San Juan Pablo y Madre María FélixEl 12 de enero de 2002, primer aniversario de la muerte de la M. María Félix, se celebró la santa Misa con el esquema de la Virgen María, en la capilla del Colegio Mater Salvatoris de Madrid. La Eucaristía fue presidida por D. Joaquín Martín Abad, Vicario Episcopal para la vida consagrada. En la homilía, el Sr. Vicario, que conoció personalmente a la Madre Félix, refirió una anécdota que refleja como vivía ella una de las notas más características de La espiritualidad de San Ignacio de Loyola: “sentir en la Iglesia”.

La Madre María Félix tenía una conciencia profunda de la filiación divina; no sólo suya, sino de toda persona humana. Por eso, junto con el seguimiento del Señor, desde bien pequeña, quiso también que otros conocieran el amor de Dios, especialmente la juventud. Quería que todos conocieran desde bien jóvenes lo que es la filiación divina y el amor de Dios, para que su vida entera fuera para gloria de Dios y servicio de la Iglesia. La Madre María Félix tuvo un sentido profundo de amor a la Iglesia. Yo lo puedo atestiguar, ahora que se están recogiendo testimonios ne pereant testes.

Porque el Vicario apenas es nadie; en tanto es en cuanto Vicario, por las facultades que le da el Obispo y el Derecho… Pues bien, a este Vicario, recién nombrado, fue a visitarlo una señora mayor, una monja con los achaques propios de su edad -casi un siglo de enfermedades da para mucho- y yo me convencí de que venía a visitarme por su amor a la Iglesia. Estaba bien que yo fuera un poco aragonés y, al mismo tiempo, tan madrileño como ella, pero lo de menos era el que allí estaba: su visita se debía a que yo era el Vicario, y para ella era una autoridad en la Iglesia diocesana para la vida consagrada. A la Madre se le notaba el respeto hacia la personilla a la que acababan de nombrar, y su actitud de ponerse a disposición eclesial, como señal de adhesión al Romano Pontífice y al obispo diocesano – al Papa como sucesor de Pedro en la comunión de la Iglesia universal, y al Obispo en la comunión de la Iglesia particular-, nos hace comprender a todos nosotros lo que es el amor a la Iglesia en sus instituciones y en sus personas. Porque las personas tendrán sus defectos y sus cualidades, unidas a las virtudes que Dios les ha dado, pero ante todo tienen la autoridad en la Iglesia por el servicio eclesial al que están destinadas.

Era admirable en la Madre este sentido de amor a la Iglesia, incluso concretado en las mismas personas. Y, sin embargo, lo que más impresiona en esta mujer fuerte, es quizá su espíritu sencillo. No se trataba sólo de la bondad del corazón, lograda por la apertura de su alma a la gracia, sino que se veía en ella un espíritu sencillo de sacrificio y de inmolación, que es como luego puede germinar en espiga el grano que se entierra.

¡Lo mismo que la Madre María Félix: entregar la vida para extender el Reino de Cristo, para conocer al Señor más, para amarlo más y seguirlo más de cerca! Magis, “más”, que así es el adverbio de San Ignacio de Loyola…

(COMPAÑÍA DEL SALVADOR – COLEGIOS MATER SALVATORIS)