Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Virgen de Guadalupe - Bandera de Méjico

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (32)

La esencia de la Hispanidad es el catolicismo romano (7)

Y como Filipinas, Méjico. El fiel país hispánico de América del Norte tiene condicionada su prosperidad y su dicha, y aún su misma salvación nacional, a la fidelidad que debe guardar a la religión católica, simbolizada para la tierra mejicana en su virgencita de Guadalupe.

“Que la morenita de Tepeyac, que la Emperatriz de América y Reina de Méjico no tenga que llorar deserciones; que, como lo estuvo ayer, pueda estar también mañana orgullosa de sus hijos.

Vuestro Congreso, recogiendo^ millares de firmas, la ha aclamado como Sedes Sapientiae, trono de la Sabiduría. No lo olvidéis, católicos de Méjico y de toda la América: La verdadera sabiduría es la que Ella nos enseña: ¡Salve, fuente abundantísima de donde emanan los arroyos de la divina Sabiduría, rechazando con las aguas purísimas y limpísimas de la ortodoxia las olas encrespadas del error! (S. Germán de Constant. P. G., 98, 305-306). ¡Salve, Virgen de Guadalupe! Nos, a quien la admirable disposición de la divina Providencia confió, sin tener en cuenta, nuestra indignidad, el sagrado tesoro de la divina Sabiduría en la tierra para la salvación de todas las almas, Nos colocamos hoy de nuevo sobre tus sienes la corona que pone para siempre bajo tu poderoso patrocinio la pureza y la integridad de la santa fe en Méjico y en todo el continente americano, porque estamos ciertos de que, mientras Tú seas reconocida como Reina y como Madre, América y Méjico se han salvado”.

(Radiomensaje a Méjico en el 50 aniversario de la coronación de Nuestra Señora de Guadalupe, 12-X-1945).

 Y lo propio se puede decir de todas y cada una de las naciones del bloque iberoamericano, pues cada uno de esos pueblos lo ha recibido todo de la Iglesia. La Iglesia los ha dado a luz espiritualmente, la Iglesia los ha educado, la Iglesia los ha ennoblecido y levantado. Sus verdaderos grandes hombres eran todos de hecho cumplidos cristianos. Su arte es eminentemente religioso. Su historia, paralela a la historia de nuestra santa religión en esos países. Todo, en una palabra, todo lo bueno, todo cuanto de valor poseen, se lo deben a la Esposa de Cristo.

Que hable Paraguay, por ejemplo, nutrido y formado por el clero católico; Paraguay, que aprendió a leer y a trabajar en las Reducciones de los jesuitas, en las que empezó, por lo demás, a ser pueblo.

Los nobles hijos del Paraguay reconocen agradecidos su génesis “eclesiásticas Testigo son las palabras de su enviado extraordinario ante el Vicario de Cristo, pronunciadas el 12 de julio de 1949 en el Vaticano.

La respuesta del Papa corrobora satisfecha la afirmación del ministro paraguayo.

“Habría que subir mucho más lejos, como vuestra excelencia acaba de hacer, si se quisiera recordar la primera presencia de la Iglesia Católica en su hermosa nación, puesto que la diócesis de Paraguay la más antigua del Plata efectivamente, fue erigida nada menos que el 1 de julio de 1547. De ahí arranca toda una historia, donde la Iglesia Católica nunca ha estado ausente; una historia donde la Iglesia ha dejado capítulos de trascendencia mundial: Nos referimos también Nos a las famosísimas “Doctrinas guaraníes” donde, entre dificultades sin cuento y gravitando más sobre lo moral que sobre lo material, la labor civilizadora del Evangelio llegó a tales realizaciones sociales que, descartando los defectos inherentes a todas las cosas humanas, han quedado ahí para admiración del mundo, honor de su país y gloria de la ínclita Orden que las realizó no menos que de la Iglesia Católica, en cuyo regazo maternal surgían. La experiencia se encargó de demostrar la genialidad del sistema” (344).

(Discurso a D. Julián Augusto Saldívar, ministro plenipotenciario del Paraguay ante la Santa Sede, 12-VII-49).

(344) De 1610 a 1768, los jesuitas establecieron entre los guaraníes un régimen político-social particular, que consistía en una especie de sociedad fraternal, organizada según los principios del cristianismo.