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Abandonaré esta casa

“Un día Jesús me dijo: Abandonaré esta casa… porque hay cosas que no Me gustan en ella. Y la Hostia salió del tabernáculo y descansó en mis manos y yo [con] alegría La coloqué en el tabernáculo. Eso se repitió otra vez y yo hice con Ella lo mismo, sin embargo [eso] se repitió la tercera vez y la Hostia se transformó en el Señor Jesús vivo, y Jesús me dijo: No Me quedaré aquí más tiempo. De repente, en mi alma se despertó un inmenso amor a Jesús y dije: Yo no Te dejaré ir de esta casa Jesús. Y Jesús desapareció nuevamente y la Hostia descansó en mis manos. Otra vez La puse en el cáliz y La encerré en el tabernáculo. Y Jesús se quedó con nosotras. Durante tres días traté de hacer la adoración reparadora.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 44.

Nuevos misioneros

“Ese testimonio vivido y predicado de Cristo Jesús como el Señor, como luz para la vida, como principio y fin de la existencia humana como hermano del hombre en el plan salvador de Dios, es la gran novedad que mueve a sucesivas generaciones de misioneros. Ellos llegan sobre todo de la península Ibérica: franciscanos, mercedarios, dominicos, agustinos, jesuitas, capuchinos y otras órdenes religiosas. Luego se asocian también los procedentes de otras naciones. Así, año tras año en el decurso de varios siglos, hasta nuestros días, hasta que la fe en Cristo se consolida con raíces propias en la nueva cristiandad. La fe en Cristo Salvador y el servicio a la misma, es lo que atrae a los predicadores del evangelio; es lo que los hace servidores del hombre que encuentran en las nuevas tierras, en quien su fe les hace descubrir al hombre hermano, al redimido por Cristo, al hijo del único Padre, Dios.” San Juan Pablo II, Ante el V centenario de la evangelización de América, p. 24.

Mensajes del Caudillo: La forja de la nacionalidad

“Los españoles somos solidarios en el destino, no podemos hurtarnos a los dictados de la geografía y de la historia; a golpe de invasiones se forjó nuestra nacionalidad. Mucho antes que otros pueblos, España ya era nación, y al templarse nuestro carácter en la lucha fuimos fieros defensores de nuestra independencia y proyectamos nuestro ingenio por el mundo, hasta que la invasión de doctrinas extrañas acabó sumiéndonos en la decadencia. El secreto para anularnos o vencernos fue siempre el mismo: el dividirnos interiormente. Así perdimos los mejores años en que el mundo se transformó, con un siglo de constantes luchas intestinas. Aquella España que ni a unos ni a otros nos gustaba, nos empujó a la Revolución. Esta vino a romper con aquellos años tristes de decadencia para cambiar la suerte de nuestra Patria. Nuestra guerra, en los dos bandos, fue una lucha por nuestra liberación.” Francisco Franco, Mensaje en la inauguración de la Institución Sindical de Formación Profesional “San Vicente Ferrer” de Valencia, 17 de junio de 1962.

Héroe de nuestros tiempos

“A medida que hemos profundizado en las entretelas de ese «poder tutelar e inmenso» que se adueña de los pueblos sin tradición hemos ido tropezándonos con mayores animadversiones e intentos de tergiversar nuestro pensamiento, procedentes por igual de los negociados de derecha e izquierda; y es natural que así sea, pues tales animadversiones y tergiversaciones las dicta ese rechazo instintivo -muy sagazmente detectado por Leonardo Castellani- que quienes viven en tiempo presente (¡Y disfrutan de las ventajas y sobornos del tiempo presente!) sienten hacia el profeta que vive en tiempo futuro, al que desean empujar hacia la soledad, silenciar y finalmente matar, siquiera civilmente. Siendo sinceros, este designio lo han ido cumpliendo implacablemente durante todos estos años: negar que estamos cada vez más arrinconados sería tanto como vivir en un mundo de fantasía. Siendo también sinceros, hemos de reconocer que nos lo hemos ganado a pulso. Pero, aunque desde la soledad y el desprestigio las dentelladas de los chacales hieren mucho más, mientras tengamos voz no hemos de callar, «por más que con el dedo, / ya tocando la boca, o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo». Y: además, siempre habrá alguien como tú, querido lector, dispuesto a abandonar el redil y acompañarnos en el destierro. Mil gracias por tu sacrificio y tu lealtad.” Juan Manuel de Prada, Revista Verbo, nº 535-536, mayo-junio-julio 2015, p. 383.

Convencer

“Aron atribuye tres características a la ideología. En primer lugar, potencial emocional, en segundo lugar, justificación de intereses y, en tercer lugar, apariencia de estructura lógica. Vallet de Goytisolo entiende que en Aron no hay tres sino cuatro características básicas de la ideología, aunque en la enumeración del francés sólo aparecen las tres aquí citadas. Vallet introduce como cuarto elemento el carácter parcial y partidista que, obviamente, es una conclusión de las tres anteriores. Característica, esta última, a la que Fernández de la Mora, como se verá, presta gran atención. El potencial emotivo refleja la función de la ideología que no es otra que la persuasión y movilización, su función, es básicamente, convencer. La justificación de interés, de indudable conexión con la definición marxista de este concepto, se basa en el carácter instrumental de la ideología como elemento al servicio de la voluntad de clase. Por último, la apariencia lógica tiene que ver, como señala el propio Aron, con las otras dos características que el revestimiento especulativo de la ideología tiene, también, un sentido persuasivo y justificatorio.” Carlos Goñi Apesteguía, Revista Razón Española, septiembre-octubre 2015, p. 177.

El orden y el desorden

“Las dos exigencias de la soberanía social son las que hacen que exista, y no tiene otra razón de ser, la soberanía política, y esas exigencias producen estos dos deberes correspondiente para satisfacerlas, los únicos deberes del Estado: el de protección y el de cooperación. De la ecuación, de la conformidad entre esa soberanía social y esa soberanía política, nace entonces el orden, el progreso, que no es más que el orden marchando, y su ruptura es el desorden y el retroceso. Entre esas dos soberanías había que colocar la cuestión de los límites de Poder, y no entre las partes de una, como lo hizo el Constitucionalismo.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, p. 47.

Revolución conservadora

“Pero la revolución no sólo está formalmente gastada, como todas las voces de las que se abusa, sino que está esencialmente corrompida, como todos los vocablos que se apartan de su verdadera significación. Efectivamente, en su auténtico sentido, una revolución es, como dice Ortega, una rebelión Uno contra los abusos, sino contra los usos”. Se trata, pues, de una reacción frente a lo establecido y consuetudinario. Pero cuando las revoluciones, como está aconteciendo en la Unión Soviética, se prolongan durante decenios, entonces se convierten en conservadoras de sus propios usos, en mantenedoras del statu qua, en tradicionalistas y, por tanto, en contrarrevolucionarias. La longevidad, que es el ideal de cualquier política conservadora, es, en cambio, el más grave peligro de toda política revolucionaria, puesto que, o demuestra su impotencia para concluirse, o la conduce al absurdo de negarse a sí misma.” Gonzalo Fernández de la Mora, Revista Razón Española, julio-agosto 2015, p. 5.