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Desastre histórico del sistema liberal

Calvo Sotelo conocía bien lo que todo esto significó en el destino histórico de España, que se acusa a través de toda la historia política del siglo XIX, que nos ofrece: la España chata y chabacana, de espíritu decadente, incapaz de continuar siendo cabeza de un imperio, ni sostener sobre sus hombros el peso de su gloria. Cuando los pueblos quieren hacer algo serio y proyectarse al exterior, necesitan unir sus espaldas, levantar la vista de las miserias internas, buscar dilatados horizontes, sin neutralizarse en divisiones y luchas intestinas que acaban destruyendo mutuamente a sus hombres y haciendo naufragar los mejores propósitos.

Si abandonando la historia pasada queremos extraer las lecciones de la era contemporánea en la que Calvo Sotelo vivió, los hechos nos abruman. Unos solos datos formales nos darán una clara idea de la incapacidad de aquel régimen para que por él pudiera regirse nuestro pueblo.

¿Sabéis cuántas crisis políticas hubo bajo la monarquía liberal, constitucional y parlamentaria en los años que van de 1900 a 1923? Cincuenta y tres, que representó una media de dos o tres Gobiernos por año. ¿Qué acción cabe con esa discontinuidad?

Mas si nos trasladamos a los años de la República, en el período que va de febrero de 1931 al Movimiento Nacional, o sea, un total de cinco años, vemos sucederse veintidós Gobiernos, que representan un poco más de cuatro por año.

 Aquel régimen entrañaba en sí mismo la incapacidad. ¿Qué rendimiento puliríamos asignar a cualquier empresa, por modesta que fuera, que cada cuatro meses hubiese de cambiar de dirección? ¿Qué no habrá representado en las grandes empresas nacionales, que requieren estudios prolongados y años para desarrollarse?

Pues si pasamos al campo formal de las libertades políticas, de la vigencia de las garantías constitucionales, en los mismos períodos, nos encontramos que en los años 1900 a 1931, años en que todavía no habían tomado estado las maquinaciones internacionales de la guerra fría, estuvieron suspendidas las garantías durante tres mil trescientos veinticuatro días, que equivalen a una media de ciento cuarenta y cuatro días al año, y durante la República, ochocientos cuarenta y dos días, con una media de ciento sesenta y ocho días al año.

Datos estos que creo bastarán para demostrar a las generaciones nuevas que no conocieron aquellos tiempos, cuáles eran las realidades españolas en la etapa que le tocó vivir a nuestro mártir, y las características de aquella desdichada República que padecimos, que al cabo de veinte años algunos de sus seguidores pretenden presentárnosla como dechado de virtudes cívicas.

(13-V1I-1960: Madrid.—Inauguración del Monumento al protomártir Calvo Sotelo).