historiaMarcelino Menéndez y Pelayo
Cultura Española, Madrid, 1941

No podía pensar de otra manera, ante la amenaza de la escuela laica, quien en «La ciencia española» había dejado escrita la profesión de fe más completa y más firme que pudiera imaginarse:

«Soy católico -dice allí- no nuevo, ni viejo, sino católico a machamartillo, como mis padres, como mis abuelos, y como toda la España histórica, fértil en santos, héroes y sabios bastante más que la moderna. Soy católico, apostólico, romano, sin mutilaciones ni subterfugios sin hacer concesión alguna a la impiedad ni a la heterodoxia en cualquiera forma que se presenten, ni rehuir ninguna de las lógicas consecuencias de la ,fe que profeso, pero muy ajeno, a la vez, de pretender convertir en dogma las opiniones filosóficas de este o el otro doctor particular por respetable que sea en la Iglesia.»

Era inexcusable transcribir las amplias citas que anteceden para dejar bien señalados los rasgos de estos tres perfiles que interesaba dejar aquí registrados de la recia personalidad de Menéndez y Pelayo: su catolicismo, su amor a la patria y su fe monárquica.

Pretender otra cosa, fuera empeño osado para cualquiera, después de haber escrito del Maestro don Adolfo Bonilla (1) y don Miguel Artigas (2); y, singularmente, para la pluma que pergeña estos renglones, pasaría tal designio a la categoría de pretensión descabellada. Al propósito que inspira estas páginas, basta con lo que apuntado queda.

(1) Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912). Inserto en cabeza del tomo IV de los «Orígenes de la novela», Madrid, 1915.

(2) Miguel Artigas, Menéndez y Pelayo. 1 vol. de 310 págs. (Madrid. 1927).