P.Alba, SJ

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 166, octubre de 1992

Al comienzo del curso, sería de mucha gloria de Dios que os plantearais un punto concreto de mejora para todo los meses que van a seguir. Os propongo una atención especial al Apostolado de la Oración.

Si en toda la vida de los católicos que aspiran seriamente a la perfección, es esencial la dimensión apostólica, no es menos cierto que no siempre podemos hacer apostolado directo. Pero sí podemos hacer siempre apostolado por medio de la oración. Esa es la oración apostólica por la conversión de los pecadores, la dilatación de la fe católica y la conversión de los infieles. Pero no podemos constantemente hacer oración, como no tengamos las ayudas de unas gracias extraordinarias. Y sin embargo, por medio del Apostolado de la Oración bien vivido, podemos de verdad convertir toda nuestra vida en oración. El ofrecimiento de obras por la mañana, la intención mantenida durante el día por medio de jaculatorias, elevando el corazón a Dios en unión de todas las intenciones del Papa, para mantener activo el fervor de la caridad, transforma todos nuestros actos, alegrías y penas, humillaciones y triunfos, trabajos y ocupaciones vulgares de todos los días en oración. Es un “laus perennis”, que sube al cielo, diviniza nuestra redención, que se continúa en nosotros y que permite se realice el misterio de la salvación, con la salvación de las almas. Esta oración por la conversión de los pecadores, por la conversión de los infieles, por la extensión del Reino de Cristo, nunca es ineficaz, porque reúne las condiciones por las que la oración es infalible: petición de gracias sobrenaturales, impulso de la caridad, unión con el Sagrado Corazón de Jesucristo, y según los deseos de la Santa Iglesia.

Le suplico al Señor que os inspire entregaros este curso a esta vocación de apóstoles de la oración, en una vida de oración.

Navegación de la NIÑA III

Las circunstancias que han rodeado desde la botadura de la Niña III hasta su llegada a La Gomera, última escala de Colón en Las Canarias, antes de su travesía del octano Atlántico, con retrasos inesperados, han motivado que nuestros tripulantes, los de nuestra Unión Seglar de Barcelona, y del Capellán de la carabela, Javier Borrull, hayan tenido que desembarcarse en La Gomera y regresar a Barcelona. La salida des pues de la navegación hasta La Gomera, se difiere hasta el último día de Septiembre o Primeros días de Octubre. No ha sido posible otra cosa. Lo cual supone que el regreso, una vez llegados a las orillas americanas, se calculaba para el mes de Diciembre, a todas luces un tiempo excesivo para los estudios en curso por un lado, y las obligaciones parroquiales por otro. Con gran dolor, después de haber realizado una tercera parte de la navegación han tenido nuestros marineros seminaristas que dejar la empresa. Les ha costado mucho vencimiento, pues hasta desde un punto de vista juvenil la aventura y viaje inédito, les seducía la empresa de la Niña III. Cuánto más que se trataba de una llamada a la conciencia católica y una afirmación de Religión y Patria ante la faz del mundo. E! no poder ser heraldos de los gritos de nuestras acampadas y marchas, “por Cristo, por María, por España, más, más y más”, les ha dolido sobremanera, puesto que con esa única ilusión se embarcaron a las órdenes del Capitán Etayo, que con sacrificio promovió la empresa. Pero el deber está por encima de toda otra consideración y así han tenido que proceder.

Sin duda que su sacrificio va a redundar en un éxito sobrenatural impensado para bien de nuestra Patria y de toda la Hispanidad. Que sea ésa, la intención de vuestras oraciones de cada día, al encomendar a Dios un feliz resultado para la Niña III.