Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Sagrado Corazón de Jesús - Cerro de los ÁngelesLeyendo el excelente estudio de Carlos Paz Cristóbal. “Siria: entre las mentiras y la incomprensión”. (Razón Española marzo-abril 2018) una y otra vez, me venía a la memoria la visión profética de San Juan Pablo II, del aniquilamiento de Europa por el Islam. Voy a transcribir frases de Paz Cristóbal que divide su trabajo en tres apartados: Los medios de comunicación, los refugiados, el Estado islámico.

Dice el autor: “Al cumplirse ahora siete años del inicio de la guerra de Siria, es evidente el total desconcierto de la ciudadanía al respecto.

Es sin duda alguna la guerra de Siria el conflicto de mayor trascendencia de las últimas décadas. Siria es el centro del mundo, el eje de un tablero geoestratégico en donde se está jugando una partida decisiva para una nueva reorganización mundial. Explicar lo que allí sucede, indudablemente es un toro muy difícil de lidiar, puesto que entre otras circunstancias, los medios de comunicación lejos de querer aclararlo, han puesto todo su empeño en mentir y confundir la opinión.

Porque no hay que engañarse con la génesis del EI: lo ha creado la inteligencia norteamericana, con dinero e ideología saudí y el apoyo logístico de Turquía.

Al poco tiempo, los EEUU se vieron impelidos a crear Al Qaeda –o, al menos por medio de infiltraciones, a darle forma- llegando incluso a crear campos de entrenamiento de yihadistas en Paquistán.  

Cuestión políticamente poco correcta, pero que se presenta para Europa como la invasión demográfica más grave hasta donde se intente recordar. Porque se han de señalar dos puntos: primero, que es curioso que no sean países ricos de su ámbito cultural –“de su entorno”, como aconseja decir el correcto politiqués– quienes se encarguen de ellos, y segundo, dejar en el aire el interrogante de que, si quienes han creado la situación que atraviesa la zona contaban con esta consecuencia, no parece descabellado pensar que esta consecuencia estaba ya ideada para desestabilizar Europa.

Pensemos que todo ese alud inmigratorio que se ha venido a llamar “refugiados” es en verdad una amalgama de personas de los más diversos países, desde el cuerno de África hasta Bengala, y que solamente un pequeño porcentaje -10-15%- proceden de países en conflicto. En una mayoría abrumadora se trata de varones en edad militar y de trabajar, que deben pagar elevadas cantidades por el viaje -entre 1.500 y 3.000 euros-, y que exigen un derecho no muy bien aclarado, y que nadie puede explicar dónde se recoge, que es el exigir venir a Europa.

En realidad, cuando los medios hablan de “refugiados” están refiriéndose a “inmigrantes económicos”. Y sustituyen una palabra por otra con la intencionalidad de crear una obligatoriedad de ayuda que no existe. Los repetidos llamamientos de la canciller alemana Ángela Merkel a favor de la llegada masiva de unos cuantos millones de personas extraeuropeas para engrasar la maquinaria industrial, depauperar las condiciones de los trabajadores autóctonos europeos y de esta manera poder competir con los mercados asiáticos -principalmente China-, no deja lugar al equívoco. Pensar que cuando en las playas turcas se agolparon hace unos veranos varios millones de personas fue esta circunstancia casual, resulta cuando menos inocente; máxime a día de hoy, cuando se conoce perfectamente que el magnate norteamericano George Soros ha facilitado de su bolsillo el viaje a muchas de estas personas.

En Siria, no se habla de refugiados, sino de “desplazados”, y éstos sí serían los verdaderos refugiados (término, insisto, en el que hay una enorme carga política pues presupone por ejemplo, una persecución en el país de origen).

Y en este punto es ineludible tratar la cuestión, aunque sea telegráficamente, de cómo entre muchos de estos presuntos refugiados se han colado terroristas, pese a que la histeria buenista ponga el grito en el cielo, puesto que entre otras cosas, al comienzo del conflicto fueron asaltadas por los terroristas tres oficinas en donde se expedían pasaportes, y éstos fueron vendidos y utilizados. Por no hablar de otros oscuros aspectos, tales como la desaparición de niños y la venta de órganos. En otras palabras, de todo un auténtico mercado humano; (Está claro que si se trata de refugiados, se ha de aplicar el Estatuto del Refugiado, el cual establece que quien llega a un país, en él se ha de quedar, pero lo que aquí ha sucedido es que esos presuntos refugiados han elegido el destino y eso ni está recogido en dicho Estatuto ni tiene sentido alguno. Además, se da otra circunstancia que se omite constantemente, y es que al refugiado se le ha de acoger, encargarse de él… hasta que las circunstancias permitan que vuelva a su país, y esto último se pasa por alto metódicamente. De hecho, se está produciendo una situación paradójica que es, que el presidente Al Assad hace muchos meses que anunció que a determinadas zonas controladas por el Gobierno podrían volver y en algunos países se les impide el retorno”.

Durante una reunión en 1992, dice monseñor Longhi, Juan Pablo II habló de una visión inquietante que había tenido sobre el futuro de Europa. El Papa me dijo: “Díselo a aquellos a quienes vas a encontrar en la Iglesia del tercer milenio. Veo a la Iglesia afligida por una herida mortal. Más profunda, más dolorosa que las de este milenio”, refiriéndose al comunismo y al totalitarismo Nazi. “Se llama islamismo. Ellos invadirán Europa. He visto a las hordas venir de Occidente a Oriente, y luego me contaron cada país uno por uno: de Marruecos a Libia a Egipto, y así sucesivamente hasta el Este”. El Santo Padre añadió: “Van a invadir Europa, Europa será como un sótano, viejas reliquias, sombras, telarañas. Reliquias familiares. Ustedes, la Iglesia del tercer milenio, deben contener la invasión. No con los ejércitos, los ejércitos no serán suficientes, sino con su fe, viviéndola con integridad”.