Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)  (6)

Alejandro VI

Los Reyes CatólicosDado en Roma, junto a San Pedro, en el año de la Encarnación del Señor, mil cuatrocientos noventa y tres, tres de mayo, primer año de nuestro Pontificado.

A la Bula lnter caetera añadió el mismo Alejandro VI -a petición también de Fernando e Isabel- la Bula Eximiae devotionis (16-XI-1501), por la que concedía a los Reyes Católicos la recaudación para sus erarios de los diezmos de Indias. Les hacía tan importante concesión para que pudieran hacer frente a los grandes gastos que exigía la joven y de momento improductiva cristiandad (135).

(135) Estos diezmos fueron cedidos a los Obispos en 1512, cuando las posesiones de América empezaron a ser menos cargosas a la Corona. Pero, hasta mediados del siglo XVI, los reinos ultramarinos no llegaron a compensar los inmensos gastos de escuadras, construcciones, ejércitos, etc., que su descubrimiento y posesión costaban.

He aquí unos párrafos de dicha Bula, que incluyen, como la anterior, un juicio sobre la intención misionera de los reyes:

“A nuestro carísimo hijo en Cristo, Fernando, y a nuestra carísima hija en Cristo, Isabel, Reyes Católicos de las Españas, salud y bendición Apostólica.

Merecen la sinceridad de vuestra eximia devoción y la íntegra fidelidad con que nos reverenciáis a Nos y a la Iglesia Romana, que demos oído a vuestros deseos. Y más particularmente a aquellos cuya realización os hará acudir con mayor gusto y más fácilmente a la exaltación de la Fe Católica y a la lucha contra los pueblos bárbaros e infieles.

La súplica que ha poco nos habéis hecho, venía a decir que vosotros, impulsados por piadoso anhelo en favor de la exaltación de la fe católica, deseáis grandemente -y ya de un tiempo acá, con grandes gastos y fatigas, habéis empezado a hacerlo, y lo continuáis cada día con mayor empeño- conquistar y ocupar las islas y tierra firme de las Indias, y esto con el fin de que -arrojado todo error- se dé al Altísimo el culto y la adoración que le son debidos.

Ahora bien, para colonizar dichas islas y tierra firme, os va a ser necesario hacer grandes gastos y pasar no pequeños riesgos… y que, por tanto, desearíais poder exigir y conservar los diezmos de dichas islas… Así, pues, Nos… concedemos…”.