Domingo de Ramos, 3 de abril 1977

Jesús - Siempre perdonaSolamente Dios conoce realmente la infinita distancia entre El, El que es, y la nada de la criatura. Es Dios quien se ha inclinado a mí para sacarme de la nada y redimirme del pecado. Todo es obra suya. El pecado destruyó desde los comienzos la armonía de la naturaleza humana, y con nuestros pecados personales la seguimos destruyendo. La consecuencia es el dolor y la muerte. Pero Cristo viene y toma sobre sí el dolor y la muerte, y convierte así, lo que es consecuencia del pecado, en el camino para el reencuentro con Dios; en medio de salvación, de santificación, de verdadera liberación… La humillación de Cristo, la obediencia de Cristo, el dolor físico, moral y espiritual de Cristo, nos redimen y santifican, y redimen nuestros propios sufrimientos haciéndolos divinamente fecundos. Lo que importa es entrar de lleno por este camino; dejamos invadir por Cristo con su Cruz, su santidad, su amor, su sacrificio; que El solo quede en nosotros. En la medida que esto se realiza, somos verdaderamente libres.

Y toda la dignidad humana está ahí, está en esto, en transformarnos en Cristo, en ser y vivir como hijos de Dios. Y esta dignidad no nos la puede arrebatar ninguna “humillación”, ni insulto, ni malos tratos, ni injusticias o lo que sea, sino sola y exclusivamente el pecado. Este sí que degrada. Lo demás, no. Tal como a Cristo ni todas las injurias y humillaciones de la Pasión le pudieron arrebatar ni menguar un ápice su incomparable dignidad de Hijo de Dios hecho Hombre, tampoco a nosotros nada ni nadie, si no es el pecado, puede realmente degradamos. Esta incomparable dignidad que nos da la gracia santificante, que nos hace hijos de Dios, está por encima de cuanto puedan hacer contra nosotros los hombres.

A la conciencia profunda de mi nada y mi pecado pasado, se une el santo orgullo de hija de Dios, redimida por Cristo pero, al mismo tiempo, el santo y profundísimo temor y temblor de quien sabe que puede perderlo, si Dios no me preservara de caer por puro y gratuito amor. Solamente Dios puede salvarme, es El quien viene a mí; por mí misma estoy fuera de todo perdón.