franco iglesia

P. Manuel Martínez Cano, mCR

Con pocas horas de intervalo, he recibido dos noticias. Una por correo electrónico y otra personalmente. Mi amigo me ha dicho que el excelente historiador Pío Moa ha manifestado, en una conferencia, que el silencio largamente mantenido sobre Franco debe terminar porque “la democracia seguirá enferma mientras no se haga justicia a Franco”.

El correo viene de un lector de Contracorriente que nos felicita por la publicación “Franco y la Iglesia”, de Monseñor José Guerra Campos. Afirma: “No cabe la menor duda que para poder gobernar a un pueblo, de tantos tira piedras, como el español, tiene que ser un santo e inteligente. Y si no dígame ¿qué es de España en estos tiempos?… Está a punto de caer en los vaticinios, temidos por Franco. Peligran la unidad, la grandeza y la libertad con la maraña que han creado”.

En Contracorriente hemos publicado varios artículos sobre Franco: Franco asesino o santo, Franco Santo, Franco hijo predilecto de la Iglesia, Franco Caballero de la Milicia de Cristo y otros. Todos los españoles deberían leer los libros sobre Franco de historiadores auténticos como Luis Suárez, Ricardo de la Cierva, Faustino Moreno Villalba y otros.

Pío Moa está escribiendo mucho estos últimos años. Este valiente y veraz historiador, fue terrorista del Grapo y es agnóstico. Cuando leo sus libros, me vienen a la memoria las palabras de Santa teresa de Jesús: “humildad es andar en verdad”. Vivir en la verdad, escribir la verdad histórica, es humildad y valentía. Pidamos a la Niña Hermosa de Nazaret, a la Humilde Esclava del Señor que Pío Moa conozca y viva en la Verdad, conozca y viva para Cristo, Luz de las Naciones, Rey de reyes y Señor de la Historia.

Francisco Franco fue un niño piadoso, joven profundamente religioso, a los dieciocho años era adorador nocturno. Militar extraordinario, heroico, esposo ejemplar, padre tierno y cariñoso, jefe de Estado Católico, Apostólico y romano. Buenos intelectuales lo han puesto a la altura de Cisneros, Felipe II. . . “la espada más limpia de Europa” (Pétain). Monseñor José Guerra Campos a escrito que, Franco ha sido la persona más alabada por la Iglesia Católica en vida y después de su muerte en los últimos siglos. Muchos tenemos la certeza moral que fue santo.

Al leer el Testamento de Franco, el Beato Pablo VI dijo: “me he equivocado con este hombre”. Muchos se equivocaron, otros le odiaron y luchado contra el régimen político de Franco con las armas de la mentira, la denigración, la calumnia. En realidad, como ha dicho Guerra Campos, luchaban contra la Iglesia, contra la Doctrina social y política de nuestra santa Madre Iglesia.

Testamento de Franco

“Españoles:

Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante Su inapelable Juicio, pido a Dios que me acoja benigno a Su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir.

Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquéllos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.

Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre.

Por el amor que siento por nuestra Patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, Don Juan Carlos de Barbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis , en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido.

No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros, y para ello deponed, frente a los supremos intereses de la Patria y del pueblo español, toda mira personal.

No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo.

Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la Patria.

Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte: ¡Arriba España! ¡Viva España!

Madrid, 20 de noviembre de 1975”