Pablo

Codicilo de su Testamento

Santa Sabina de Roma - MártirLos Reyes, que oficialmente fueron llamados Católicos, entendían que el Reino estaba sujeto a las leyes de Dios, y que éstas fundamentaban un orden moral natural objetivo e inviolable. Por eso, continuando la línea abierta por el Papa Clemente VI a mediados del XIV, reconocen en los indígenas de las tierras recién descubiertas a seres humanos, dotados de derechos humanos, es decir, inherentes a su propia naturaleza, creada por Dios. Éste es el pensamiento que la Reina expresa en el codicilo de su Testamento, en el que sintetiza perfectamente toda la doctrina sobre los derechos de los indígenas. Los hombres nacen como criaturas de Dios, y por este nacimiento están dotados de unos derechos sobre su vida, libertad y bienes, que les son naturales, que son inherentes, por tanto, a su naturaleza humana, y no simplemente concedidos por una autoridad política exterior a ellos. (José María Iraburu)

Nadie entiende

Nadie entiende que una nación civilizada como Gran Bretaña niegue algo tan obvio como la potestad de unos padres sobre su hijo a efectos de su traslado a un hospital del Vaticano. Quizás quienes tomaron la decisión pretendían socavar el derecho a la vida y la potestad de los padres, principios fundamentales del derecho natural y de la Civilización Cristiana. (Carlos González Flórez – EL PAN DE LOS POBRES)

La acción del Espíritu Santo

Son pelagianos: ni creen en el pecado original ni en la necesidad de la gracia. Nosotros vamos a cambiar el mundo: ni más ni menos. Ahí es nada… Lo importante es “comprometerse” y realizar muchas campañas y apoyar a muchas ONGs. La gracia de Dios… ¿Para qué la necesitamos? Nosotros somos tan buenos que Dios no nos hace falta para nada. En todo caso, seguimos su ejemplo. Pero las Gracias de Dios, la acción del Espíritu Santo, que nos santifica… Eso era antes: cuando se confesaban los niños, cuando se les llevaba a misa regularmente, cuando se hablaba de Mandamientos y de esas cosas. (Pedro L. Llera – INFOCATÓLICA)

El padre Solá habla del demonio (9)

Si no hubiera existido el demonio, si Dios no hubiera permitido que el demonio tentara a Eva, la primera mujer, quizás no existiría el mal que existe ahora. Pero veamos la otra parte. Hace pocos días hemos oído en la Semana Santa la angélica, que llaman, aquella oración que dice: “Oh feliz culpa de Adán que nos mereció tal y tan grande redentor”. La Iglesia la llama feliz culpa. Si no hubiera habido el pecado de Adán, no hubiera habido Redentor. NO tendríamos a Cristo, no tendríamos a Dios hecho hombre, no tendríamos a la Virgen Santísima, nuestra Madre. ¿Estaríamos mejor o peor? No lo sabemos. La vida sería diferente, sería una cosa totalmente diferente, pero tengamos en cuenta una cosa -no exageremos, ¿eh?- no pensemos que si Adán y Eva no hubiesen pecado nadie se habría condenado. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Pudor y castidad  (93)

La virginidad es un consejo y una gracia. Es un consejo, y por tanto “un medio más seguro y fácil para lograr que aquéllos a quienes ha sido concedido alcancen más segura y fácilmente la perfección evangélica y el reino de los cielos” (Pío XII, Sacra virginitas 20). Y es una gracia, una gracia personal que Dios da sólo a algunos, a quienes elige para esa vida (Mt 19, 11-12). Por tanto, no se piense que Cristo invita todos los cristianos a la virginidad, y que únicamente “los más generosos” la aceptan, mientras que “los menos generosos” se van al matrimonio. Sería entonces el hombre -más o menos generoso- el que elegiría su vocación, en contra de lo dicho por el Señor: “no me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Jn 15, 16). El celibato, la virginidad, son siempre un don, una gracia. (José María Iraburu)

Un buen ambiente

Comenzar creando un buen ambiente lector en casa. En un primer momento, habrá que leerles cuentos interesantes que provoquen y despierten su imaginación con el fin de que deseen tener un rato libre para leer, por sí mismos, ese cuento que papá o mamá les ha leído. (Mikel Pando – EL PAN DE LOS POBRES)

Confianza absoluta

Se pregunta el P. Emile Neubert (1878 – 1967) en qué consiste la fidelidad que predispone para la recepción de tal don. Se trata, responde, de la fidelidad a las exigencias de esa gracia. En base a la experiencia de las almas marianas indica cuatro condiciones requeridas para ello: a) donación total del alma a Dios, b) espiritualidad cristocéntrica, c) recogimiento o profundo espíritu interior, d) confianza absoluta en María y esfuerzos para lograr una intimidad constante con Ella. (P. Ramón Olmos mCR. – AVE MARÍA)