El Consiliario

Corazón de María, templo de La Paz, ruega por nosotros

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El democratismo es la eclosión de todas las libertades de perdición, el pórtico de la perdición eterna del infierno.

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Muchos religiosos no entienden que, con el voto de obediencia, ofrecieron conscientemente a Dios su libertad personal.

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Desconfiemos de nuestras propias fuerzas para salvarnos, pero estamos seguro que Dios nos dará las gracias que necesitamos para salvarnos.

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El católico que participa en el Santo Sacrificio de la Misa, convierte su vida diaria en un interrumpido acto de adoración, alabanza y amor de Dios.

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No me acostumbro a oír: ” mi papá tiene novia”, “ mi mamá tiene novio”, “mis padres se han divorciado”. Lo que más se graba son las caras tristes de estos niños y niñas.

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La igualdad de los hombres no es un descubrimiento de la Revolución Francesa. La igualdad esencial de los hombres y el valor de la persona humana lo ha enseñado la Iglesia siempre.

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Si queremos ser santos, si queremos salvarnos, debemos cumplir siempre la Ley de Dios. Déjense de monsergas, que el infierno existe. La Ley de Dios es la voluntad de Dios que el hombre debe cumplir para salvarse.