Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

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Nuestra Señora de la Nieves, venerada en la parroquia de Tejadillos (Cuenca) como patrona

Muy interesante es su historia: según la tradición un matrimonio sin hijos, en Roma, quiso dejar por heredera de sus bienes a la Santísima Virgen y Ella, aceptando esta piadosa manda, les invitó en sueños a edificar una iglesia en el lugar donde al día siguiente vieron una copiosa nevada, en la cumbre del monte Esquilino. —Verificado el milagro, a pesar de los calores tan intensos en Roma durante el mes de agosto, se edificó la magnífica Basílica en honor de la Santísima Virgen, que hoy se llama Santa María la Mayor… y esto es lo que conmemora la Iglesia en la fiesta de la Virgen de las Nieves o la Virgen de la Blanca, como se la denomina en otras partes.

Generosidad con la Virgen.—Esto es lo primero que resalta en este caso prodigioso… y en lo que particularmente hemos de fijar más nuestra atención…: la generosidad de este matrimonio para con la Santísima Virgen al hacer la entrega de todos sus bienes… fue, en verdad, una ocurrencia peregrina…, pero que suponía un amor grande a María en aquellos dos corazones; mucho debían ciertamente amarla cuando de común acuerdo procedían de esa manera… ¡Qué simpática se nos hace la actitud de estos dos esposos, quienes sin duda alguna recibieron esta inspiración de la Santísima Virgen como premio al amor que la venía profesando!… No lo dudes, cuanto más ames a la Virgen, más gracias e inspiraciones recibirás de Ella, con las que consigas aumentar más tu amor. —Y así se ve claramente con lo que sucedió después.

No sólo se digna aceptar sus bienes y el título de «heredera» suya…, sino que les inspira en qué han de invertir su: capital… y hasta para indicar el gusto con que lo recibía, hace un milagro tan extraordinario, como el de una nevada en pleno agosto… {Qué bondad la del Corazón de la Santísima Virgen!… ¡Cómo corresponde a la generosidad de aquellos esposos con una generosidad aún mayor!…—¡Cuándo te convencerás de que es imposible ganar en esto a tu Madre!…; siempre te ha de dar Ella infinitamente más que lo que tú la puedas dar. —¡Cómo no animarse uno a la vista de este ejemplo a ser muy generoso con María!… Si la entrega de los bienes de fortuna, en este caso, fue tan del agrado de la Virgen…, ¿qué será si la entregas toda tu alma y tu corazón…, todo tu | cuerpo y tus sentidos.,., toda tu libertad y voluntad…, todos tus bienes materiales y espirituales.,., toda tu salud y tu vida…, todo, en fin, lo que eres j y posees… y hasta todo lo que puedes llegar a poseer en el tiempo y en la eternidad?… En verdad i que a una madre como ésta, no corresponde sino i una entrega así de absoluta…, total y eterna…, confiando ciegamente en sus manos amorosísimas todos nuestros bienes de la tierra y del Cielo. — Haz la prueba y verás cómo también tú sentirás la satisfacción…, el gozó y alegría celestiales que sintieron, sin duda, aquellos esposos cuando vieron la aceptación que la Virgen hacía de sus bienes.

Blancura de nieve. —Fíjate, en segundo lugar, en la señal que elige la Virgen para demostrar su deseo…: ¡la nieve!… ¡Qué bien se acomoda con la Virgen inmaculada la blancura de la nieve!… Cuando queremos imaginarnos una cosa muy blanca…, muy blanca…, parece que no se nos ocurre pensar más que en la nieve…, como si en aquella blancura quisiéramos encerrar todas las demás que conocemos…, pues aún es María infinitamente más blanca…, más pura que el sol y más blanca que la nieve…, porque todas las blancuras de lirios, azucenas, armiños y nieve son nada en su comparación.

No nos ha de extrañar que eligiera la nieve para este milagro…, es el color que más la agrada…, el que nunca se hartan de mirar sus ojos… Y tú…, ¿eres también así?…, “¿es también tu color predilecto?…, ¿aborreces lo oscuro…, lo sucio…, lo manchado…, sobre todo, claro está, lo que mancha el color blanco de la inocencia…, de la pureza de tu corazón?

Contempla hoy mucho a la Virgen bajo esta ad-vocación tan poética y tan simpática de las Nieves… y al verla a Ella venciendo con esplendente blancura a la misma nieve…, avergüénzate al mirar tu alma…, al ver la diferencia que hay en este punto entre tu alma y la Virgen… y pídela… mucho…, muchísimo…, con gran insistencia…, hasta llegar a conseguirlo…, un amor de imitación grande a tu Madre querida…, pero sobre todo en esta pureza…, en este candor…, en esta blancura inigualada… y con deseo de trabajar con esfuerzo e interés inmenso, por evitar todo aquello que aun de lejos pueda mancharte.—Que sea tu lema aquel tan conocido «antes morir que mancharse».

Singular contraste.—Es el que ofrece la aparición de la nieve en medio de los calores abrasadores del verano,—No es compatible, natural-mente, la nieve con el calor…; se necesita un milagro para que se conserve sin derretirse… ¿Qué te dice esta vulgarísima observación si la aplicas a la blancura de nieve que quieres que tenga tu alma?… ¿Podrás conservarla en medio del calor de las pasiones…, en medio del fuego de la concupiscencia desbordada?…, ¿no será pretender y exigir de Dios un milagro al querer conservar la blancura de tu alma con el halago a tu cuerpo?… No te empeñes en ello, que eso es tentar a Dios…, abusar descaradamente de las gracias de Dios… si es natural que la nieve se conserve lejos del fuego… y hasta del calor…, así es de natural que la pureza se dé no sólo lejos del fuego sensual…, sino hasta del calor…, esto es, de los peligros y de las ocasiones… No tienes más remedio que vigilar éstas y prevenir aquéllos, para que no salte la chispa del fuego del pecado impuro que dé al traste con tu inocencia y con tu pureza.

Pero además, hay otra observación que brota fácilmente de este contraste que ofrece la nieve en medio del verano…; parece que quiere simbolizar la pureza, que también en medio del verano debía darse en las almas… ¡También en el verano…! ¿Qué significa esto?… Bien lo sabes, que hay muchas almas que creen que en verano se pueden permitir más libertades…, más desvergüenzas… y por lo mismo se meten en más peligros voluntariamente… ¡Cuántas almas naufragan en el verano y, sobre todo, en el veraneo!…, ¡cuántas que se convierten’ en esta época del año en piedras de escándalo…, en verdaderos apóstoles de satanás!… ;Cuánto tienen que sufrir los Corazones sacratísimos de Jesús y de María por los pecados de impureza del verano!…

Pues bien, no sólo a evitarlos tú…, a decidirte a no ser de este número…, sino al contrario, en medio de tanta impureza…, de tanta liviandad, a conservar intacta tú pureza…, ser apóstol de la pureza, precisamente durante el verano…, a desagraviar con tu pureza y tu amor delicado a la castidad por todo lo qué contra ella hagan sufrir a Jesús y a María los hombres…, a sembrar azucenas por todas partes…, a hacer, en fin, que en medio de los calores del verano se conserve intacta la blancura de nieve de tu corazón…; que así te lo consiga la Virgen Blanca…, la Virgen de las Nieves…