JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA (VII)

Los obispos

Pero el trabajo de amor espiritual fue también una labor del clero secular y de los obispos, contrariamente a lo que se ha escrito muchas veces. Jerónimo de Loaisa, primer arzobispo de Lima, obligó a restituir a los conquistadores, bajo pena de negarles la absolución, todo lo que habían cogido a los indios, llegando hasta el punto de designar a éstos sus herederos universales (lo que hicieron muchos, como el célebre y riquísimo conquistador Lorenzo de Aldana). Esta disposición, recogida en las Leyes de las Indias para toda América, consiguió, hecho capital material y moral, la devolución a los indios de sumas y bienes considerables. Esto contribuye a explicar el respeto a la Iglesia y la adhesión a la fe cristiana que los indios, empezando en el Perú, no dejaron de manifestar, como se verá más adelante.

Y el arzobispo Loaisa pasó los diez últimos años de su vida en un tabuco del hospital que él había construido para los indios, donde servía a sus afligidos y donde murió. Santo Toribio, segundo arzobispo de Lima, murió en el duro camino de sus catorce años de visita, casi ininterrumpida, a su diócesis, en mula o andando, hasta las chozas de los indios más alejados, donde incansablemente catequizaba, confirmaba y daba todo a los indios, “incluso su camisa”.