Descansaba junto al Ebro, en Zaragoza, cuando la Virgen se le apareció sobre una columna o pilar. Animado por la Virgen, Santiago prosiguió su predicación con frutos abundantísimos”.

Recapitulada por el P. Cano

– APOSTOLADO DE SAN PEDRO

La actividad de Pedro, como jefe supremo de la Iglesia, se narra en la primera parte de los Hechos de los Apóstoles. Después de su liberación de la cárcel, el año 42, Pedro presidió el concilio de Jerusalén (Hch 15, 1ss); también tenemos noticias de su discusión con San Pablo (Gal 2, 11-21) por los problemas que provocaban los cristianos judaizantes.

Todo lo demás que conocemos del apostolado de San Pedro ha sido transmitido por la Tradición. Orígenes, Eusebio y otros autores afirman que San Pedro fue obispo de Antioquía por los años 36-37.

El testimonio más antiguo de la estancia de San Pedro en Roma está en la carta que escribió el Papa San Clemente Romano a los Corintios, en el año 96. San Pedro fue el primer obispo de la capital del Imperio. Desde Roma (de sobrenombre Babilonia) escribió la primera de sus cartas (1ª Pe 5, 13). Perseguido por los enemigos de la Iglesia, sufrió el cautiverio en la cárcel Mamertina de Roma, donde fue torturado.

San Pedro fue condenado a morir en la cruz. El primer Papa de la Iglesia pidió que le crucificaran cabeza abajo, porque no era digno de morir como su Maestro, Jesucristo. Fue crucificado el 29 de junio del año 67 en el circo de Nerón del Vaticano. Allí se construiría más tarde la basílica de San Pedro.

– SAN JUAN EVANGELISTA

El discípulo amado del Señor, San Juan vivió con la Virgen Santísima en Jerusalén, hasta que la Madre de Dios subió al Cielo en cuerpo y alma. No sabemos nada del día en que sucedió este extraordinario acontecimiento.

San Ireneo y Tertuliano aseguran en sus escritos que San Juan pasó la última etapa de su vida en Éfeso, organizando las nacientes comunidades cristianas.

San Juan fue encarcelado en la persecución de Domiciano, después fue conducido a Roma, donde lo condenaron a muerte. Lo azotaron, lo echaron a una caldera de aceite hirviendo, pero, como salió ileso, fue desterrado a la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis. Ya había escrito antes su Evangelio y tres cartas.

Muerto Domiciano (96), San Juan volvió a Éfeso, donde murió en el año 100.

– SANTIAGO EL MAYOR EN ESPAÑA

Una antigua tradición española afirma que Santiago vino a predicar a España; la Iglesia lo ha reconocido en su Liturgia.

El testimonio más antiguo que tenemos de la presencia de Santiago en España es de Dídimo el Ciego (hacia 350), quien afirma: ”El Espíritu Santo infundió su innegable sabiduría a los Apóstoles, ya al que predicó en las Indias, ya al que predicó en España”. Por el contexto este autor se refiere a Santiago, y no a San Pablo, que también vino a predicar a España.

San Jerónimo y Teodereto dicen: ”Santiago, hijo del Zebedeo y hermano de San Juan, predicó en España”. Desde el siglo VIII existe una cadena completa de testimonios: San Beato de Liébana, la Misa Mozárabe, Beda el Venerable, etc.

Una segunda tradición afirma que, viviendo todavía la Virgen María en Palestina, se le apareció a Santiago. El Apóstol estaba muy desanimado porque su predicación no daba fruto alguno; descansaba junto al Ebro, en Zaragoza, cuando la Virgen se le apareció sobre una columna o pilar. Animado por la Virgen, Santiago prosiguió su predicación con frutos abundantísimos.

Desde la más remota antigüedad se tienen noticias de una Iglesia levantada en honor de la Virgen María en Zaragoza, a orillas del río Ebro. Testimonios escritos más tardíos afirman esta tradición. Aimedio, monje de San Germán de París, en sus escritos habla de la Iglesia de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, de Zaragoza (855). Moción, hijo de Fruya, deja en su testamento ”cien soldadas a Santa María extramuros de Zaragoza” (987).

Durante el siglo XII los Papas Inocencio II, Eugenio y Alejandro III toman bajo su protección la Iglesia de Santa María de Zaragoza.