Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)  (3)

Alejandro VI

img_cuando_descubrio_america_cristobal_colon_1781_apartado_2_origHemos sabido ciertamente cómo vosotros, que desde hace tiempo os habíais propuesto buscar y descubrir algunas tierras e islas remotas y desconocidas, no descubiertas hasta ahora por nadie, con el fin de reducir sus habitantes y moradores al culto de nuestro Redentor y a la profesión de la fe católica, ocupados hasta hoy en la reconquista del reino de Granada, no pudisteis llevar al deseado fin tan santo y loable propósito vuestro. Mas reconquistado por fin el predicho reino por voluntad divina y queriendo poner en ejecución vuestro propósito, designasteis al caro hijo Cristóbal Colón, no sin grandes trabajos, peligros y gastos, para que con navíos y hombres aptos y preparados a tal empresa, buscaran las tierras remotas y desconocidas, por el mar donde hasta ahora no se había navegado; quienes, con el auxilio divino, navegando por las regiones occidentales del mar Océano hacia las Indias, según se dice, han descubierto ciertas islas remotísimas y además tierras firmes, jamás halladas hasta ahora por nadie: en las cuales habitan muchas gentes, que pacíficamente viven, y que, según se dice, andan desnudos y no comen carne; y a lo que vuestros enviados entredichos pueden conjeturar, las tales gentes, habitantes de las antedichas islas y tierras, creen en un Dios hacedor; que está en los cielos, y parecen bastante aptos para recibir la fe católica y serles enseñadas buenas costumbres, confiando en que si se instruyeran, fácilmente se introduciría en dichas islas y tierras el nombre de Nuestro Salvador y Señor Jesucristo: y el citado Cristóbal hizo ya, en una de las principales islas referidas, construir y edificar una torre bien fortificada en que situó varios cristianos de los que había llevado para su custodia y para que desde ella buscasen otras tierras remotas y desconocidas: en las cuales islas y tierras ya descubiertas se han encontrado oro, especias y otras muchísimas cosas preciosas, de distinto género y diversa calidad.

Por donde, habiendo considerado diligentemente todas las cosas y capitalmente la exaltación y propagación de la Fe católica, como corresponde a reyes y príncipes católicos, decidisteis según costumbre de vuestros progenitores, reyes de ilustre memoria, someter a Nos las tierras e islas predichas y sus habitantes y moradores, y convertirlos con el auxilio de la divina misericordia a la Fe católica.