Una Epopeya misionera

P. Juan Terradas Soler C. P. C. R.

La Historia es de todas las ciencias la que más expuesta se halla a padecer el pernicioso influjo del prejuicio religioso y político, y el historiador, que debiera escribir imparcialmente, despojándose de toda idea preconcebida y sin más propósito que el de descubrir la verdad, se muestra casi siempre apasionado en sus juicios, parcial en la exposición de los hechos y hábil en omitir los detalles que destruyen su tesis y en acentuar los que favorecen su finalidad.

(Julián Juderías, de la Real Academia Española de la Historia, 1910).

Las pasiones religiosas, unidas al filosofismo de las logias y de los autores librepensadores del siglo XVIII, han inventado e impuesto a la opinión pública una imagen caricaturesca de España, que aún no se ha borrado… Las mismas prevenciones e idéntica injusticia encontramos cuando se trata de juzgar la obra colosal -y admirable- realizada por los españoles en América.

(Luis Bertrand, de la Academia Francesa, 1933.)

 

España inmortal, católica y hacedora de pueblos, que ha sufrido -por ser lo uno y lo otro- los agravios de la envidia y las calumnias de los enemigos de su fe.

(Rómulo Carbia, de la Universidad de Córdoba (Argentina), 1944.)

Bien sabemos que no han faltado enemigos y detractores de la obra de España en América, y una crítica hostil ha pretendido oscurecer con negros velos de falsa leyenda desde la actitud de los teólogos de Salamanca frente a los proyectos de Colón, hasta la obra entera de colonización que España llevó a cabo en el Nuevo Mundo.

(Mons. Cicognani, Nuncio de Su Santidad en España, 11-X-1943)

España, en las historias que han predominado, durante siglos, sobre su actuación en América…, ¿ocupa el lugar, justo que le señalan los hechos, no las malas voluntades, o, por el contrario, son la exageración, la mentira, la calumnia, las que la han desplazado, deshonrándola…? La obra de España en América está hoy por encima de las exageraciones domésticas de Las Casas, y de las cicaterías de la envidia extranjera.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

Mutilando a menudo, o remitiendo astutamente a la penumbra, lo que forma como los ejes claves de la Historia, han dado en disimular por el silencio los fastos gloriosos y las gestas memorables, mientras ocupaban toda su atención en señalar y exagerar lo que con temeridad o menos rectamente se había podido obrar.

(León XIII: Seapenumero, considerantes, 1883.)