo. El humo de Satanás y la luz inmarcesible de la Virgen Santísima se enfrentaron. La Iglesia sigue su camino hasta el fin de los tiempos.
* Desde la fe, aquí vemos que aquí hay una acción del mal, ha reafirmado el obispo chileno, recordando las palabras del Santo Padre al clausurar el encuentro, después de la celebración de la Santa Misa. «Es Satanás el que se encarniza contra los más débiles. Eso no podemos perderlo de vista. Es nuestra fe. Aunque haya una serie de mediaciones humanas, esto no es evitar o quitar responsabilidad al delito que cometen personas concretas» (Fernando Ramos, obispo).

Una cultura que ha dado la espada a Cristo es una cultura que niega la posibilidad del perdón, del arrepentimiento, de la regeneración y, por el contrario, se hunde en un ciclo sin fin de venganza. Los cristianos lo vemos de otra manera: nos sabemos pecadores y sabemos, porque numerosos santos así lo atestiguan, que acudiendo a la gracia de Dios es posible cambiar, y que un ladrón, un asesino, un criminal, puede acabar convirtiéndose en modelo de vida. Esto no significa negar la gravedad de ciertos crímenes, ni tampoco negar que quien comete un crimen debe pagar por él, pero la posibilidad de redención, de cambiar de vida, está en la base de aquella cultura cristiana que nos hizo florecer y de la que ahora renegamos.
Algunos clérigos, tal vez porque creen, erróneamente, que la atracción por personas del mismo sexo es genética e inmutable, han estimulado a individuos que experimentan atracción por el mismo sexo que se identifiquen con la comunidad homosexual, proclamando públicamente el ser “gay” o lesbiana, pero vivir la castidad en su vida personal. Hay varias razones por la cuales es este una conducta equivocada:
* ¡La que está cayendo sobre la Iglesia! Una vez más vemos que el Espíritu Santo protege a nuestra santa madre, la Iglesia Católica.