«A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer».
Padre Martínez Cano, m.C.R.
* En nombre de la «libertad» quieren imponer una dictadura mental.
* Decir que la democracia es el mejor sistema político, es de perezosos mentales.
* Si pusiéramos contemplar el rostro de María Santísima, nos apartaríamos de las ocasiones de pecado.
* Santa Teresa Benedicta de la Cruz es judía. Ahora es Copatrona de Europa. Se convirtió. Lean sus libros.
* «Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se lo has revelado a la gente sencilla» (Mateo, 11, 25-27).
* «Hijo mío, no rechaces el camino del Señor, no te enfades por su represión, porque el Señor reprende a los que ama, como un padre al hijo preferido» (Proverbios 3, 1-20).
* «Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo las sobras de tus manos. ¡Que magníficas son tus obras, Señor qué profundos Tus designios! El ignorante no los entiende ni el necio se da cuenta» (Salmo)
El llamado feminismo radical quiere suprimir la obra maestra de Dios: La mujer. No lo conseguirá. La Sagrada Escritura nos recuerda las virtudes de la mujer:
“La mujer fuerte es más estimable que las piedras preciosas. Confía en ella el corazón de su marido. Le da siempre gusto y nunca disgusto en su vida. Con inteligencia y trabajo cuida su casa: su marido, sus hijos, su servicio, su hacienda, la cuál conserva y aumenta. Es caritativa con los pobres. De su boca fluye la sabiduría y sus labios destilan clemencia. Falaz es la gracia y vana la hermosura. La mujer que teme a Dios, esa merece ser alabada” (Proverbios 31, 10).
“Una mujer es delicadeza, ternura, limpieza, caridad, religión… Pero todo sellado e iluminado con el resplandor del Pudor. Así con mayúsculas. Como las hizo Dios. Bien se les nota desde su primera edad. Y es pena que hoy vivan tantísimas sin averiguar ni descubrir el misterio de su naturaleza de mujer. Mueren como han vivido. Si lo descubrieran cambiarían radicalmente su vida y su felicidad. Sobre todo, el aprecio a los demás y la tranquilidad de conciencia. “No era mujer, no tenía pudor”. La mujer tiene un corazón, un amor grande, Dios la hizo para amar, porque sin amor ni puede vivir mi dar la vida a otros seres. El hombre es cálculo, fuerza, talento, frío… La mujer es corazón, sobre todo corazón. La desigualdad es patente. Nada de extraño. La señal del amor es el respecto a la mujer. A la madre por respetarla no disminuye el amor” (Santa Teresa de Jesús).
“Aviso de que se guarden los hombres de mujeres que este trato quieren tener, y crean que, pues pierden la vergüenza a Dios, que ellas más que los hombres son obligadas a tener honestidad, que ninguna cosa de ellas pueden confiar. Que a trueque de llevar adelante su voluntad y aquella afección que el demonio les pone, no miran nada. Creo todos Los hombres deben de ser más amigos de mujeres que ven inclinadas a virtud” (Santa Teresa de Jesús).
“Las mujeres son las flores de la vida, como los niños son los frutos”(Bernardin de Saint-Pierre).
“Una mujer sin ternura es una monstruosidad social de la naturaleza, más aún que un hombre sin valor” (Auguste Comte).
“¡No somos tan fáciles de conocer las mujeres!” (Santa Teresa de Jesús).
“Todas las mujeres casadas, sean grandes señoras, sean princesas, y aunque sean reinas, han de ser mártires de paciencia” (San Alfonso María de Ligorio).
“Jóvenes españolas: Si es verdad que os preciáis de serlo cien por cien, acordaos que la española ha sido siempre graciosa, pero modesta, bulliciosa, pero recatada, chispeante de ingenio, pero obsequiosa y sumisa a las verdades de la fe, sinceramente vividas. En el cristiano hogar español cuenta todavía con una influencia decisiva para hacerle seguir siendo el santuario cristiano que siempre fue” (Pío XII).
San José Padre adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo
Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María y amable protector mío San José, que jamás se ha oído decir que ninguno haya invocado vuestra protección e implorado vuestro auxilio sin haber sido consolado. Lleno, pues, de confianza en vuestro poder, ya que ejercisteis con Jesús el cargo de Padre, vengo a vuestra presencia y me encomiendo a Vos con todo fervor. No desechéis mis súplicas, antes bien acogedlas propicio y dignaos acceder a ellas piadosamente. Amén.