Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Pío XII, Papa de la Hispanidad (3)

Din Isidro Gomá y Tomás - Arzobispo de ToledoLa jornada del 12 de octubre, tercera del Congreso, se dedicó —con el nombre de Día de la Raza— a enaltecer los valores espirituales de la Hispanidad, y a intensificar los lazos fraternales que unen a los pueblos de origen hispánico.

Entre los actos organizados con este motivo, se destacaba en el programa la Asamblea oficial, que tendría lugar por la tarde en el monumental teatro Colón, y en la cual habría de hacer uso de la palabra el Arzobispo de Toledo y Primado de España, doctor Isidro Gomá. El Cardenal Legado asistiría al solemne acto.

Llegada la hora de la sesión, bajo la presidencia del Cardenal Pacelli y del Primado de España, se reunieron numerosos cardenales, arzobispos y obispos de toda Hispanoamérica y de otras partes del mundo. El general Justo, Presidente de la República Argentina, ocupaba un puesto de honor. Asistía a la solemne Asamblea lo más selecto de la aristocracia americana, que abarrotaba el amplio local.

“La presencia del señor Arzobispo de Toledo —dice un periódico barcelonés de la época— fue saludada con una manifestación de entusiasmo. El Dr. D. Isidro Gomá, con su elocuencia característica, dirigió un filial saludo al Papa… Saludó después a su eminencia el Cardenal Pacelli, el cual, en su calidad de Legado, representa en el Congreso la misma persona del Papa. Después saludó también al Excmo. Sr. General Justo (Presidente de la República Argentina)… Saludó a todos los arzobispos y obispos presentes, y al pueblo argentino, que con ocasión del Congreso Eucarístico ha demostrado a todo el mundo su hospitalidad, su patriotismo y su religiosidad.

Recordó que tal día era la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, origen del espíritu cristiano de España, y día en que Colón descubrió América…”

Después, el gran orador pasó a tratar el tema que se había propuesto. “Apología de la Hispanidad” intituló su magnífico trabajo, en el que, con el profundo y sereno pensamiento y el estilo brillante que caracterizaba al insigne prelado, demostró a los pueblos de América la grandeza y sublimidad de la epopeya cristiana que les llevó la vida sobrenatural.

La exposición del doctor Gomá dio un amplio impulso a la corriente, nacida ya a principios de siglo, de vuelta —por parte de los pueblos americanos— a sus tradiciones hispánicas, que tan ligadas están de hecho con su retorno a los principios cristianos, sociales y políticos. Con este fin seguramente, el sobrenatural hombre de Dios echó sobre sus hombros de prelado católico y Primado de las Españas la responsabilidad de tratar tan delicado tema, en un mundo orientado aún en gran parte hacia horizontes diversos.

La prensa argentina llamó al trascendental discurso del Arzobispo de Toledo “la encíclica de la Hispanidad”. En efecto, dada la inmensa autoridad del doctor Gomá, sus palabras tuvieron gran repercusión en todo el mundo hispanoamericano.

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Por lo que toca al Cardenal Pacelli, que presidía la Asamblea, se interesó vivamente por las ideas que expuso el Primado de España en su magistral apología. Años más tarde, elegido ya Papa, Pío XII había de inspirarse en las ideas del Cardenal Gomá para redactar sus autorizados discursos pontificios en torno a temas de la Hispanidad. A la verdad, un estudio atento de los textos de Pío XII comparados con el trabajo del Arzobispo de Toledo, lo prueba sin dificultad.

Radio Vaticano también, cuando, bajo el Pontificado de Pío XII, quiso unirse a los pueblos de habla española —el 12 de Octubre de 1946— para conmemorar la fiesta de la Hispanidad, tomó del discurso del Cardenal Gomá una buena parte de su mensaje. Para convencerse, basta una simple lectura de ambos textos: no sólo se encuentran en ellos idénticos conceptos, pero aun a veces las expresiones son las mismas.

Todo lo cual —dicho sea de paso— garantiza el valor del pensamiento del gran Cardenal de Toledo, el cual, reasumido por el Faro de la verdad, se reviste de nuevos y altísimos resplandores; de verdad y autoridad.

El Congreso Eucarístico de Buenos Aires —que puso al Legado en contacto vivo con los pueblos hispanoamericanos— dejó una profunda huella en la memoria del Cardenal Pacelli. Más tarde, refiriéndose a aquellos días pasados en la espléndida Argentina, “Legítima heredera del rancio y catolicísimo espíritu hispánico”, afirmaría que fueron “una de las más inolvidables etapas” que la Providencia quiso poner en su camino.

Sin duda, la esclarecida inteligencia de Pío XII penetró a través de la presente realidad católica de los pueblos de habla española, la grandeza de la obra apostólica que había sido capaz de engendrar tan fieles y preclaros hijos de la Iglesia.