“No; no basta decir que el escapulario es una señal de salvación. Yo sostengo que no hay otra que haga nuestra predestinación tan cierto cómo está…” (San Claudio de la Colombière, SJ).

1.- Es un signo de alianza con la Virgen María, porque usando lo expresamos nuestra consagración a Ella.

2.- Es una señal de salvación, pues quien muriere con él no padecerá el fuego eterno.

3.- Nuestra Señora libertará del Purgatorio, el primer sábado siguiente a la muerte, al que lo haya llevado devotamente.

4.- Es una protección en todos los peligros.

El escapulario del Carmen consagración a la Virgen

El Escapulario del Carmen, como dádiva de Nuestra Señora es el símbolo de una consagración. Fue la misma Madre de Dios quien hizo alusión a ésta, cuando le dijo a San Simón Stock, la gloriosa madrugada del 16 de julio de 1251: “… es un pacto de paz y amistad que hago contigo y con todos los Carmelitas”. Como si dijera: quiero que esté pacto que hago contigo, cimentado en una eterna amistad, sea expresado por mi escapulario, como símbolo de la consagración que me haces a Mí al recibirlo. En este sentido, San Juan Pablo II afirma: “la forma más auténtica de devoción a la Virgen Santísima, expresada mediante el humilde signo del Escapulario, es la consagración a su Corazón Inmaculado”.

La voz de la Iglesia

Muchos Papas se han manifestado de votos del Escapulario a lo largo de los siglos. Ni más ni menos, sobresalen a lo largo de los siglos, veinte pontífices que promulgaron bulas apostólicas, concediendo privilegios al santo escapulario, y colmado de favores a las cofradías del Carmen.

San Juan Pablo II, en el referido Mensaje a la Orden del Carmen, con motivo del 750 aniversario de la entrega del escapulario, comenta:

“Son dos las verdades evocadas en el signo del escapulario: por una parte, la protección continua de la Virgen Santísima, no solo a lo largo del camino de la vida, sino también en el momento del paso hacia la plenitud de la gloria eterna; y por otra, la certeza que la devoción a ella no puede limitarse a oraciones y homenajes en su honor en algunas circunstancias, sino que debe constituir un “hábito” es decir, una orientación permanente de la conducta cristiana, impregnada de oración y de vida interior, mediante la práctica frecuente de los Sacramentos y la práctica concretas de las obras de misericordia espirituales y corporales.

De este modo, el escapulario se convierte en signo de “alianza” y de comunión recíproca entre María y los fieles, pues traduce de manera concreta la entrega que en la cruz Jesús hizo de su Madre a Juan, y en él a todos nosotros, y la entrega del apóstol predilecto y de nosotros a Ella, constituida no está mal espiritual (…).

También yo llevo sobre mi corazón, desde hace mucho tiempo, el escapulario del Carmen.