Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 269, febrero de 2002

31 de diciembre de 2001

Carmelitas de Tiana:

P. AlbaAl resultarme imposible contestar una a una vuestras cartas, las contesto todas en conjunto. El P. Turú les leerá el informe médico que tengo, que es un tumor cerebral y no tiene cura. Solamente queda el resquicio de las oraciones y de las plegarias y de los sacrificios para que Dios tenga a buenas devolverme la salud y seguir trabajando por su gloria.

Estos días de mis enfermedades me ha visitado con grandes consuelos espirituales y he ofrecido mi vida por la conversión de Rusia, la restauración de Israel y su vuela a los brazos del Papa y, finalmente, para cumplir el mensaje de Fátima: Oh buen Jesús, es por tu amor, es perla conversión de los pecadores, es para que venga definitivamente el Reinado de tu Corazón Inmaculado, Yo acepto de buena voluntad como venida da vuestra mano cualquier género de muerte que os plazca enviarme, con todas las angustias, penas y dolores.

Únicamente por vuestra parte os ruego que roguéis por mí para que se haga en mí la voluntad divina. Me gustaría volver a recuperar la salud, pero la quiero a condición de no cometer jamás ningún pecado, sino más vale no tener salud. Porque lo más importante es dar gusto a Jesús ya María y dar gloria a Dios.

En estas visitaciones en las que nos encontramos completamente limitados y somos incapaces hasta de enhebrar un Avemaría, pedidle por mí al Señor para que tenga generosidad en aceptar la prueba que Dios me manda para todas las intenciones particulares y generales de las almas que se han encomendado a mí, y para que venga pronto a nosotros su Reino y se establezca en el mundo el Reinado de la paz, sobre todo por la Virgen María, y que acabe de una vez para siempre este reinado de iniquidad en que Satanás se ha hecho dueño de todo. Punto final, Ahora, hermanas, más que nunca unidas en la oración. Que estos trabajos nos unan más a la Cruz de Cristo, porque en ella está la salud y de la Luz han de venir todos los otros bienes, porque ninguno será del cielo y la tierra más allá, que la de Jesús crucificado. Yo os bendigo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Para acelerar su venida, no seáis niñatas del espíritu, sino varones del espíritu como os quería vuestra santa fundadora, Los tiempos no están para pequeñeces, sino para grandezas. Amén. Así sea.