Isabel

La mujer

Edith Stein

Los tiempos modernos se caracterizan por el fuerte deseo de las mujeres de dedicarse en la Iglesia al trabajo pastoral y caritativo. Tampoco faltan intentos y esfuerzos para obtener nuevamente la consagración eclesiástica de estas actividades, y puede ser que un día estas peticiones encuentren respuesta. El problema radica en si no será esto un primer paso por el camino que quisiera alcanzar el sacerdocio de la mujer. Desde el punto de vista dogmático no me parece que existan razones que impidan a la Iglesia actuar esta innovación a la que hasta ahora no se ha querido escuchar. Si eso sea recomendable desde un punto de vista práctico, hay motivos a favor y en contra. En contra habla toda la tradición desde los primeros tiempos hasta ahora.

Descristianizar Europa

Este populismo responde a la visión del “buen revolucionario” descrita por Carlos Rangel, mientras el surgido en Europa y Estados Unidos es más bien contrarrevolucionario: se enfrenta , de manera imprecisa por ahora , a la revolución del integrismo laicista de los partidos políticos, que como una prolongación de la ilustración según la interpretación jacobina, intenta deseuropeizar Europa descristianizándola, lo que equivale a descivilizarla, como está ocurriendo aceleradamente desde las dos o tres últimas décadas. (Dalmacio Negro – VERBO)

Dominar la carne

La pureza, fuente de paz, de santa jovialidad, de bendiciones temporales, de fuerza espiritual, de saludable influencia social, de recuerdos dulces en la vejez, de consuelo en la muerte y de gloria especial en el Cielo. “La salvaguardia de la castidad es uno de los principios ancestrales del cristianismo. La Iglesia la ha predicado hasta en las épocas de mayor corrupción y la ha fomentado con la institución de órdenes Religiosas… Debemos ser castos en pensamientos, palabras y obras. Dominar la carne es llevar la cruz que nos hará entrar en el Cielo… Es la gloria del sacerdote católico. Es necesaria para la salvación. Facilita la vida de oración, y la dedicación al servicio de Dios”. (Pensamiento de Torras i Bages). (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

El Estado y la Iglesia

Conformar las leyes y actos de gobierno a los principios naturales y cristianos enseñados e interpretados por el magisterio auténtico de la Iglesia Católica, procurando la instauración de estructuras políticas y sociales que, sirviendo al bien común temporal, faciliten al hombre la consecución de su fin último sobrenatural.

Preservar la general creencia religiosa del pueblo español frente a los ataques que puedan menoscabarla, sin perjuicio del debido respeto a los legítimos derechos de la persona y de los criterios que se deriven de las realidades sociológicas de la nación y en última instancia del bien común de los españoles y de la Iglesia Universal.

El Estado y la Iglesia, como sociedades perfectas y soberanas en sus respectivos órdenes natural y sobrenatural concordarán, mediante los protocolos e instrumentos jurídicos idóneos sus mutuas relaciones y su respectiva intervención y competencia en aquellas materias en las que confluyan aspectos e intereses temporales y sobrenaturales. (Comunión Tradicionalista Carlista)

Homosexualidad y esperanza

Hadfield, publicó la curación de ocho homosexuales: “por cura no quiero decir… que el homosexual sea capaz de controlar su inclinación… Ni… quiero decir que el paciente se encuentre capaz de tener relaciones sexuales y tener hijos; porque podría ser capaz de hacer esto con la ayuda de fantasías homosexuales. Por “curación” quiero decir que pierde su inclinación hacia su mismo sexo y tiene sus intereses sexuales dirigidos hacia personas del sexo opuesto, de modo que llega a ser, en todos los aspectos, una persona sexualmente normal”(Asociación Médica Católica – AMCA)

Ser informe y vacío

Un ser inerte sin amor a su destino y, a la par, en permanente estado de agitación; un ser dispuesto a someterse a rigurosas disciplinas y, a la vez, capaz del mayor desenfreno; un ser insociable incapaz de decir tú de verdad y, al mismo tiempo, dispuesto a formar parte de masas en medio de las cuales permanece trágicamente solo. Este “ser informe y vacío, sin interés en sí” sólo sirve, como “unidad de trabajo o de fuerza” para fines prácticos o de cara al espectáculo. (Ana Llano Torres – RAZÓN ESPAÑOLA)

 

Manipulación política

Esta lucha entre las diversas concepciones de la vida produce en el pueblo un primer efecto de confusión y desconcierto, y, tras un breve paréntesis de estabilidad por razones sociológicas, provoca un “estado de delicuescencia” de ideas y convicciones. Los pueblos suelen carecer de posibilidades para someter el aluvión de opiniones a severo análisis, y tomar opción personal. Al ser hostigados por corrientes de pensamiento opuestas, se entregan a una actitud de indiferencia que es caldo de cultivo para toda acción disolvente. En los momentos de indecisión ética, de resistencia a comprometerse con ideales firmes, los pueblos son fácil presa de los profesionales de la manipulación política. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)