Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Jesucristo - Amor infinitoDel fondo del cajón de mi mesa, he sacado una carpeta y de la carpeta unos apuntes, que no recuerdo de donde los he tomado. Creo que merece la pena que los leamos, algo modificados.

Jesús, Hijo de la Virgen María, refleja la perfección espiritual de su Madre; las facciones, ademanes, el temple, la nobleza Inmaculada de la Virgen; las reacciones afectivas, su sonrisa, su mirada, su sencillez, su pureza refleja las virtudes de su Madre. Jesús es el más hermoso de los hijos de los hombres, porque su Madre es la Niña Hermosa de Nazaret.

La mirada de Jesús era límpida, penetrante, honda. A Pedro lo miró fijamente y llegó al fondo del corazón de su Vicario en la tierra. Y en el atrio de Pilato, la mirada de Jesús, arrancó las lágrimas de Pedro. Miraba con ternura infinita a los niños, y a Zaqueo con hermosa sonrisa, con bondad infinita. También miraba con santa ira a los hipócritas y fariseos.

Por la Sábana Santa, sabemos cómo era el rostro muerto de Jesús. No sabemos cómo era vivo. Pero si sabemos cómo era su corazón. Él nos dijo: “Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón”. Tenía un corazón sencillo y misericordioso. Se hacía todo a todos. A los niños, rudos, pecadores, y siempre perdonó.

Sensible a la amistad, tenía amigos predilectos como los pobres, los sencillos, los puros. Su amor superó todos los límites, amó hasta a sus enemigos, amó hasta la muerte y nos sigue amando cada día. Amor auténtico, puro, sin egoísmo. Su Mandamiento Nuevo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Jesús tenía un corazón compasivo: “Venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados que Yo os aliviaré”. Sensible a los sufrimientos del prójimo, curó todos los que salían a su paso. Sus milagros fueron sus obras de misericordia: “Quiero, queda limpio”.

Jesús era atento y delicado con el prójimo; va a casa del centurión, de Zaqueo, de Simón el leproso, a la de Pedro. Las delicadezas con los pecadores, escandalizan a escribas y fariseos, incapacitados para comprender el amor de Jesús: “Ninguno te ha condenado ? – No. Pues tampoco Yo te condeno. Vete en paz y no vuelvas a pecar”.

Al padre del hijo pródigo, se le enternecieron las entrañas cuando vio a su hijo que volvía a casa. Jesús es el padre acogedor y tierno el Señor indulgente y compasivo, el Maestro bueno. Judas vivió un año con Jesús y los Apóstoles y el Señor nunca le dijo una palabra que pudiera herir al traidor.

Los Evangelios presentan a los Apóstoles duros de cabeza, no comprendían las parábolas de Jesús; también eran cobardes, egoístas, ambiciosos… Y Jesús vive con ellos, se adapta a sus psicologías, a sus defectos. Jesús es bondadoso.

Dice San Buenaventura que: “El corazón de Jesús fue vulnerado, para que por la herida visible veamos la vida invisible del amor”. El 16 de junio de 1675, Jesús dijo a Santa Margarita María de Alacoque: “He aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres; que no la perdonado nada hasta agotarse y consumirse para testificarles su amor; y por recompensa no recibe de la mayor parte sino ingratitudes con sus irreverencias y desprecios que observan para conmigo en el sacramento del amor”.

Amemos al Corazón Divino de Jesús. La esencia de la devoción al Corazón de Jesús es el amor y la reparación. Amar es darse, entregarse, consagrarse a Jesús. Cristo nos ha dado todo. Murió por nosotros crucificado en el Calvario. Nosotros tenemos que darnos del todo a Cristo.

Amor es vivir junto al Amado. Y Jesús está junto a nosotros vivo en la Eucaristía. Está vivo en las almas que lo reciben en la Comunión diaria o frecuente. Cristo se sigue ofreciendo a Padre en el Santo Sacrificio de la Misa. Vivamos junto a Cristo en la Santa Misa.

Amar a Jesús es gozar de los consuelos divinos; no busquemos consuelos humanos que mundanizan y apartan de los consuelos divinos. El amor a Dios, se manifiesta en el amor de Jesucristo.