Jaime Alonso
Comienza en la transición la necesidad y conveniencia de desmontar el régimen de Francisco Franco, tanto en su entramado filosófico político, como en el resultado de sus obras, materializado en un estado del bienestar y una nueva clase media, desconocida en la historia de España, hasta entonces. Había que establecer «un relato» acorde a los tiempos que manejaba el liberalismo europeo para España y el tipo de sociedad «domesticada» que se imponía. Para ello tanto en la enseñanza primaria y secundaria, como en las universidades y en todos los medios de comunicación de masas, series televisivas etc. debía imponerse el antifranquismo más radical y sin fisuras. No se puede ser y que te consideren demócrata, sino te declaras antifranquista, aunque en la izquierda hubiera «demócratas» tan ejemplares como Santiago Carrillo, la Pasionaria y toda la plana mayor del totalitarismo comunista. Pero los acomplejados del tardo franquismo, UCD y PP, estaban entregando la victoria real, moral y política que Franco y su generación habían obtenido de manera lícita y heroica, a los destructores de la II República, causantes del caos, ruina y violencia desatada en España para imponer el comunismo, como fácilmente puede colegirse viendo lo ocurrido en la guerra civil en el llamado «bando rojo». Sigue leyendo
*La democracia es la suma de las contradicciones y la multiplicaciones de las mentiras. Es nada. los endemoniados si existen.
Se acercaba el día de mi Toma de Hábito, 18 de Noviembre de 1941, mi madre quiso regalarme el vestido de novia y un órgano, para acompañar el canto en el coro. Yo estaba contentísima, el convento se convirtió para mí en un trocito de Cielo.
Uno de los ideales que integraban el plan misionero y colonizador de los reyes de España era el hacer germinar en sus dominios transatlánticos una verdadera vida cultural, que elevara a los pueblos indígenas al rango de naciones civilizadas. Así que fue posible, activaron los monarcas la creación de centros de cultura media y superior. Las Universidades, especialmente, florecieron de una manera asombrosa en todos los territorios americanos. Una de las primeras creadas en América fue la de Méjico. Por esta razón, de entre las numerosas Letras Pontificias de erección o concesión de privilegios a las nuevas Universidades, hemos elegido la Bula que el mismo Papa Clemente VIII dirigió a la famosa Universidad de Nueva España, concediéndole los mismos privilegios de qué gozaban las viejas Universidades europeas. El Soberano Pontífice reconoce en ella el interés que el Rey Católico alberga por la formación cultural de los nuevos pueblos convertidos. 