Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Vaticano - 2Nuestro Señor Jesucristo fundó su Iglesia sobre la roca inconmovible de Pedro. A él le dio la suprema autoridad y el don de la infalibilidad; y a él le prometió que la Iglesia permanecería hasta el fin del mundo. La verdadera Iglesia de Cristo será, pues, aquella en la que se encuentren todos los legítimos sucesores de San Pedro.

Sólo en la Iglesia Católica se da la sucesión histórica de los sucesores de San Pedro como obispos de Roma. Desde San Pedro hasta el Santo Padre Francisco en nuestros días, los católicos conservamos una serie ininterrumpida de 264 Papas, Vicarios de Cristo en la tierra.

El que quiera pertenecer a la Iglesia que fundó Cristo en Pedro, tiene que estar hoy en la Iglesia Católica.

San Ambrosio, refiriéndose al Sumo Pontífice, decía: “Él es Pedro, a quien Cristo dijo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Donde está Pedro, allí está la verdadera Iglesia de Cristo”. Ubi Petrus, ibi Eclesia”.

Cristo fundó su Iglesia con unas notas o características propias: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad.

Jesucristo fundó una sola Iglesia. A San Pedro le dijo: “Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt.16-18) No dice el Señor “mis iglesias”, ni “mil iglesias”, sino mi Iglesia, en singular.

La voluntad de Jesús fue formar un solo rebaño bajo un solo pastor: “No ruego sólo por estos, sino por cuantos crean en Mí por su palabra, para que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en mí y yo en Ti”.

La Iglesia fundada por Cristo es santa. Así la presenta San Pablo en su carta a los Efesios: “Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola, mediante el lavado del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí gloriosa, sin mancha o arruga o cosa semejante, sino santa e intachable” (Ef. 5, 25-27).

La Iglesia fundada por Cristo es universal, católica, Cristo fundó su Iglesia para todos los hombres y pueblos de la tierra, convencido de que perduraría hasta el fin del mundo: “Id, pues; enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré siempre con vosotros hasta la consumación del mundo” (Mt 28, 19-20).

La Iglesia fundada por Cristo es apostólica. Jesús fundó su Iglesia sobre el Colegio Apostólico y, a los Apóstoles y a sus sucesores, les encomendó la extensión y perpetuidad de la misma Iglesia.

La Iglesia que reúna hoy estas cuatro notas, es la Iglesia fundada por Cristo.

La Iglesia Católica es la única que tiene las cuatro notas o características propias con las que Cristo instituyó su Iglesia.

La Iglesia Católica es una en su doctrina, en su gobierno y en sus sacramentos. Unidad de doctrina, creída unánimemente por más de mil millones de católicos de todas las razas, culturas y lenguas. Unidad de gobierno, con el Sumo Pontífice como Pastor Supremo de la Iglesia.

“Los hermanos separados, sin embargo, ya particularmente, ya con sus comunidades y sus iglesias, no gozan de aquella unidad que Cristo quiso dar a los que regeneró y convivificó para un sólo cuerpo y una vida nueva y que la Sagrada Escritura y la venerable tradición de la Iglesia confiesan” (Vaticano II, Decreto sobre el Ecumenismo, nº 3).

La Iglesia Católica es santa en su origen, en su fin, en sus medios y en sus frutos. Santa en su origen, por su fundador Nuestro Señor Jesucristo; santa en su fin, la gloria de Dios y la santificación de las almas; santa en sus medios: la Liturgia, el Santo Sacrificio de la Misa, los dones del Espíritu Santo, los sacramentos; santa en sus frutos, porque la Iglesia ha dado al mundo innumerables mártires y santos que han poblado las moradas celestiales; santa, en la Santísima Virgen María.

La Iglesia Católica es universal por su difusión en todo el mundo. Nuestra religión es practicada por gentes de todas las razas y nacionalidades. Por su presencia activa y por su extensión efectiva en todo el mundo, la Iglesia Católica cumple con esta señal o nota de la verdadera Iglesia de Cristo.

Entre herejes, cismáticos y protestantes, cuando hablan de nuestra Iglesia la llaman Iglesia Católica, pues no pueden darse a entender sino la distinguen con este nombre con el que es conocida en todo el mundo.

La Iglesia Católica es apostólica porque procede directamente de los Apóstoles de Jesucristo, a los cuales han sucedido continuamente los Obispos católicos y los Sumos Pontífices de Roma. Basta comprobar la sucesión apostólica de la Iglesia de Roma, porque el obispo de Roma es cabeza de toda la Iglesia.