«Se inicia el día de Pentecostés y se prolonga a lo largo de veintiuno siglos por todo el mundo».

Recapitulada por el P. Cano

– DESCONOCIMIENTO DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA

Muchos católicos tienen un gran desconocimiento de la Historia de la Iglesia. Esta ignorancia les lleva a emitir juicios equivocados y a adoptar actitudes erróneas, que perjudican a la Iglesia.

Estos católicos carecen, en primer lugar, de un conocimiento elemental de la real y auténtica Historia de la Iglesia. No saben apenas nada del gran acontecimiento salvífico, que se inicia el día de Pentecostés y se prolonga a lo largo de veintiuno siglos por todo el mundo. A lo sumo conocen algo de los episodios más gloriosos y más dolorosos. Un conocimiento, en general, arrancado de su contexto histórico y enormemente simplificado, con lo que caen, involuntariamente, en la desinformación y falsificación de los hechos difundidos por los enemigos de la Iglesia.

Con seriedad. y profundidad, leamos este compendio de la Historia de nuestra Santa Madre Iglesia.

– IGLESIA SIGNO DE CONTRADICCIÓN

Conocer la Historia la Iglesia es conocer a la Iglesia viva en su doble vertiente humana y divina. Están equivocados los que por aversión y odio a la religión católica desfiguran y tergiversan las gestas más gloriosas y santas de la Iglesia. La Iglesia está en el mundo, pero no es de este mundo.

Nada de lo que ocurre en nuestros días es nuevo. Satanás siempre ha querido destruir la obra de Cristo, pero jamás lo conseguirá. La Iglesia, como el mismo Cristo, será siempre «signo de contradicción». Lo ha sido durante dos mil años, lo es hoy y lo será mañana, hasta el fin de los tiempos.

La Iglesia en lucha y contradicción permanentes, será acosada, perseguida y sacrificada, pero nadie le podrá arrebatar la victoria definitiva y final. Porque las fuerzas del infierno jamás prevalecerán contra ella. Pero por mucho que los hijos de la Iglesia nos sintamos perseguidos, por la furia de la modernidad pagana y materialista, nada nos tiene que atemorizar. Con Cristo somos, invencibles.

– TRASCENDENCIA DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA

La actuación de la Iglesia a través de los siglos es sencillamente admirable. Su maravillosa difusión por todo el mundo, superando grandes dificultades; la santidad de sus héroes y sus mártires; sus admirables realizaciones y su influencia en la civilización universal, hacen que la Iglesia Católica sea admirada por todos los hombres de buena voluntad.

El estudio de la Historia de la Iglesia es de vital importancia para que el católico se confirme en su fe y amor a su Santa Madre Iglesia.

Para los disidentes de la Iglesia de buena fe, que buscan la verdad, conocer la Historia de la Iglesia puede ser el punto de partida para su retorno al seno maternal de la Iglesia.

Para ateos y agnósticos de buena fe, el conocimiento de la Historia de la Iglesia podría ser el punto de arranque que les haga abandonar sus errores.

– IGLESIA SANTA Y PECADORA

Conocer la Historia de la Iglesia es siempre gratificante, iluminador y aleccionador. La Iglesia no es pecadora, como constantemente difunden los enemigos de nuestra Madre. La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica.

La Iglesia es Santa porque Santo es su Fundador, Santa es su doctrina, Santas son sus fuentes de gracia y Santa es la misión que recibió de su Señor, Jesucristo.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Es Cristo mismo, vivo y resucitado, ofreciéndose en inmolación por la salvación del mundo en cada tramo de la Historia humana. El discípulo de Cristo no puede, ni debe, perder nunca de vista esta visión elemental y fundamental: la Iglesia es Santa.

Pero esta Iglesia Santa, que peregrina en medio del mundo, está compuesta de hombres. Y donde hay hombres, hay limitación de pecado. Todos, desde el Papa al último bautizado, tenemos que golpearnos el pecho cada día pidiendo perdón de nuestros pecados. Por ello, con frase atrevida, y que necesita siempre cuidadosas matizaciones, se ha dicho muchas veces que la Iglesia es Santa y pecadora. Es Santa en sí misma, por su propia naturaleza, y es pecadora en algunos de sus miembros pecadores.