Javier Barraycoa

BarraycoaCabe destacar de este intenso texto dos apreciaciones. Por un lado el carácter idolátrico del nacionalismo al desviarse el sano amor a la patria tal y como queda reflejado, por ejemplo, en la Suma teológica. De ello se derivaría en boca del propio Canals en una especie de narcisismo colectivo. Por otro lado, el carácter inmanentista, idolátrico y por lo tanto panteísta del nacionalismo, que ha sido detectado por muchos autores. Respecto al panteísmo hay que decir que las condenas sobre el nacionalismo -que algunos teólogos niegan que se hayan producido nunca-, precisamente por ser un inmanentismo, las encontramos en los siguientes puntos de la Mit brennender Sorge. “Venerables hermanos, ejerced particular vigilancia cuando conceptos religiosos fundamentales son vaciados de su contenido genuino y son aplicados a significados profanos. Revelación, en sentido cristiano, significa la palabra de Dios a los hombres. Usar este término para indicar las sugestiones que provienen de la sangre y de la raza o las irradiaciones de la historia de un pueblo es, en todo caso, causar desorientaciones. Estas monedas falsas no merecen pasar al tesoro lingüístico de un fiel cristiano (…). La inmortalidad, en sentido cristiano, es la sobrevivencia del hombre después de la muerte terrena, como individuo personal, para la eterna recompensa o para el eterno castigo. Quien con la palabra inmortalidad no quiere expresar más que una supervivencia colectiva en la continuidad del propio pueblo, para un porvenir de indeterminada duración en este mundo, pervierte y falsifica una de las verdades fundamentales de la fe cristiana y conmueve los cimientos de cualquier concepción religiosa, la cual requiere un ordenamiento moral universal. Quien no quiere ser cristiano debería al menos renunciar a enriquecer el léxico de su incredulidad con el patrimonio lingüístico cristiano”.

Esta condena, perfectamente podría aplicarse sobre uno de tantos textos “racialistas” que proliferaron entre los intelectuales catalanistas del primer tercio del siglo XX. A modo de ejemplo, en Herejías de Pompeu Gener se afirma: “… de los estudios etnográficos, geográficos, climatológicos e históricos, (Cataluña) resulta ser una nación por la fusión de razas arias casi en su totalidad. Con un medio ambiente especial, con un pasado glorioso, con tradiciones propias, con una lengua literaria que ha dado grandes obras maestras, reinando sobre todo el Mediterráneo. Por tanto (los catalanistas) apoyan su aspiración a la autonomía, no sólo en el pasado histórico, sino en algo más hondo, en la raza, en la diferenciación antropológica, en la psicología y la lingüística, en el medio ambiente y en la directriz de la evolución, según el genio de la nacionalidad catalana, cuyas lineaciones una inducción seria determina. (…) Quisiéramos organizar Cataluña conforme el carácter que nos da la raza, el clima, la vegetación, la situación geográfica y las altas tradiciones de las edades pasadas, todo en armonía con el movimiento general de la civilización europea, con un gran esplendor de arte, de ciencia, de filosofía y de manifestaciones vitales”.

Este ontologismo inmanentista llega hasta la exasperación cuando se otorga al marco geográfico (por no decir telúrico) de Cataluña, la fuerza de engendrar nuevos catalanes, aunque fueran extinguidos biológicamente. A propósito es increíble el siguiente texto: “… si fuera tan grande nuestra desventura que la gente catalana fuera del todo esclavizada y totalmente destruida, y no quedara ni una sola mujer catalana para parir; con la sangre de los vencedores, con esas u otras apariencias, nuestro paisaje volvería a producir con los siglos otra raza catalana tan esencialmente catalana como la nuestra”. La relación de este tipo de pensamientos con el nacionalismo alemán es más que evidente y nos recuerda a Fichte cuando afirma que: “pueblo y patria en esta significación como portador y prenda de la eternidad telúrica y como aquello que puede ser eterno en este mundo”. El hecho -consciente o inconsciente- de divinizar la nación, sólo puede desatar patologías colectivas como el narcisismo.

(VERBO)