Montserrat

Jesús en mi corazón

San Esteban de HungríaDespués de la Santa Comunión vi al idéntico Jesús en mi corazón y durante todo el día lo sentí física, realmente en mi corazón. Un recogimiento muy profundo se apoderó de mí inconscientemente y no dije a nadie ni una palabra, evitaba en lo posible la presencia de la gente, contestaba siempre a las preguntas relacionadas con mis tareas, fuera de eso ni una palabra. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)

Ley natural y divina

El ligamen entre libertad de expresión y verdad resulta esencial para el ejercicio legítimo del derecho, como se diría hoy. La libertad de expresión siempre se inserta, en el caso de comunidades o cuerpos asociativos mayores o menores, en un orden de relaciones que la persona hace suyo. Ese orden se funda en la verdad social que enriquece o visibiliza históricamente la finalidad de cada asociación, lo que se cumple, de un modo paradigmático, en la comunidad política y en la familia. En el ámbito puramente individual, el vínculo entre libertad de expresión y verdad encuentra su más amplio destino en el orden práctico y moral de la vida personal, que no define sino que aplica la ley natural y divina. (Julio Alvear Téllez – Verbo)

¿Dónde está la verdad?

Este campo de juego comunitario es la raíz de la verdadera democracia, sistema de configuración de la sociedad que no se entrega al poder iluminador, carismático, de un solo guía, antes compromete a todos los miembros de la sociedad -y de modo especial a sus representantes- en la tarea de fundar solidariamente un campo de clarificación donde los diferentes puntos de vista estén abiertos a posibles correcciones y complementaciones. Pero, ¿cuál es el criterio para saber dónde se halla la verdad si no hay una persona destacada que constituya una fuente privilegiada de luz? (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

Dos clases de ignorancia

Hay dos clases de ignorancia, enseña Carates al bello Alcibíades: una consiste en creer saber lo que no se sabe y otra, en no saber algo y darse cuenta de ello. Esta última es la que nos permite avanzar en el conocimiento de uno mismo y de las cosas, mientras que la primera nos transforma en necios. El no saber y creer que se sabe es lo que produce el error y la equivocación, mientras que el no saber algo y darse cuenta lo evita pues preguntamos al que sabe. (Alberto Buela – Razón Española)

Naturaleza y bien

En resumen, la comprensión del lugar y de la función de la conciencia supone haber reconocido que la realidad del ser del hombre, incluyendo su movimiento intrínseco hacia su bien, es la naturaleza. Es la naturaleza la que es y manifiesta el bien del hombre, el cual, a su vez se presenta como ley. Y es esta ley la que es fundamento del acto de conciencia, el cual, entonces, siendo fiel a la ley lo es al mismo tiempo a la realidad del hombre y, en particular, a la del agente moral concreto. (José Luis Widow – Verbo)

Hombres viriles y enérgicos

Así salvaron las libertades euskaras y las libertades navarras esas gentes vigorosas y dispuestas al sacrificio y que son el lazo entre la nobilísima raza vascongada y la potentísima raza aragonesa. Esa raza navarra, de hombres viriles y enérgicos, está representada por aquella gloriosa personificación. San Francisco Javier, el Apóstol sublime, el Bautista español, que trajo millones de hombres a la grey católica en Asia, cuando en Europa intentaba robárnoslos la protesta. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Liberales fieros

El liberal fiero se conoce, desde luego, porque no trata de negar ni de encubrir su maldad. Es enemigo formal del Papa y de los Curas y de la gente toda de Iglesia; bástale sea sagrada cualquier cosa para excitar su desapoderado rencor. Busca entre los periódicos los más encandilados; vota entre los candidatos los más abiertamente impíos; de su funesto sistema acepta hasta las últimas consecuencias. Hace gala de vivir sin práctica alguna de religión, y a duras penas la tolera en su mujer e hijos. Suele pertenecer a sectas secretas, y muere por lo regular sin consuelo alguno de la Iglesia. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)