hitoIsabel

Madre de los hombres

Ofrezcan todos los fieles súplicas apremiantes a la Madre de Dios y Madre de los hombres para que ella, que ayudó con sus oraciones a la Iglesia naciente, también ahora, ensalzada en el cielo por encima de todos los ángeles y bienaventurados, interceda en la comunión de todos los santos ante su Hijo hasta que todas las familias de los pueblos, tanto los que se honran con el título de cristianos como los que todavía desconocen a su Salvador, lleguen a reunirse felizmente, en paz y concordia, en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Santísima e indivisible Trinidad. (Lumen Gentium 69)

Madre de San Agustín

Mención especial merece una mujer a la que los cristianos debemos gratitud inmensa, Santa Mónica, la madre de San Agustín, «el mayor sembrador de ideas de la humanidad después de San Pablo». Su hijo le dedica los seis últimos capitulas del libro IX de sus confesiones con ternura dulcísima. A su padre apenas le nombra. No guardaba de él buen recuerdo, como se ve leyendo entre líneas, pues tiene la elegancia de no hablar mal de su padre. Escogeré dos anécdotas de su madre, sumamente instructivas.

Nos dice que su madre no fue siempre santa, sino que se fue santificando poco a poco. De chiquita tuvo un defecto, que hubiera sido dañosísimo. Aunque tuvo una anciana sirvienta, de gran confianza en la casa, que la educaba con suma austeridad y hasta le tasaba el agua, para que no se aficionase al vino, llegó a tomarle gusto. Sus padres la mandaban a la bodega a subir el vino para las comidas. La niña, al sacarlo, lo probaba, y como se repetía todos los días, poco a poco vino a acostumbrarse y tomarle gusto. Pero el Señor la curó de esta manera. Un día bajó con una criadita de su edad a la bodega, y allí riñeron las niñas. La pequeña criada dijo a su señorita: borrachina. No volvió a probar el vino. ¡Bien notado! Dice San Ignacio de Loyola que un acto intenso vale más que mil remisos. Persona tan inteligente y tan pundonorosa como la madre de Agustín, no necesitó más para quedar curada. (P. Jesús González-Quevedo, s.j.)

Mantener nuestra esperanza

Estamos en la misma situación de Abraham cuando llegó a una edad avanzada sin tener descendencia. Ahí fue “abundantemente bendecido con las promesas de Dios cumplidas en Isaac, y fue purificado por la prueba del sacrificio. Esperando contra la esperanza, creyó, y se volvió de esta manera el padre de numerosas naciones”. Nosotros también debemos mantener nuestra esperanza, a pesar de que naturalmente es poco o nada lo que podemos esperar de la sociedad contemporánea, porque estamos seguros de que un día las acciones de Dios se manifestarán en medio de nosotros.

Nuestra impaciencia nos hace dudar de lo que es cierto, pero no debemos dudar de que la ayuda de Dios llegará. (Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)

Los planes de Dios se realizarán

No, no lo es. Lo sería si alguien confundiera la cristiandad con ciertas maneras y costumbres de otros tiempos. Pero no lo es si se entiende que la Biblia y el magisterio de la Iglesia nunca han cesado de enseñar que los planes de Dios se realizan. Exteriormente, puede parecer que lo inmediato no va por aquí. Pero hacemos nuestras estas palabras del P. Enrique Ramière: “Con la escuela de la desesperación, desesperamos de los hombres, pero esperamos más que en ella de la misericordia de Dios”. Y el deber de los cristianos es trabajar incansablemente por el reinado de Jesucristo, que no es un ideal nostálgico ni estático, sino dinámico, lanzado a la mayor empresa de la gloria de Dios y del bien de los hombres. (Mn. José Ricart Torrens)

Homosexualidad y esperanza

Aquellos que sostienen que el cambio de orientación sexual es imposible, generalmente definen el cambio como la liberación total y permanente de toda conducta homosexual, de fantasías o de atracción en una persona que había sido anteriormente homosexual en su conducta o su inclinación. (Tripp 1971) Aun cuando el cambio sea definido en esta forma extrema, la afirmación no es cierta. Numerosos estudios reportan casos de cambio total. (Goetz 1997). (Asociación Médica Católica – AMCA)

La mujer

Edith Stein

Tomemos en fin, el no pequeño número de las que tomaron una profesión según su deseo e inclinación y destacan en ella, entonces se encuentran entre ellas muchas que después del entusiasmo inicial descubren que no llenan sus expectativas y aspiran ardientemente a algo diferente. Quizá consista en que se esforzaron por ocupar su puesto «exactamente como un varón»; no buscaron los medios y los caminos, o tampoco los han encontrado, de hacer que su carácter llegue a ser fructífero en la vida profesional y la naturaleza negada y reprimida exige sus derechos.

 Virtud de los ángeles

Las sentencias de los santos son unánimes. Así san Gregorio dice: «No es lícito mirar lo que no es lícito desear» o «El verdadero cristiano mira todas las cosas, ya ahora, con la luz que desea tener en la eternidad». San Agustín: «El que ve a Dios, no vive ya la vida de los sentidos; o ha abandonado realmente el cuerpo por la muerte, o está fuera de él en espíritu». «Un día, escribe la Madre Sacramento, rogaba al Señor no ofenderlo contra la pureza ni aún con el pensamiento… Después de la Comunión tuve la certeza de que no tendría más tentaciones; y desde aquel momento así fue en efecto.» Y el P. Granada. “Con la humildad está muy segura la castidad, que es propiamente virtud de ángeles”. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Mejor formación cristiana

La novedad de esta tarea evangelizadora a la que se exhorta a la Iglesia, consiste, principalmente, en determinar y utilizar nuevos métodos que resulten apropiados para los tiempos actuales. Pero también, en estos tiempos en que la tentación para los cristianos de acomodarse a las circunstancias, conformándose con la vida muelle proporcionada por la sociedades desarrolladas puede ser más fuerte, en resaltar que la misión de evangelizar nos corresponde a todos los católicos, sobre todo a los que vivimos en naciones de historia católica cuando éstas naciones se apartan más y más de la herencia cristiana. Y por ello mismo, en destacar que para que esa evangelización sea eficaz, es necesario adquirir la mejor formación en el conocimiento de la doctrina que decimos profesar. Todo ello acompañado de una vida auténticamente cristiana. En definitiva, en huir de conformarse con un catolicismo light. Ante la situación de las otras naciones católicas, en las que hoy tan sólo perdura una herencia cristiana, cada vez más tenue y dilapidada, la Iglesia nos exhorta para que, plenamente conscientes de esta situación, pongamos todo lo que está en nuestras manos, para modificar ese desolador panorama y poder retornar, de una forma renovada, a unas sociedades cristianas. (Estanislao Cantero – Verbo)