Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Cruz es la salvación

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (31)

La esencia de la Hispanidad es el catolicismo romano (6)

La palabra de Pío XII no ha faltado tampoco en este punto. El Papa de la Hispanidad ha repetido hasta la saciedad lo que venimos diciendo: La Hispanidad, para que pueda ser benéfica al mundo moderno y a sí misma, ha de agruparse a la sombra de la Cruz. Los pueblos hispánicos, en armonía con el cristianismo, alcanzarán su ideal; de espaldas a la Iglesia, lo perderán todo. El catolicismo es denominador común y esencial de la familia hispanoamericana, testigo, además, de sus grandezas pasadas, y prenda de sus futuros triunfos.

Ya hemos escuchado al Papa hablar a los estudiantes iberoamericanos de la unión de sus pueblos “al amparo de la verdad y a la sombra de la Cruz”.

Oigámosle de nuevo repetir a cada uno de esos pueblos que el cumplimiento de su misión en el mundo está ligado a su fidelidad al cristianismo.

Guatemala, de posición geográfica excepcional, puede, a pesar de su relativa pequeñez, desempeñar un papel histórico “si es fiel a Jesucristo”.

“Vuestra nación (Guatemala), camino entre dos continentes y puente entre dos océanos, está llamada, sin duda alguna, a los más altos destinos; pero no habrá de olvidarse nunca de que para cumplir debidamente este llamamiento providencial ha de ser fiel ante todo a su vocación cristiana”.

(Radiomensaje al I Congreso Eucarístico Nacional de Guatemala, 22-IV-1951.)

Igual Filipinas, cuyos destinos ya nos ha descubierto el gran Papa. Este joven pueblo “no conseguirá ser fiel a su misión, si no se reafirma, en la verdad”.

“En un tiempo en que por todas partes y ahí mismo, en vuestro derredor, se tiene la impresión de que los pueblos se conmueven, se agitan, piden, exigen y quieren hacer escuchar su voz, la nación filipina Nos parece que tiene una misión a la que no podrá faltar, pero a la que tampoco conseguirá ser fiel, si previamente no se reafirma bien en sus seculares cimientos sobre la roca viva de la verdad…”.

(Radiomensaje al II Congreso Eucarístico Nacional de Filipinas, 2-XII-1956).