MARTÍRIO DE SAN ESTEBAN

Recapitulada por el P. Cano

– JERARQUÍA ECLESIÁSTICA

Los cristianos helenistas se quejaron a los Apóstoles. Les parecía que sus viudas pobres eran mal atendidas en las distribuciones cotidianas de los alimentos. Los Apóstoles decidieron elegir a siete varones de buena fama para que atendiesen los ministerios materiales de la Iglesia. »Los Apóstoles haciendo oración les impusieron las manos» (Hch 6, 1-6). Fueron los primeros diáconos de la Iglesia, quienes además de administrar los bienes materiales de la Iglesia, ejercían también un ministerio espiritual. Uno de ellos se llamaba Esteban.

Los Apóstoles gobernaban la Iglesia en unión con los presbíteros (o ancianos) ayudados por los diáconos. Constituyeron la más antigua jerarquía eclesiástica, que perdura hasta nuestros días.

Los Hechos de los Apóstoles no explican el origen de los presbíteros en la Iglesia. Pero sí dicen que los presbíteros se sentaban en las asambleas al lado de los Apóstoles. El Concilio de Jerusalén tomó sus decisiones en nombre de los Apóstoles y los presbíteros (Hch 15).

– PRIMERA PERSECUCIÓN

En el preciso momento que Cristo murió en la cruz, se rasgó el velo del Templo de Jerusalén, significando con ello que cesaba la Sinagoga (organización judía de la religión revelada en el Antiguo Testamento) para dar paso a la Iglesia de Jesucristo, de carácter universal.

Los enemigos del Crucificado no reconocieron que Jesús era el Mesías, porque para ellos sólo el pueblo judío era el elegido de Dios. Y lo mismo que persiguieron a Jesús hasta su muerte ignominiosa en la cruz, iniciaron la persecución contra los discípulos del Resucitado.

El Sanedrín judío mandó encarcelar a Pedro y Juan. Los príncipes de los sacerdotes les prohibieron predicar el nombre de Jesús, pero los Apóstoles respondieron: »Es necesario obedecer antes a Dios que a los hombres». Pocos días después los soltaron por temor al pueblo. Encarcelados de nuevo con los demás Apóstoles fueron azotados y torturados; pero salieron gozosos de la cárcel por haber sufrido por el nombre de Jesús.

– MARTÍRIO DE SAN ESTEBAN

El diácono Esteban fue acusado ante el Sanedrín de hablar contra Moisés y su Ley, contra Dios y su Templo. Esteban demostró la falsedad de sus acusaciones y responsabilizó al Sanedrín de haber rechazado y matado al Hijo de Dios. Los judíos estallaron de furor y, gritando como energúmenos, se apoderaron del valiente diácono, lo sacaron a empujones fuera de la ciudad y le apedrearon como blasfemo. Esteban oraba, diciendo: »Señor, no les tengas en cuenta este pecado»; »Señor, Jesús, recibe mi espíritu».

A la muerte de Esteban asistió y consintió, con toda el alma, un joven llamado Saulo. Este primer martirio ocurrió, probablemente, el año 36, aprovechando el relevo del gobernador de Israel, Poncio Pilato.

La muerte de Esteban fue la consigna. y la señal de una persecución general contra la Iglesia. El Sanedrín quería acabar con la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo.

Hacia el año 42 estallaría otra persecución sangrienta contra los cristianos, promovida por Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande.

– EL EVANGELIO ANUNCIADO A LOS GENTILES

Después de la muerte de San Esteban muchos cristianos se dispersaron por Judea, Samaria, Fenicia, Chipre, Antioquía…

El diácono Felipe predicó en Samaria, con fruto tan abundante, que Pedro y Juan tuvieron que desplazarse para imponer las manos a los nuevos cristianos y que recibieran el Espíritu Santo.

Felipe también convirtió y bautizó al ministro de la reina Candaces de Etiopía, que era gentil.

Pedro, inspirado por una visión misteriosa, se dirigió a Cesarea, a casa del centurión Cornelio. El gentil Cornelio también había recibido una inspiración divina y pidió a Pedro que le bautizara a él y a toda su familia, y así lo hizo.

El acontecimiento más importante para la difusión del Evangelio entre los gentiles, y para el futuro de la Iglesia, ocurrió en Antioquía de Siria. Allí se formó la primera comunidad cristiana, estable y organizada. Fue fundada por fugitivos de Jerusalén; la mayoría de los creyentes de Antioquía procedían del gentilismo. La Iglesia de Cristo es para todos los hombres, sin distinción de pueblo o raza, como Jesús había enseñado.

Pedro comunicó este gran acontecimiento a la Iglesia de Jerusalén. Los cristianos judíos se tranquilizaron y glorificaron a Dios diciendo: »También a los gentiles les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida» (Hch 11, 18).

Los discípulos de Jesús empiezan a ser conocidos con el nombre de cristianos en Antioquia.