Isabel

El sacrilegio de no votar

San Alberico CrescitelliPues, la elección de los mejores, los más prudentes -la prudencia es la primera virtud del político-, aunque sean además independientes y tengan también la virtud de la fortaleza, no es de por sí una garantía. Para que la gente no desconfíe e incurra en el sacrilegio de no participar en el ritual del voto, están la propaganda y, no pocas veces, la amenaza con distintas variantes como la imposición legal de la obligación de votar. (Dalmacio Negro – RAZÓN ESPAÑOLA)

Estado Cristiano

La historia universal se nos viene a revelar bajo esa luz como el proceso de integración de la Humanidad en la Deidad. ¡Visión de sublime grandeza! ¡Cuán luminosa se nos aparece ahora la misión del Estado cristiano, del cuerpo viviente de Dios! Colaborador necesario de la Iglesia considerada como unidad jerárquica o sacerdotal, la unidad regia recibe por misión fundamental plasmar lo que puede ser plasmado, el elemento humano, para con ello, como principio pasivo, hacer fraguar la esposa de Dios. (Osvaldo Lira – VERBO)

La mujer

Edith Stein

Pero en buenas manos pueden las que actúan razonablemente manifestar siempre de manera laudable las posibilidades legítimas por la defensa de muchos necesitados. Pero también las tareas inmediatas de la enseñanza y administración exigen la colaboración femenina: donde se puede, los contenidos sobre las materias que están en primera línea como asuntos de las mujeres (como la defensa de los derechos de las mujeres, la atención a la juventud etc.) para aconsejar, decidir y poner en práctica.

El capitalismo de Calvino

A primera vista pensaríamos que esta doctrina hubiera reducido al hombre calvinista al quietismo o a la lujuria. Si todo lo bueno que hago no cuenta en absoluto para mi salvación, ¿por qué no puedo dedicarme, o bien a no hacer nada o bien a buscar las delicias del pecado? Paradójicamente, Calvino no sacó esta conclusión de su doctrina, sino que elaboró una añadidura a su doctrina que es sumamente importante si queremos entender el mundo moderno. Aunque mis actos no valen un bledo para mi salvación, no obstante son un signo o un símbolo de aquella salvación. Dicho de otra manera, un hombre salvado por Dios puede darse cuenta de su salvación, puede separarse de la masa de los condenados, si Dios le ha bendecido con los bienes de esta vida. La prosperidad material es una prueba de que Dios me ha elegido. (Frederick D. Wilhelmsen – VERBO)

Falta de celo sacerdotal (60)

También puede ser castigo divino la actual aceptación resignada del mal: la eutanasia, el aborto, la mentira socialmente institucionalizada, los desvíos doctrinales… Que los cristianos y especialmente los sacerdotes no sientan celo ante la condenación eterna de sus fieles es un terrible castigo. Por ejemplo, ¿quién reza a diario por las personas que mueren cada día y van a dar cuenta al justo juez? ¿quién ama a Dios para intentar suplir el desamor de estos moribundos? (Jaime Solá Grané)

Consagraciones a la Virgen

A lo largo del siglo XX, se procedió al menos siete veces a algún tipo de consagración pontificia a la Virgen María. El día 31 de octubre de 1942 Pío XII consagró todo el mundo al Corazón mariano, acto que renovó en el mes de diciembre siguiente y que vendría a completar, cerca de diez años más tarde, el 7 de julio de 1952, por medio de la carta apostólica Sacro Vergente Anno, consagrando -ahora explícitamente- los pueblos de Rusia al Inmaculado Corazón. (Ricardo Dip – Verbo)

Difusión del Reino de Dios

La presencia de la Iglesia en la tarea de la enseñanza se manifiesta, sobre todo, por la escuela católica. Ella busca, no en menor grado que las demás escuelas, los fines culturales y la formación humana de la juventud… Así, pues, la escuela católica, a la par que se abre como conviene a las condiciones del progreso actual, educa a sus alumnos para conseguir eficazmente el bien de la ciudad terrestre y los prepara para servir a la difusión del Reino de Dios, a fin de que con el ejercicio de una vida ejemplar y apostólica sean como el fermento salvador de la comunidad humana… (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)