ciencia y feManuel Mª Domenech Izquierdo

La Crisis Provocada por la Física Cuántica

Es muy interesante seguir en los libros de Historia de la Ciencia los diversos experimentos que han nevado a asegurar categóricamente en qué consiste la realidad de la luz. Así en 1803. Thomas Young (1773-1829) descubre los fenómenos de interferencia entre rayos luminosos, y como sólo pueden interferir las ondas, deduce con seguridad, y su deducción es aceptada por todos, que la luz es la vibración de algo.

Pero en 1905, Alberto Einstein interpretó el efecto fotoeléctrico de manera que se deduce la naturaleza corpuscular de la luz, en contraposición a la teoría ondulatoria. Mereció el Premio Nobel de Física precisamente por esto no por su famosa teoría de la relatividad. No hay otro camino. No se descansa hasta que se renuncia a imaginar qué es lo que realmente sucede en lo que se llaman comprobaciones experimentales.

El descubrimiento de los fenómenos cuánticos no se debe, sin embargo, al efecto fotoeléctrico, sino que Max Planck (1858-1947) en 1901 anunció la Teoría de los Cuanta para interpretar el espectro de radiación del cuerpo negro, basándose en teorías estadísticas. Sólo con la hipótesis de que la energía de un oscilador no puede variar más que en saltos discretos, es decir en múltiplos de una cantidad determinada dependiente sólo de la frecuencia del oscilador, se explica el perfil del espectro de emisión del cuerpo negro en función de la temperatura. Max Planck es, sin lugar a dudas, el más grande físico de nuestro siglo y es, además, una de las honrosas excepciones en la pléyade de los científicos que supo armonizar la ciencia con la religión: “Ciencia y religión no constituyen, en verdad, una antítesis, sino que se complementan una a la otra en todos los que reflexionan seriamente. No es ciertamente por azar que los grandes genios de todos los tiempos fueron también profundamente religiosos”. (9) Como expliqué en la introducción, no soy tan optimista como Max Planck, pero sí estoy convencido de que verdaderamente Planck, el más genial físico del siglo XX, era profundamente religioso. Su criterio acerca de la ciencia y la religión coincide exactamente con la tesis de la Iglesia: “Y no sólo no pueden disentir entre si la fe y la razón, sino que se prestan mutua ayuda”. (10)

La hazaña de Max Planck facilitaría a Albert Einstein la interpretación del fenómeno fotoeléctrico como hemos dicho, en 1905, año en que también publicó la teoría de la relatividad restringida. Contaba tan sólo 26 años de edad.

En 1925, el príncipe Louis Víctor de Broglie, nombrado secretario perpetuo de la Academia de Ciencias francesa en 1942, publicó su tesis doctoral que le valió el premio Nobel. La ambivalencia inimaginable entre corpúsculo y onda se extiende a todos los ámbitos de la física microscópica. La imaginación que intente representarse el modelo contemporáneo de la realidad física, quedará perpleja.

Lo que claramente se tenía como fenómeno ondulatorio, es decir la luz, empezó a presentar características corpusculares, y lo que se había tomado como definitivamente corpuscular, el electrón, por ejemplo, empezó a presentar características ondulatorias, al poderse difractar como los rayos de luz. Un desafío para la inteligencia, por ser imposible de imaginar.

Así quedan las mentes curadas del materialismo ingenuo que intenta descubrir la realidad de las cosas con la imaginación, que a su vez se confunde con la inteligencia. Ese ha sido el error de muchos desde Demócrito a los actuales materialistas, que no saben salir del simplismo que supone aceptar sin crítica las falsas aseveraciones de los textos de divulgación científica o las explicaciones de ciertos profesores que no hacen más que repetirlo que otros imaginaron. (11)

La imposibilidad de representación imaginativa de algunos modelos contemporáneos, es un alivio para el peligro que la representación constituía. El no poder imaginar el modelo onda-corpúsculo, y la perplejidad ante el fracaso del modelo espacio temporal-clásico, son dos fuentes de luz para volver al camino del ser. La imaginación se ve perdida y debe dejar el campo a la inteligencia. Los científicos modernos están más atentos para conservar las abstracciones en su pureza inicial.

Pese a ello muchos modelos se explican, incluso en los centros de enseñanza primaria, como la realidad, sin hacer ver el sistema de fenómenos que se utilizaron para la abstracción correspondiente, con lo que el alumno, insistimos una vez más, es engañado y además pierde la capacidad de progreso en fisicomatemática, porque toma como definitivo lo que no es ni siquiera provisional. Cuando se desengañe de los esquemas científicos, pensará que en los caminos del ser, tampoco hay nada definitivo. Ese postrer error será peor que el primero. Se verá envuelto en el torbellino dialéctico del escepticismo.

  1. Max Planck. Initiations a la Physique. Flammarion. París, 1941.
  2. Concilio Vaticano I. Denzinger nQ 1799.
  3. Véase el apartado “Romanticismo científico” en el capítulo “Embaucadores del vulgo”.