Páginas extraídas sin título - copiaMeditaciones del Padre Giovanni Salerno, msp

2ª estación: Jesús con la cruz a cuestas

V/. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibio

R/. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

V/. Te adoramos, Cristo Señor, y te bendecimos.

R/. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según Mateo (27,27-31)

Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y, doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: “¡Salve, rey de los Judíos!”; y, después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.

Encontrándome en Patria, un pueblo al borde de la selva amazónica; he visto a unos indios semidesnudos condenados a cargar sobre sus hombros, arrastrándolos como mejor podían, gruesos troncos que entregaban al chofer del camión de su patrón. Estos indios son tratados como animales, sin ningún salario, salvo un puñado de hojas de coca, que el patrón les da para que no sientan el hambre, y un poco de trago. Y no pueden salir del territorio de su patrón, porque están siempre vigilados por caporales que son unos verdaderos esbirros, llamados “kamachicuk: de manera que se les impide cualquier intento de fuga, bajo pena la muerte.

Jesús en el Evangelio nos dice que ha venido “para anunciar a los pobres la Buena Nueva, para proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos” (Lc 4, 18). ¿Quién irá hasta la selva amazónica o la Cordillera an¬dina a llevar el jubiloso anuncio de Jesús, continuando su misma misión?

Padre nuestro…

O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta
Mater Unigeniti!

Quae moerebat et dolebat
pia Mater dum videabat
Nati poenas inclyti.

¡Oh cuán triste y afligida
fue aquella bendita
Madre del Unigénito,

que lloraba y se dolía,
Madre piadosa, viendo
las penas del indito Hijo!

Santa Madre, yo te ruego:
¡graba aquí en mi corazón
las heridas del Señor!

O también:

V/. Señor, pequé: ten misericordia de mí.

R/. Pecamos, y nos pesa: ten misericordia de nosotros.