San Ignacio de Loyola, “Las dos banderas: la de Cristo y la de Lucifer”

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

San Ignacio de Loyola, cuya fiesta celebramos el día de hoy, propone en sus Ejercicios la meditación de las dos banderas: la de Cristo y la de Lucifer; y nos sugiere imaginar a éste “como si se asentase… en aquel gran campo de Babilonia, como en una grande cátedra de fuego y humo…”.

Esta imagen nos hace evocar las palabras, ya famosas, que pronunció el Papa el día de San Pedro, y que han suscitado tantos comentarios en todo el mundo. “Se diría -afirmó- que a través de alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios”.

“Se creía -añadió el Papa- que después del Concilio iba a venir un día de sol para la historia de la Iglesia; por el contrario, ha llegado un día de nubes, de tempestad, de oscuridad …” ¿Cómo ha ocurrido esto? Porque “ha intervenido un poder adverso: el demonio”, tantas veces aludido y mencionado por Cristo y los apóstoles.

Los efectos de la intervención diabólica en la Iglesia, según el Papa, son dos: la confusión (incertidumbre, inquietud, problemática, insatisfacción, enfrentamientos…); y una tristeza, que obstruye la alegría que brota espontáneamente de la fe, y frustra el “himno de gozo”, connatural a toda auténtica renovación de la Iglesia.

El discurso de Pablo VI ha conmovido a los creyentes. Mas, por otra parte, algunos medios en la Iglesia -como informa un diario suizo, y hemos podido comprobar entre nosotros- “han reaccionado con embarazo, irritación o ironía”. Parece como si, para algunos católicos, resultase una sorpresa que el Papa tenga fe en lo que dice el Señor sobre la realidad misteriosa del demonio y que tome en serio su influjo.