Padre Manuel Martínez Cano mCR.

San Francisco de SalesEs palabra de Dios que: “un amigo fiel es un refugio seguro y quién lo encuentra ha encontrado un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio y su valor es incalculable” (Eclesiástico 6, 14-15). Jesús llamaba a los Apóstoles amigos y, como amigos, los trata. La amistad es un afecto personal, puro y desinteresado, que nace y se fortalece con el trato mutuo; es una de las formas del amor cristiano.

La amistad es más perfecta cuanto más excelentes son las virtudes que se comunican los amigos: prudencia, templanza, fortaleza, justicia, humildad, caridad; porque el vínculo que les une es Dios. Se trata de amarnos en esta vida como nos amaremos eternamente en el Cielo, amarnos en Dios; hacernos mutuamente el bien, como Cristo nos enseñó.

La buena amistad no es absorbente, apasionada y exclusiva, como es la amistad sensible. Es un afecto sosegado, constante; no busca las caricias y familiaridades. Va con prudente respeto porque sólo desea comunicaciones espirituales. Uno comunica al otro sus dotes espirituales; se comunican sus pensamientos, propósitos y deseos de perfección cristiana. Y por qué se quieren de verdad, no tienen reparo alguno en avisarse las faltas y ayudarse recíprocamente a corregirlas.

Un amigo es un defensor de la propia virtud; un confidente íntimo en quién confiar mis tristezas y mis alegrías, un consejero íntimo, a quienes confiamos nuestras dudas, para que nos ayude a resolverlas; un consolador que hallará en su corazón las palabras necesarias para suavizar nuestros dolores.

Debemos tener mucho cuidado de no caer en falsas amistades, fundadas en cualidades sensibles o frívolas, con el único fin de pasarlo bien, con el amigo o amiga. Porque, en realidad eso es un egoísmo disfrazado. Queremos al amigo por el placer que siento cuando estoy con él.

Las falsas amistades nacen de la necesidad instintiva que sentimos de amar y ser amados; suelen iniciarse con la pubertad y adolescencia. San Francisco de Sales distingue tres clases de amistades: las carnales, las sensuales y las frívolas. El placer voluptuoso, los placeres sexuales. Las sensuales, se fijan principalmente en las cualidades exteriores y sensibles: ver lo hermoso, tocarse. Las amistades frívolas, fundadas en habilidades vanas, que las personas de espíritus débiles tienen por virtudes, cómo bailar bien, jugar bien al baloncesto, vestir a la moda…

Las amistades sensuales comienza repentina y fuertemente. Son simpáticas, instintivas, que suelen ir acompañadas de emociones apasionadas. Se desarrollan en conversaciones superficiales, miradas frecuentes, apretones de manos, caricias expresivas. Son absorbentes y exclusivas; suelen acabar bruscamente.

Estas amistades sensibles, son uno de los mayores obstáculos para el progreso espiritual, para alcanzar la perfección cristiana. Se pierde la paz del alma, el gusto por el estudio, el trabajo. La imaginación exaltada hace perder mucho tiempo, se pierde la piedad y la fuerza de voluntad. Y es cuando se presentan los peligros para conservar la virtud de la pureza. Y quien se expone al peligro, acaba por caer en él.

Debemos combatir contra las falsas amistades desde el mismo momento que nos damos cuenta. Cortarlas inmediatamente. Agere contra. Hacer lo contrario de lo que siente tu corazón sensible. Confiésate y pon en práctica lo que te aconseja al sacerdote. Jesús te ama de todo corazón. Demuéstrale que tú amas a Jesús en la oración y en el cumplimiento de tus deberes. Sé muy cariñoso con tu familia. Y, si vienen pensamientos impuros, no te preocupes; repite varias veces, en ese momento, y durante el día: Jesús, en Tí confío; Jesús tú sabes que te amo; Madre mía quiero ser hija tuya.

Las experiencias de la vida nos hacen prudentes. Y la prudencia es necesaria para ser santo. Da gracias siempre a Dios.