
«Si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen María, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a San José, después de ella, una especial gratitud y reverencia».
San Bernardo de Siena
03 lunes May 2021
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«Si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen María, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a San José, después de ella, una especial gratitud y reverencia».
San Bernardo de Siena
03 lunes May 2021
Posted in Hispanoamérica. La verdad
A juzgar por los últimos y significativos acontecimientos ocurridos en el continente iberoamericano, una fiera tempestad se cierne sobre aquellos queridos países. El designio de aquellos que la desencadenan es obvio: quieren hundir, en el mar del materialismo ateo, la tradición católica de los pueblos hispanos. Por eso, quizá, con renovada firmeza y claridad, S. S. Juan XXIII señala sin cesar a sus hijos americanos el verdadero y único horizonte que les puede salvar: la fe católica, “puntal firme de su pasado”, “dato fundamental de su personalidad”, “ruta luminosa de su historia”.
Aún arrastran las ondas los ecos de recientes radiomensajes pontificios a Hispanoamérica:
El Papa reinante parece a veces inspirarse en el Papa de la Hispanidad, como cuando dice:
“¿Quién más que María alentó el celo de los primeros misioneros españoles y de todos los que predicaron el evangelio en el Nuevo Mundo, cuya ruta abrió, entre la “Pinta” y la “Niña”, la nao “Santa María”? De los títulos y advocaciones de Nuestra Señora tomaron nombre las ciudades que se iban fundando en ese Continente, mariano por antonomasia. Y así la Reina de Cielos y Tierra aparece en vuestra historia como la Madre en cuyo regazo despertaron a la luz de la fe cristiana vuestros pueblos, esa fe, puntal firme de vuestro pasado, elemento básico de vuestra cultura y dato fundamental de vuestra personalidad”.
(Juan XXIII, radiomensaje al Congreso Mariano interamericano, celebrado en Buenos Aires, 13-XI-1960).
“Amamos al Paraguay, que se honra con la memoria de San Francisco Solano, de cuya muerte conmemoráis el trescientos cincuenta aniversario. Es honor insigne de Asunción el Beato Roque González, aquel heroico misionero cuyo corazón—la más significativa y preciosa reliquia suya—lo tenéis ya entre vosotros. ¿Quién duda de que la Virgen de Caacupé ocupa un puesto preferente en el corazón de cada paraguayo? A ella y a vuestros Santos Protectores, suplicamos que os asistan en la defensa de vuestro patrimonio católico, a fin de que, en la fidelidad y obediencia a vuestros legítimos Pastores, nada haya que temer para la unidad de la fe que señala la ruta luminosa de vuestra historia”.
(Juan XXIII, radiomensaje al Paraguay, con ocasión del XXV aniversario de Radio Cáritas, 27-XI-1960).
03 lunes May 2021
Posted in Mostacicas
* Quién odia, está endemoniado.
* El posthumanismo es borreguismo, hedonismo, satanismo.
* No hay que hablar mucho. Menos palabras y más oración y apostolado.
* Sencillamente diabólico: con votos católicos se hacen leyes antidivinas y antihumanas.
* Cuidado con la falsa compasión. Dios nos ha dado la libertad para usarla rectamente.
* «La humanidad debe gratitud eterna al la Monarquía española, pues la multitud de expediciones científicas que ha financiado ha hecho posible la extensión de los conocimientos geográficos» (Alexander von Humboldt).
* «El rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezcan en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del Corazón de aquella que estuvo más cerca del Señor» (San Pablo VI).
02 domingo May 2021
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02 domingo May 2021
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Muy Sr. Mío:
Con profundo desagrado acabo de leer la nota periodística de ABC te fecha 16 de julio, pág. 67, sobre el difunto Obispo José Guerra Campos al que intitula con motivo de su muerte “el último obispo del antiguo régimen”.
Peor que una mentira es un conjunto de medias verdades. He conocido a Don José Guerra mucho más íntimamente de lo que puede imaginarse cualquier redactor de ABC. Puedo decir que fue nombrado Obispo muy contra su voluntad por obedecer al Sr. Nuncio Ribieri y ante la insistencia personal del Papa. Sé perfectamente cómo resistió a ser nombrado Procurador en Cortes. Cedió a ellos tras dos viajes a Roma donde la Secretaría de Estado le constriñó a la aceptación como lo deseaban también los obispos españoles, a fin de orientar moralmente las leyes que se promulgarán en unión con otros beneméritos obispos.
En Roma no se problemático ese cargo con razonamientos políticos, sino que se vio la propuesta del Gobierno español como la cosa más natural a semejanza de otros países católicos donde señores obispos ocupan cargos de presentación política para orientar al cuerpo legislativo, como ocurre en Bélgica en Argentina y otras naciones católicas. Y nada digamos del derecho de presentación de obispos que tenían hasta presidentes socialistas como en Francia para alguna determinada diócesis. Todo en Roma se veía con naturalidad y se le argumentó así a Mons. Guerra para vencer sus reparos.
Las jornadas de Zaragoza no fueron anticonciliares. Hay un libro en forma de tesis del eminente Dr. Luis Madrid Corcuera que demuestra la infamia de esa información. Nunca hubo enfrentamiento con el cardenal Tarancón. En veintisiete años jamás le oí una palabra de descrédito o de murmuración. “La verdad os hará libres” fue siempre su máxima. Eso unido a su superioridad teológica e intelectual y a su ejemplaridad de vida cebó la envidia de algunos. Él con caridad nunca respondió a la envidia. Como fue libre, tal vez fuera molesto para algunos hombres de la Iglesia más áulicos más acomodaticios o comprometidos con los socialismos reinantes y nacionalismos. Él no intervino jamás en la creación de algún partido político muy grato algún obispo auxiliar, ni apoyo al separatismo anticristiano, como algún prelado residencial ni bautizó a ningún nieto de Franco cómo algún cardenal. Por eso fue libre siempre para hablar evangélicamente sin condicionamientos mundanos.
Él dijo que a quién públicamente le pidiera las razones de su ausencia de la Conferencia Episcopal le respondería públicamente, documentadamente con todas las razones y motivos. Todavía hasta el día de su muerte, ningún prelado, ningún Nuncio del Papa se lo ha pedido. Todos sabían muy bien que no se trataba de “opiniones” como se dice en la nota, sino de algo muy serio que afectaba a la misma conciencia y entraña del magisterio católico.
Monseñor Guerra no quiso tener ningún “peso específico”. Fue un obispo leal a la Iglesia leal a la patria, evangélico y santo. Yo no fui su confesor habitual, aunque tuve que saber muchas cosas de sus sufrimientos, de su santidad, de sus heroísmos callados, y de la enorme caballerosidad y nobleza de su vida.
Los buenos católicos, los buenos españoles debemos honrar su memoria.
Atentamente.
José María Alba Cereceda, S.I.