“Fueron por parte de España un pesado sacrificio cristiano, soportado con alegría, en conciencia, durante tres siglos. ¡Que las naciones que hayan hecho lo mismo (la Historia no conoce ninguna) le tiren la primera piedra!”

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA (V)

Un gran sacrificio cristiano

Esta última frase sacada de su testamento fue, como el resto, la regla que inspiró no solamente a un Las Casas y a un Vasco de Quiroga, el apóstol de México, sino también a los descendientes de Isabel, desde lo alto del poder, empezando por su nieto Carlos V. Y del modo más concreto, porque: la monarquía española soportó todos los gastos de la evangelización, de los viajes y de la manutención completa de los misioneros, erigió la diócesis y pagó una gran parte de la construcción de los conventos e iglesias. Así, un hecho sabido por pocos es que los jesuitas de las reducciones del Paraguay recibían del rey de España un sueldo generoso, y veían cubrir por el rey los gastos del culto, desde los ornamentos sacerdotales hasta las campanas. El especialista jesuita Constantino Bayle y en Francia el Muy Reverendo Padre Terradas subrayaron que, en cada decenio, estos gastos enormes hubieran podido financiar una “Armada invencible” o un gran ejército en Europa. Fueron por parte de España un pesado sacrificio cristiano, soportado con alegría, en conciencia, durante tres siglos. ¡Que las naciones que hayan hecho lo mismo (la Historia no conoce ninguna) le tiren la primera piedra!

La intervención de Isabel y de sus sucesores, al igual que la entrega de las Iglesias de España, Francia y Flandes, fueron providenciales. Porque la Roma de los papas del Renacimiento, la de Alejandro Borja y del papa con casco Julio II, inmersa en sus corrupciones, se preocupó poco de la evangelización americana y no le proporcionó ninguna ayuda directa. Su primera intervención en la materia, suscitada de hecho por religiosos españoles de América, tendrá que esperar hasta 1537 con las bulas y breves del papa Paulo III, por ejemplo, Sublimis Deus, que no hicieron más que reproducir a Isabel. Es el verdadero vicariato apostólico confiado por la Iglesia a la monarquía de los descendientes de Isabel (desde 1508), que hizo, también por la elección de los misioneros y de los obispos, todo el trabajo por siempre admirable.