Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)  (5)

Alejandro VI

San Misa en la conquista de AméricaDecretando, no obstante, que por semejante donación, concesión, asignación e investidura nuestra, a ningún príncipe cristiano pueda entenderse que se quita o se deba quitar el derecho adquirido.

Y además os mandamos, en virtud de santa obediencia, que así como lo prometéis, y no dudamos lo cumpliréis por vuestra gran devoción y regia magnanimidad, habréis de destinar a las tierras e islas antedichas, varones probos y experimentados para doctrinar a los indígenas y habitantes dichos en la fe católica e imponerlos en las buenas costumbres, poniendo toda la debida diligencia en todo lo antedicho. Y severamente prohibimos a cualesquiera personas, sean de cualquier dignidad, estado, grado, orden o condición, bajo pena de excomunión latae sententiae -en la cual incurrirán por el mismo hecho si lo contrario hiciesen- que no pretendan ir a las islas y tierras predichas, una vez que sean descubiertas y poseídas por vuestros enviados o mandados para ello, para granjear mercaderías o por cualquier causa, sin especial licencia vuestra y de vuestros herederos y sucesores.

Y porque también algunos reyes de Portugal descubrieron y adquirieron en las regiones de África, Guinea y Mina de Oro otras islas -igualmente por apostólica concesión hecha a ellos-, y les fueron concedidos por la Sede Apostólica diversos privilegios, gracias, libertades, inmunidades, exenciones e indultos, Nos os concedemos a vosotros y a vuestros herederos y sucesores mencionados, que en las islas y tierras descubiertas por vosotros y que se descubrieren, del mismo modo podáis y debáis poseer y gozar libre y lícitamente de todas y cada una de las gracias, privilegios, exenciones, libertades, facultades, inmunidades e indultos, pues queremos que se encuentre expresado e incluido suficientemente en las presentes, como si estuviese aquí transcrito palabra por palabra, para que sea como si a vosotros y a vuestros citados herederos y sucesores hubiesen sido especialmente concedidos. Así, pues, con igual motu, autoridad, ciencia y plenitud de potestad apostólica, y como especial donación graciosa concedemos todo ello, en todo y por todo, a vosotros y a vuestros indicados sucesores y herederos, con la misma extensión y amplitud, no obstante Constituciones y Ordenaciones Apostólicas y todo lo que fuere concedido en Letras dadas después y cualesquiera otras en contrario, confiando en el Señor, de quien proceden todos los bienes; imperios y dominios, que dirigiendo El vuestros actos si proseguís esa santa y laudable empresa, en breve vuestros trabajos y solicitudes conseguirán feliz éxito con bienandanza y gloria del nombre cristiano.

Y como sería difícil hacer llegar las presentes letras a cada uno de los lugares donde sería procedente llevadas, queremos y ordenamos, libre y conscientemente, que a sus transcripciones, e instrumentadas de mano de notario público al efecto rogado, y legalizadas con el sello de alguna persona constituida en dignidad eclesiástica o de la curia eclesiástica, se les tribute y atribuya, en juicio y fuera de él, doquiera fuesen presentadas y exhibidas, la misma fe que se dispensaría a las presentes.

Por consiguiente, ningún humano ose infringir este documento de nuestra exhortación, requerimiento, donación, investidura, hecho, constitución, diputación, mandamiento, inhibición, indulto, extensión, ampliación, voluntad y decreto, o con temerario atrevimiento contravenir. Y si alguno presumiere intentarlo sepa que ha incurrido en la indignación de Dios Omnipotente y de sus Apóstoles San Pedro y San Pablo.