hitoIsabel

Amor especial

En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser. (Lumen Gentium 103)

La mujer

Edith Stein

Frente a esta triste situación, se pueden sin embargo encontrar en todos los círculos de vida verdaderas heroínas, que tanto en la vida de familia como en la profesión y en lo escondido del claustro realizan milagros de laboriosidad. Cada uno de nosotros las conoce en los anales de la Iglesia, pero también por la propia experiencia: las madres de las que emanan todos los calores y luz del hogar, que no sólo educan a los nuevos hijos propios y les dan una plenitud de bendición en todo su camino de vida y la comunican a las generaciones venideras y mantienen un gran corazón para toda necesidad ajena; las pequeñas maestras y empleadas que, con su sueldo sostienen a toda una familia, que acuden a todos los quehaceres domésticos primero y después saben llevar tiempo y dinero para diferentes fines de la Iglesia y de la caridad; las religiosas que, en la oración nocturna, luchan por las almas en peligro y hacen ejercicios voluntarios de penitencia e interceden por los pecadores. ¿De dónde les vienen las fuerzas para realizar los actos que a menudo sólo se podrían explicar de modo natural como imposibles?, y ¿aquella paz inalterable y serena alegría aún en la más fuerte carga de nervios y de tensiones?

El orden social es de Dios

Sólo en Él se puede encontrar la salud del mundo con sus estructuras y del hombre con sus problemas. No hay en ningún otro salud. Un tal estado de cosas reclama la intervención no sólo – como es evidente – de la Iglesia docente y jerárquica, sino también de todos los cristianos empeñados en el campo social. Se trata de subrayar la necesidad de impregnar de sentido cristiano todos los campos de la vida humana. Tal ha sido siempre la voluntad de Cristo y es la expectativa de una parte de la humanidad, cansada de vivir en las construcciones ruinosas del mundo de hoy.

La que nos recuerda Beato Pablo VI: “El cristianismo tiene la virtud de infundir esperanza y de dar vida, y no solamente en su orden propio, el religioso y sobrenatural, sino de infundirla también en el orden profano y natural” (20-XII-1968). (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)

El orden del mundo

Con razón el padre Pío, que profetizó una edad de oro para la religión el año 2000, aseguraba: “El orden del mundo será restablecido definitivamente por las mujeres, que son las únicas capaces de dominar y dirigir a los hombres”. Pero será, sin duda, con las cualidades femeninas, ya ponderadas, que cantaron bellamente los hermanos Quintero en Puebla de las mujeres:

“Al hombre yo le comparo

con un barquito de vela;

y a la mujer con el aire,

que adonde quiere le lleva”

Como el aire, con cualidades femeninas. De lo contrario, pobres hombres y pobres familias. Dice San Agustín: ¿Quid peius domo, ubi femnina habet imperium super virum? ¿Qué hay peor que una casa, donde la mujer manda sobre el marido? Y San Ignacio, que también había sido cocinero antes que fraile, escribe:

“El enemigo se hace como mujer en ser flaco por fuerza y fuerte de grado: porque así como es propio de la mujer, cuando riñe con algún varón, perder ánimo, dando huída cuando el hombre le muestra mucho rostro; y por el contrario, si el varón comienza a huir perdiendo ánimo, la ira, venganza y ferocidad de la mujer es muy crescida y tan sin mesura; de la misma manera es propio del enemigo enflaquecerse y perder ánimo, dando huída a sus tentaciones, cuando la persona que se ejercita… , pone mucho rostro contra las tentaciones”. (P. Jesús González-Quevedo, s.j.)

Transformar desde dentro

Evangelizar, dice el Beato Pablo VI, “significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar la misma humanidad”. Abarca, pues, una doble dimensión: personal y social. No es sólo el hombre individual, cada hombre, quien debemos convertirnos por medio del bautismo y la vida de Cristo; también la vida de los hombres en sociedad es la que tiene que convertirse a Cristo. El mismo Beato Pablo VI lo decía con toda claridad: “Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay, en primer lugar, hombres nuevos, con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es, por consiguiente, este cambio interior, y, si hubiera que resumirlo es una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos”. (Estanislao Cantero – Verbo)

Homosexualidad y esperanza

Algunos de los que consideran la terapia como no ética también disputan las teorías establecidas de desarrollo infantil (Davison 1982; Menvielle 1998) Ellos tienden a culpar de opresión social a los problemas innegables que sufren los adolescentes y adultos homosexuales activos. Todas las conclusiones de las investigaciones tienen que ser evaluadas teniendo en cuenta la parcialidad de los investigadores, lo que afecta sus resultados. Cuando la investigación está impregnada de una agenda política reconocida, su valor está muy severamente limitado.

Debiera señalarse que los católicos no pueden apoyar formas de terapia que fomentan el reemplazo de un pecado sexual con otro. (Schwartz 1984) Algunos terapeutas, por ejemplo, no consideran a un paciente como “curado” hasta que pueda envolverse cómodamente en actividades sexuales con el sexo opuesto, aunque el paciente no esté casado. (Masters 1979) Otros estimulaban al paciente a masturbarse empleando imaginaciones heterosexuales. (Blitch 1972; Conrad 1976). (Asociación Médica Católica – AMCA)

Palabra de Dios y amor

La vivencia de la Palabra de Dios se expresa en el amor. Un amor caritativo que compartimos entre las hermanas, y que enviamos al mundo por medio de la oración. Es curioso, si bien la vida en clausura nos exige una gran austeridad, en el amor no debemos ser nada austeras, todo lo contrario, debemos derrocharlo a manos llenas. Recibimos el amor de Dios gratis y abundantemente, y nosotras lo compartimos y lo damos a la humanidad gratis y abundantemente. (Monjas Dominicas y Julián de Cos – Vida Sobrenatural)

Castidad y biología

Médicos y sabios no han dejado de valorar esta virtud.

Vermeersch: “La mayor parte de los hombres, aun los de más puras costumbres, tienen que luchar contra la propensión natural de la lujuria”.

Guibert: “Por regla general… la castidad es un verdadero triunfo. Salvo raras excepciones, en el ser humano se libran rudos combates entre la razón y los sentidos… Confesar que sois tentados es simplemente confesar que sois hombres”.

Hahn-Hahn: “Los castos son los fuertes”.

  1. Paull: “Ningún médico responsable ha podido ni podrá establecer que para la salud del cuerpo convenga dar rienda suelta al instinto sexual”.

Martínez Vargas. “Es completamente errónea la teoría de que la castidad va contra la ley biológica de la salud, siendo así que la fisiología demuestra todo lo contrario: que todo lo prematuro conduce a la degeneración. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)